EL MEDIUM Y EL MEDIADOR

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CAPITULO I LAS PREPARACIONES

EL MEDIUM Y EL MEDIADOR

Ya hemos dicho que para adquirir el poder mágico hacen falta dos cosas; desprender de la voluntad todo servilismo y ejercer un dominio absoluto sobre ella.

La voluntad soberana está representada en nuestros símbolos por la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente y por el ángel que reprime y contiene el dragón bajo su pie y con su lanza.

Declaremos aquí, sin rodeos, que el gran agente mágico, la doble -corriente de luz, el fuego vivo y astral de la tierra, ha sido figurado por la serpiente con la cabeza de toro, de macho cabrío o de perro en las antiguas teogonías. Es la doble serpiente del caduceo; es la antigua serpiente del Génesis; pero es también la serpiente de cobre de Moisés, entrelazada en la tau, es decir, en el lingam generador; es también el macho cabrío del Sabbat y el Baphomet de los templarios; es el Hylé de los gnósticos; es la doble cola de serpiente que forma las patas del gallo solar de Abraxas; es en fin, el diablo de Eudes de Mirville, y es, realmente, la fuerza ciega que las almas van a vencer para libertarse de las cadenas de la tierra; porque si su voluntad no las destaca de esa fatal imantación, serán absorbidas en la corriente por la fuerza que les ha producido y volverán al fuego central y eterno.

Toda la obra mágica consiste, en desprenderse de los anillos de la antigua serpiente, y después en ponerla el pie sobre la cabeza y conducirla a donde plazca al mago. Yo te daría — se dice en el mito evangélico— todos los reinos de la tierra si tú caes y me adoras. El iniciado puede responderle: Yo no caeré y tú te arrastrarás a mis pies; tú no me darás nada, pero yo me servirá de ti y haré de ti cuanto se me antoje, porque yo soy tu señor y tu dueño. Respuesta que está comprendida, aunque velada, en la que le dio el Salvador.

Ya hemos dicho que el diablo no es una persona. Es una fuerza desviada, como su nombre lo indica. Una corriente ódica o magnética formada por una cadena de voluntades perversas, constituye ese mal espíritu que el evangelio llama legión y que precipita a los cerdos hacia el mar; nueva alegoría el grado de bajeza de los seres instintivos guiados por fuerzas ciegas que pueden poner en movimiento la mala voluntad y el error.

Puede compararse este símbolo con el de los compañeros de Ulises, metamorfoseados en puercos por la maga Circe1.

Veamos ahora lo que hace Ulises para preservarse él mismo y libertar a sus compañeros; rehúsa la copa de la hechicera y la manda con la espada. Circe es la naturaleza con todos sus atractivos y voluptuosidades; para gozar de ella es necesario vencerla. Tal es el sentido de la fábula homérica, porque los poemas de Homero, verdaderos libros sagrados de la antigua Helenia, contienen todos los misterios de las altas iniciaciones de Oriente.

El médium natural es, pues, la serpiente siempre activa y seductora de las voluntades perezosas y a la cual es preciso resistir dominándola.

Un mago enamorado, glotón, colérico, perezoso, son monstruosidades imposibles. El mago piensa y _______________________

1. Maga famosa, celebre por su hermosura, hija de Apolo y de la ninfa Circes. Después de haber envenenado a su marido, rey de los Sarmatas, se enamoro de Ulises, de quien tuvo un hijo y una hija. (N. de T.)

quiere; nada ama con deseo; no rechaza nada con pasión; la palabra pasión representa un estado pasivo y el mago está siempre activo y siempre victorioso. Lo más difícil en las altas ciencias es llegar a esa realización; así, cuando el mago se ha creado a sí mismo, ha cumplido la gran obra, por lo menos en su instrumento y en su causa.

