EL EQUILIBRIO MAGICO

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CAPITULO I LAS PREPARACIONES

EL EQUILIBRIO MAGICO

El equilibrio es la resultante de dos fuerzas. Si las dos fuerzas son absolutamente y para siempre iguales, el equilibrio será la inmovilidad, y por consiguiente, la negación de la vida. El movimiento es el resultado de una preponderancia alternada.

La impulsión dada a uno de los platillos de una balanza determina necesariamente el movimiento del otro platillo. Los contrarios obran así sobre los contrarios, en toda la naturaleza, por correspondencia y por conexión analógica.

La vida entera se compone de una aspiración y de un soplo; la creación es la suposición de una sombra para servir de límite a la luz; de un vacío, para -servir de espacio a la plenitud del ser; de un principio pasivo fecundado para apoyar y realizar el poder del principio activo generador.

Toda la naturaleza es bisexual y el movimiento que produce las apariencias de la muerte y de la vida es una continua generación.

Dios ama el vacío que ha hecho para llenarlo; la ciencia ama la ignorancia a quien ilumina; la fuerza ama la debilidad a quien sostiene; el bien ama el mal aparente que le glorifica; el día está enamorado de la noche, y la persigue sin cesar girando alrededor del mundo; el amor es a la vez una sed y una plenitud que tiene necesidad de expansión. Aquel que da recibe, y el que recibe da el movimiento; todo es un cambio perpetuo.

Conocer la ley de ese cambio; saber la proporción alternativa o simultánea de esas fuerzas, es poseer los primeros principios del gran arcano mágico, que constituye la verdadera divinidad humana.

Científicamente se pueden apreciar las diversas manifestaciones del movimiento universal por los fenómenos eléctricos o magnéticos. Los aparatos eléctricos especialmente, revelan material y positivamente las afinidades y las antipatías de ciertas sustancias. El consorcio del cobre con el zinc, la acción de todos los metales en la pila galvánica, son revelaciones perpetuas e irrecusables. Que los físicos busquen y descubran; los cabalistas explicarán los descubrimientos de la ciencia. El cuerpo humano está sometido, como la tierra, a una doble ley: atrae e irradia; está imantado de magnetismo andrógino y reopera sobre las dos potencias del alma; la intelectual y la sensitiva en razón inversa, pero proporcional, de las preponderancias de dos sexos en su organismo físico. El arte del magnetizador estriba completamente en el conocimiento y uso de esta ley. Polarizar la acción y dar al agente una fuerza bisexual y alterna, es el medio todavía desconocido y vanamente buscado de dirigir a voluntad los fenómenos del magnetismo; pero, es necesario un tacto muy ejercitado y una gran precisión completa en los movimientos interiores, para no confundir los signos de las aspiración magnética con los de la respiración; es preciso también conocer perfectamente la anatomía oculta y el temperamento especial de las personas sobre las cuales se opera.

Lo que más obstaculiza la dirección del magnetismo es la mala fe la mala voluntad de los sujetos. Las mujeres, sobre todo, que son esencialmente y siempre comediantes, y que gustan de impresionarse impresionando a los demás, y que son las primeras en engañarse cuando desempeñan

sus melodramas nerviosos; las mujeres —repetimos— son la verdadera magia negra del magnetismo. Así será imposible a los magnetizadores no iniciados en los supremos arcanos y no asistidos de las luces de la Cábala, dominar siempre ese elemento fugitivo y refractario. Para ser maestro de mujer, es preciso distraerla y engañarla hábilmente, dejándola suponer que es ella misma la que os engaña. Este consejo que ofrecemos aquí, especialmente a los médicos magnetizadores, podría también, quizá, tener su aplicación práctica en la política conyugal.

El hombre puede producir a su antojo dos soplos: el uno caliente y el otro frío; puede igualmente proyectar a su antojo la luz activa ola luz pasiva; pero es necesario que adquiera la conciencia de esa fuerza por la costumbre de pensar en ella. Una misma posición de la mano puede alternativamente respirar y aspirar, eso que hemos convenidos en llamar fluido; y el magnetizador mismo advertirá el resultado de su intención por una sensación alternativa de calor y de frío en la mano, o en ambas manos si opera con ellas a la vez, sensación que el sujeto deberá experimentar al mismo tiempo, pero en sentido inverso, es decir, con una alternativa evidentemente opuesta.

