Cinco estrellas plateadas

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6. Transición

6.02. Cinco estrellas plateadas

Cinco estrellas plateadas cayeron del cielo.

La primera es para mí, por haber puesto estas historias por escrito.

La segunda es para ti, por haberlas leído.

La tercera es para todos los narradores de historias de los que aprendí estas historias.

Y la cuarta es para todos los narradores de historias que les contaron a mis narradores de historias sus historias, en una lí- nea genealógica que se remonta al comienzo del tiempo.

La quinta es para todos aquellos de entre vosotros que os decidáis a transmitir estas historias, a vuestro propio modo, a alguna otra persona. Cada vez que transmitís una historia, im- primiéndole vuestro propio sello, os incorporáis a la suma de conocimiento del mundo y confirmáis vuestra propia crea- tividad imperecedera.

“Ahora comprendo por qué las historias y las metáforas pueden ser tan útiles, importantes e incluso a veces esenciales para un comunicador excelente”, dijo el Joven Aprendiz. “Pueden demostrar lo oportuno de emprender una determi- nada acción o de pensar acerca de ciertas cuestiones de una forma diferente, y pueden ayudar a establecer relaciones in- fluyentes entre el narrador y los oyentes o modificar el estado de ánimo y el nivel de activación de un grupo y muchas otras cosas más. Hay mucha información acerca de todo esto en la Introducción del libro.

“También comprendo en qué consiste una metáfora, el mo- do en que se sirve del lenguaje y el impacto que ejerce sobre la mente. Hay también información en la bibliografía que me permitirá estudiar más a fondo estas cuestiones a través de los libros escritos por otros Magos.

“También sé mucho más acerca de cómo llegar a ser un na- rrador más eficaz, como resultado de los consejos ofrecidos en la Introducción y de la utilidad de pedir y de escuchar feedback. Sé que el feedback es ‘El desayuno de los campeones’, como di- ce la historia llamada ‘Tres claves para el éxito’ [1.08].

ALGUNAS FORMAS DE

UTILIZAR LAS METÁFORAS

Y LAS HISTORIAS DE ESTE LIBRO

“Pero de lo que todavía no estoy tan seguro es acerca de có- mo y dónde aplicar las historias y las metáforas. ¿Cómo pue- do saber cuándo sería conveniente ofrecerlas a una persona o a un grupo? ¿En qué circunstancias funcionan mejor y qué his- toria debería elegir? ¿Debería utilizar siempre las historias con un objetivo determinado o también es legítimo utilizarlas por puro entretenimiento sin más?”.

El Maestro reflexionó por un momento. “El entretenimien- to es, desde mi punto de vista, uno de los propósitos más ele- vados en la vida. Es perfectamente posible albergar las más se- rias intenciones respecto de una cuestión y al mismo tiempo divertir y entretener. Pero tus preguntas acerca de las posibles aplicaciones de las historias son verdaderamente excelentes. Pasemos a ocuparnos, pues, de la cuestión del dónde, cuándo y cómo aplicar las metáforas a los procesos de consolidación, cuestionamiento y transformación”.

La naturaleza inaprensible de la precisión, la fuerza de la ambigüedad

“Existen muchas formas de utilizar las historias de este li- bro”, dijo el Mago, “tantas como la reflexión sea capaz de ge- nerar. Cualquiera de las ideas que pueda ofrecerte en este pre- ciso momento estará necesariamente limitada por mi propia experiencia vivida. Mañana, lo que constituye en sí mismo una metáfora, puede que se me ocurran más ideas, pero por el momento tendrás que conformarte con lo que viene a conti- nuación. Tu propia experiencia, aplicada a estas historias, en- riquecerá a su vez la infinita variedad de posibles interpreta- ciones. Y lo mismo se puede decir igualmente de las personas que lean este libro cuando se dediquen a desentrañar lo que se oculta bajo la superficie de la narración, ¡bajo la superficie de la vida!

“En la Introducción el escritor hablaba del arte de contex-

tualizar. El hecho de elegir un marco o un encuadre permite re-

lacionar la historia con un contexto particular. En ausencia de un marco específico, la historia puede significar cualquier co- sa que el oyente o el lector pueda elegir sobre la base de sus propias experiencias o sus obsesiones actuales. Con un marco concreto, el narrador dispone de una influencia mucho mayor acerca de cómo va a ser comprendida e interpretada una de- terminada historia. Pero incluso en este caso las posibles dife- rencias de opinión y de interpretación seguirán siendo inago- tables. ¡No se trata de una ciencia exacta!”

“De modo que las historias son necesariamente vagas y am- biguas”, declaró el Joven Aprendiz.

“Sin un marco específico, este es efectivamente el caso. El narrador no tiene posibilidad alguna de prever el modo en que van a ser interpretadas. Pero eventualmente, y depen- diendo del propósito del narrador, esto mismo puede consti- tuir una estrategia excelente.