El gran agente o mediador natural del poderío humano, no puede ser servido y dirigido más que por un mediador extranatural, que es una voluntad libre. Arquímedes pedía un punto de apoyo para levantar el mundo. El punto de apoyo del mago es la piedra cúbica intelectual, la piedra filosofal de Azoth, es decir, el dogma de la razón absoluta y de las armonías universales por la simpatía de los contrarios.

Uno de nuestros escritores más fecundos, y el menos fijo en sus ideas, Eugenio Sue, ha edificado toda una epopeya romancesca sobre una individualidad, a quien se esfuerza por hacer odiosa y que llega a ser interesante, a pesar suyo, por su paciencia, por su inteligencia y por su audacia —tanto es el poder que se le atribuye— y por su genio. Se trata de una especie del Sixto V, pobre, sobrio, sin cólera, que tiene el mundo en la red de sus sabias combinaciones.

Este hombre excita a su antojo, merced a su poderosa voluntad, las pasiones de sus adversarios, destruyéndolas unas por las otras, y llegando siempre a donde quiere llegar, y esto sin ruido, sin lustre, sin charlatanismo. Su fin, su objeto, es librar al mundo de una sociedad que el autor del libro cree peligrosa y perversa, y para esto en nada repara; está mal albergado, mal vestido y alimentado como el último de los pobres. El autor, atento a estas circunstancias, le presenta pobre, sucio, asqueroso y horrible. Pero si ese mismo exterior es un medio de disfrazar la acción y de llegar más seguramente a sus propósitos, ¿no represente la prueba más sublime de un valor temerario?

Cuando Rodin sea papa, ¿pensáis que andará mal vestido y grasiento? Eugenio Sue, ha, pues, faltado a su fin; quiere combinar al fanatismo y a la superstición y ataca a la inteligencia y a la fuerza, al genio y a todas las virtudes humanas. Si hubiera muchos Rodin entre los jesuitas ¡con uno sólo que hubiera!, yo no daría nada, ni un ápice, por la sucesión del partido contrario, a pesar de las brillantes quejas y de las elocuentes reclamaciones de sus ilustres abogados.

Querer bien, querer ampliamente, querer siempre, sin desear nunca nada, tal es el secreto de la fuerza; y éste es el arcano mágico que el Tasso pone en acción en la personalización de dos caballeros que libertan a Renaud y destruyen los encantamientos de Armida. Resisten tan perfectamente a los hechizos de las ninfas más encantadoras, como a la fiereza de los animales más terribles; permanecen y perduran sin deseos y sin temores y llegan a su objeto.

De esto resulta que un verdadero mago es más temible que amable.

No estoy disconforme con la idea, y aun reconociendo cuán dulces son las seducciones de la vida, y aun haciendo justicia al gracioso genio de Anacreonte y a toda la juvenil eflorescencia de la poesía de los amores, invito a los, para mí muy estimables amigos del placer, a no considerarlas elevadas ciencias más que como un objeto de curiosidad y a no aproximarse jamás al trípode mágico; las grandes obras de la ciencia son mortales para la voluptuosidad.

El hombre que se ha libertado de la cadena de los instintos, se apercibirá inmediatamente de su poderío por la sumisión de los animales. La historia de Daniel en la cueva de los leones, no es una fábula, y más de una vez, durante las persecuciones al cristianismo naciente, ese fenómeno se ha

renovado ante todo el pueblo romano. Raramente tiene un hombre que temer de un animal que no le inspira miedo.

Las balas de Gerard, el matador de leones, son mágicas e inteligentes. Sólo una vez corrió un verdadero riesgo: había permitido que fuera con él un compañero miedoso, y entonces considerado por anticipado esa imprudencia como un peligro, tuvo también miedo, aunque no por él sino por su camarada.

