ADVERTENCIA A LOS IMPRUDENTES

In document Dogma y Ritual de La Alta Magia (Completo) - Eliphas Levi (página 194-197)

CAPITULO I LAS PREPARACIONES

ADVERTENCIA A LOS IMPRUDENTES

Como ya hemos dicho en muchas ocasiones, las operaciones de esta ciencia no están exentas de peligro.

Pueden conducir a la locura a aquellos que no se hayan basado en la suprema, absoluta e infalible razón.

Pueden también sobrexcitar el sistema nervioso y producir terribles e incurables enfermedades. Cuando la imaginación se asusta, producir igualmente desvanecimientos, y aun la muerte, por congestión cerebral.

No sabremos encarecer nunca lo bastante alas personas nerviosas, y naturalmente exaltadas, alas señoras ya las jóvenes y aquellas personas que no tienen completo dominio de sí mismas, los peligros de las operaciones mágicas.

Nada es más peligroso, también, que convertir esta ciencia en un pasatiempo.

Aun las mismas experiencias magnéticas hechas en semejantes condiciones pueden, no solamente causar trastornos en los sujetos, sino también desacreditar a la ciencia. No se juega impunemente con los misterios de la vida y de la muerte; las cosas que deben tomarse en serio, han de tratarse seriamente y con la mayor reserva.

No cedáis nunca al deseo de convencer por medio de efectos. Los más sorprendentes efectos no serían pruebas para personas no convencidas de antemano. Se podría siempre atribuirlos a prestigios naturales y mirar al mago como un competidor más o menos diestro de Robert Houdini o de Hamilton. Solicitar prodigios para creer en la ciencia, es mostrarse indignos O incapaces de la misma, SANCTA SANCTIS.

No os vanagloriéis jamás de las obras que hayáis realizado, así hayáis resucitado muertos. Temed la persecución. El gran maestro recomendaba siempre el silencio alas enfermos, a quienes curaba; y si ese silencio hubiera sido fielmente observado, no hubieran crucificado al iniciador antes de la conclusión de su obra.

Meditad sobre la duodécima figura del Tarot; pensad en el gran símbolo de Prometeo y callaos. Todos los magos que han divulgada sus obras han muerto violentamente y muchos se han visto obligados al suicidio, cama Cardan, Shroeppfer, Cagliostro y otros.

El mago debe vivir en el retiro y no dejarse abordar fácilmente. Esto es lo que representa el símbolo noveno del Tarot, en donde el iniciada está representado por un ermitaño envuelto completamente en su manto.

Sin embargo, ese retiro no debe llegar al aislamiento. Le son necesarios actas de abnegación y amistades que debe escoger y conservar a cualquier precio.

Para dedicarse a la magia ceremonial, es preciso tener el espíritu libre de preocupaciones inquietantes; es de necesidad procurarse todos los instrumentos de la ciencia y saber confeccionarnos por sí mismo; y es necesario, finalmente, un laboratorio inaccesible en donde no haya el temor de verse sorprendidos o molestados.

Después, y esta es una condición esencial, es preciso saber equilibrar las fuerzas, y contener los vuelos de su propia iniciativa. Esto es lo que representa la octava figura de las claves de Hermes, en la que se ve a una mujer sentada entre das columnas, teniendo en una mano una espada recta y en la otra una balanza.

Para equilibrar las fuerzas, es preciso mantenerlas simultáneamente, y hacerlas funcionar alternativamente, doble acción representada por la balanza.

Este arcano está también representado por la doble cruz de los pantáculos de Pitágoras y de Ezequiel, en donde las cruces están equilibradas entre sí, y los signos planetarios siempre en oposición. Así, Venus esel equilibrio de las obras de Marte, Mercurio atempera y realiza las obras del Sol y de la Luna, Saturno debe balancear a Júpiter. Es por ese antagonismo de los antiguos dioses que Prometeo, como si dijéramos el genio de la ciencia, llega a introducirse en el Olimpo ya robar el fuego sagrado.

¿Será preciso hablar más claramente? Cuanto más dulces y más calmosos seáis, mayor será el poder de vuestra cólera; cuanto más enérgicos os mostréis, mayor será el encanto de vuestra dulzura; cuanto más hábiles seáis, mayor producto obtendréis de vuestra inteligencia y aun de vuestras virtudes; cuanta más indiferentes os mostréis, más fácilmente os haréis amar. Esto es de experiencia en el orden moral y se realiza rigurosamente en la esfera de acción. Las pasiones humanas producen fatalmente, cuando no son dirigidas, los efectos contrarios a su desea desenfrenado. El amar excesivo produce antipatía; el ciego odio se anula y se castiga a sí mismo; la vanidad conduce al rebajamiento ya las más crueles humillaciones. El gran maestro revelaba un misterio de la ciencia mágica positiva cuando dijo: ¿Queréis acumular carbones encendidas sobre la cabeza de aquel que os ha causado daños? Perdonadle y devolverle el bien por mal. Se dirá tal vez, que Semejante perdón es una hipocresía y se parece mucho a una venganza refinada. Pero es preciso tener en cuenta que el mago es un soberana. Ahora bien; un soberano no se venga nunca, por cuanto tiene derecha de castigar. Cuando ejerce ese derecho cumple con su deber y es implacable como la justicia. Advirtamos también, para que nadie tome en mal sentida mis palabras, que se trata de castigar al mal con el bien y de oponer la dulzura a la violencia. Si el ejercicio de la virtud es una flagelación para el vicio, nadie tiene derecho a solicitar que se le ahorre o que se tenga piedad de sus vergüenzas y de sus dolores.

El que se entrega a las obras de la ciencia debe realizar diariamente un ejercicio moderado, abstenerse de veladas largas y seguir un régimen sano y regular. Debe evitar las emanaciones cadavéricas, la vecindad de lugares en que haya aguas corrompidas y alimentos indigestos o impuros. Debe especialmente distraerse diariamente de las preocupaciones mágicas por medio de cuidados materiales, o de trabajos de arte, de industria, etc. El medio de ver bien, esel de no mirar siempre, y aquel que se pasara toda su vida mirando hacia el misma sitio no llegaría nunca a él. Una precaución que no debe desdeñarse, es la de no operar cuando se está enfermo.

Siendo las ceremonias, como ya lo hemos dicha, medios artificiales para ejercitar la voluntad, cesan de ser necesarias cuando se ha adquirida la costumbre. Es en este sentido en el que Paracelso prohibía, a las adeptas perfectas, las ceremonias mágicas. Es preciso simplificarías progresivamente, antes de omitirlas del todo, según la experiencia que se haya adquirido de las fuerzas y las costumbres establecida en el ejercicio del querer extranatural.

CAPITULO IX

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