“A veces, la misma vaguedad de la metáfora les permite a los oyentes o lectores realizar el propio trabajo interior que más necesitan. Si quieres saber más sobre la fuerza del len- guaje intencionadamente ambiguo y sobre su capacidad de transformar, te sugiero que leas las obras del Mago Milton Erickson, algunos de cuyos libros encontrarás en la bibliogra- fía. Así pues, nos ocuparemos en primer lugar de los usos de la ambigüedad y en segundo lugar de los usos de la contex- tualización.

“La ambigüedad no es patrimonio exclusivo de las histo- rias y las metáforas”, continuó el Mago. “La ambigüedad es- tá en el corazón mismo del lenguaje. En última instancia, el lenguaje constituye siempre una representación de algo y no la cosa en sí misma. No nos comemos el menú de un restau- rante, las palabras no saben igual que la comida. Excepto, por supuesto, en el caso de algunas cadenas de comida rápi-

da, donde el menú posiblemente sabe mejor que la propia comida”.

El Aprendiz se quedó un tanto perplejo por esta última de- claración, hasta que advirtió, por la expresión del Mago, que debía tratarse de una broma.

“Permíteme ofrecerte una ilustración de la ambigüedad del lenguaje”, continuó el Mago. “Hace ya muchos años, mientras asistía a una Conferencia de Magos en Hong Kong, uno de mis colegas invitó a una Maga a acompañarle a un pa- seo por una de las muchas, bellas y accidentadas islas de los alrededores. Acordaron verse en un punto concreto del em- barcadero de la isla y se encontraron a la hora señalada.

“Mi colega llegó vestido con una camiseta de manga cor- ta, unos pantalones viejos de algodón y un par de botas de montaña”. El Aprendiz parecía un tanto desconcertado por la idea de un Mago vestido de un modo tan informal, pero el Maestro continuó. “Llevaba también la comida para la excur- sión dentro de una gruesa bolsa de plástico. La Maga, por su parte, apareció con un hermoso vestido de seda bordada y zapatos de tacón alto. Sus respectivas ideas acerca de lo que constituía un paseo no eran las mismas, evidentemente. Mientras que él se imaginó una dura caminata por terrenos abruptos y una pequeña colación en una remota ladera con vistas a las azules extensiones de los Mares del Sur de China, ella se había imaginado una pequeña vuelta por el paseo ma- rítimo para acabar, luego de haber andado unos 300 metros, comiendo marisco en alguno de los excelentes restaurantes con aire acondicionado que había a lo largo del muelle”.

Al Joven Aprendiz se le pasó por la cabeza que habría si- do una buena idea hacer la excursión y acabar en el restau- rante.

“Esta suerte de malentendido”, continuó el Maestro, “que parece constituir un mal endémico incluso entre personas que hablan el mismo idioma, sugiere que las posibilidades de

interpretación pueden ser infinitas. El ‘paseo’ ambiguamente interpretado, ¿constituyó un ejemplo de comedia o de trage- dia –o de tragicomedia? ¿O tal vez de las dos cosas? –depen- diendo de si éramos una de las personas implicadas o un me- ro observador imparcial. Las dos personas implicadas, ¿sin- tieron lo mismo acerca de la situación y de sus consecuen- cias? ¿Fue otra divertida anécdota sin más o acaso los sueños y las esperanzas respecto de cierto futuro imaginado por par- te de alguno de los protagonistas se vieron tal vez truncados para siempre?”.

“¿Entonces qué significa realmente una historia?”, pregun- tó el Aprendiz, impaciente por ir al grano.

“Permíteme ofrecerte un ejemplo. Una Maga italiana me envió recientemente la siguiente historia sacada de Internet. La historia viene acompañada de las interpretaciones de dis- tintos oyentes y lectores. Lo que encuentro singularmente fascinante es que las interpretaciones parecen decir tanto acerca de los intérpretes como de la propia historia”:

Autocontrol

Cierto día se produjo un terremoto que sacudió el templo Zen de arriba a abajo. Algunas partes del mismo llegaron in- cluso a desplomarse. Muchos de los monjes estaban aterrori- zados. Una vez que hubo pasado el terremoto, el maestro di- jo: “Acabáis de tener la oportunidad de ver cómo se compor- ta un budista Zen en una situación de crisis. Tal vez hayáis advertido que no sentí ningún pánico. Era absolutamente consciente de lo que estaba pasando y de lo que había que hacer. Os llevé a todos a la cocina, el lugar más sólido del templo. Fue una buena decisión, porque, como podéis com- probar, todos habéis sobrevivido absolutamente ilesos. Ahora bien, a pesar de mi autocontrol y mi serenidad, reco- nozco que sentí un ligero atisbo de tensión, lo que tal vez ha- yáis podido deducir del hecho de que me bebí un gran vaso

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