Muchas personas dirán que es muy difícil, y aun imposible, llegar a una resolución semejante; que la fuerza de voluntad y la energía son dones de la naturaleza, etc. Yo no discuto; pero reconozco que el hábito, la costumbre, puede rectificar la obra de la naturaleza. La voluntad puede perfeccionarse por la educación y, como ya lo he dicho, todo el ceremonial mágico semejante en esto, al religioso, no tiene otro fin que el de experimentar, ejercitar y acostumbrar de este modo a la voluntad, a la perseverancia y a la fuerza. Cuanto mas difícil sean la prácticas mayor efecto producen; esto debe ahora comprenderse.

Si hasta el presente ha sido imposible dirigir los fenómenos del magnetismo, es porque todavía no se ha encontrado magnetizador verdaderamente iniciado y libre.

¿Quién puede, verdaderamente enorgullecerse o vanagloriarse de serlo? ¿No tenemos constantemente que hacer esfuerzos sobre nosotros mismos? Cierto es, sin embargo, que la naturaleza obedecerá al signo y a la palabra de aquel que se sienta fuerte, y no dude para doblegarla. Las curaciones de las enfermedades nerviosas por una palabra, un soplo o un contacto; las resurrecciones en determinados casos; la resistencia alas malas voluntades capaz de desarmar y aun de vencer al más terrible asesino; la misma facultad de hacerse invisible turbando la vista de aquellos de quienes se quiere escapar; todo esto, en fin, es un efecto natural de la proyección o de la retirada de la luz astral. Así es como Valens fue atacado de desvanecimiento, de terror, al entrar en el templo de Cesárea; como en otro tiempo Heliodoro, fulminado por una demencia súbita en el templo de Jerusalén, se creyó y consideró fustigado por los ángeles. Así es, también, cómo el almirante Coligny pudo imponer respeto a sus asesinos y no pudo ser muerto más que por un hombre furioso que se arrojó sobre él volviendo la cabeza. Lo que hacia a Juana de Arco siempre victoriosa era el prestigio de su fe y lo maravilloso de su audacia paralizaba los brazos de aquellos que querían golpearla o herirla, y los ingleses pudieron seriamente creer en la maga o en la hechicera. Era, en efecto, maga sin saberlo, porque ella misma creía proceder sobrenaturalmente, en tanto que lo que realmente ocurría, era que disponía de una fuerza oculte, universal y siempre sometida a las mismas leyes.

El magista magnetizador debe mandar al medium natural y, por consiguiente, al cuerpo astral que establece comunicación entre nuestra alma y nuestros órganos. Puede decírsele al cuerpo material: ¡Dormid! y al cuerpo sideral: ¡Soñad! Entonces las cosas visibles cambian de aspecto, como en las visiones del hatschitk. Cagliostro poseía —según se ha dicho-ese poder y ayudaba la acción por medio de perfumes y fumigaciones; pero, el verdadero poder magnético debe pasarse sin esos auxiliares, más o menos venenosos para la razón y nocivos para la salud. Ragon, en su sabia obra sobre la masonería oculta, da la recete de una serie de medicamentos propios para exaltar el sonambulismo. Es un conocimiento nada despreciable, sin duda, pero del que los magistas prudentes deben guardarse de hacer uso.

La luz astral se proyecta por la mirada, por la voz, por los pulgares y por las palmas de la mano. La música es un poderoso auxiliar de la voz, y de ella procede la palabra encantamiento. Ningún

instrumento de música es más encantador que la voz humana; pero los sonidos lejanos del violín o de la armónica pueden aumentar su poder. Así se prepara al sujeto a quien se quiere someter; después, cuando está ya medio amodorrado y como envuelto en ese encanto, se extiende la mano hacia él y se le ordena dormir o ver, y obedece a pesar suyo. Si resistiera, sería preciso mirarle fijamente, colocar uno de los pulgares sobre su frente en el entrecejo y el otro sobre el pecho, tocándole ligeramente, con un solo y rápido contacto; después, aspirando lentamente, respirar suavemente un hálito cálido y repetirle, por segunda vez, las palabras: dormido ved.

CAPITULO VII

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