El pentagrama, o el signo del microcosmos, representan entre otros misterios mágicos la doble simpatía de las extremidades humanas, entre ellas y la circulación de la luz astral en el cuerpo humano. Así, al figurar un hombre en la estrella del pentagrama, como puede verse en la filosofía oculta de Agrippa, debe advertirse que la cabeza corresponde en simpatía masculina con el pie derecho, y en simpatía femenina con el izquierdo; que la mano derecha corresponde lo mismo con la mano y el pie izquierdo y la mano izquierda recíprocamente; siendo preciso observar todo esto en los pases magnéticos, si quiere llegarse a dominar todo el organismo y a ligar todos los miembros por sus propias cadenas de analogía y de simpatía natural.

Este conocimiento es necesario para el uso del pentagrama en los conjuros a los espíritus y en las evocaciones de formas errantes en la luz astral, llamadas vulgarmente nigromancias, como lo explicaremos en el capítulo quinto de este Ritual; pero, es conveniente observar aquí, que toda acción provoca una reacción y que magnetizando o influenciando mágicamente a los demás, establecemos de ellos a nosotros una corriente de influencia contraria, pero análoga, que puede someternos a aquellos en vez de someterlos a nosotros, como sucede con frecuencia en las operaciones que tienen por objeto la simpatía de amor. Por eso es por lo que es esencial defenderse al mismo tiempo que se ataca, a fin de no aspirar por la izquierda al mismo tiempo que se sopla por la derecha. El andrógino mágico1, lleva escrito sobre el brazo derecho SOLVE, y sobre el izquierdo COAGULA, lo que corresponde a la figura simbólica de los trabajos del segundo templo, que tenían en una mano la espada y en la otra la herramienta. Al mismo tiempo que se edificaba, era preciso defender su obra dispersando a los enemigos; la naturaleza no hace otra cosa cuando destruye al mismo tiempo que regenera. Ahora bien, según la alegoría del calendario mágico de Duchenteau, el hombre, es decir, el iniciado, es el mono de la naturaleza, que le tiene encadenado, pero que le hace obrar sin cesar imitando los procedimientos y las obras de su divina maestra y de su imperecedero modelo.

El empleado alternado de fuerzas contrarias, lo caliente después de lo frío, la dulzura después de la severidad, el amor después de la cólera, etcétera, es el secreto del movimiento continuo y de la

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2. Véase la imagen de Baphomet en el capitulo XV, me parece interesante hacer notar la posición de las manos del Baphomet, estas parecen estar en la posición de un mudra conocidísimo en la India, el pranamudra o mudra vivificante que es lo que parece querer decir Levi cuando utiliza el termino alquímico Coagula, el otro mudra que no aparece ilustrado en la imagen del baphomet es el apanamudra o “disipador” esto es lo que Levi llama “Solve” ambos mudras son usados por los sacerdotes Budistas que se sientan en la posición de Loto, tal cual el Baphomet, y una mano la elevan al cielo y la otra apunta a la tierra, esto pretende canaliza la fuerza vital o usando los términos de Levi

prolongación del poder; es lo que sienten instintivamente las coquetas, que hacen pasar a sus adoradores de la esperanza al temor, y de la alegría a la tristeza. Obrar siempre en el mismo sentido y de la misma manera, es recargar sólo un platillo de una balanza, por lo que resulta inmediatamente la ruptura del equilibrio. La perpetuidad de las caricias engendra pronto la saciedad, el disgusto y la antipatía, lo mismo que una frialdad o una severidad constante aleja a la larga y destruye la afección. En alquimia, siempre un mismo fuego y siempre ardiendo, calcina la materia prima y hace, a veces, estallar el vaso hermético; es preciso sustituir en iguales intervalos, al calor del fuego, la del agua caliente o la del carbón vegetal. Así es como se hace en magia templarlas obras de cólera o de rigor, por operaciones de benevolencia y de amor, pues si el operador tiene su voluntad siempre en tensión igual y en el mismo sentido resultara para el una gran fatiga, y luego una especie de impotencia moral.

El magista, pues, no debe vivir exclusivamente en su laboratorio, entre su atanor, sus elixires y sus pentáculos. Por devoradora que sea la mirada de esa Circe que se llama potencia oculta, hay que saber presentarle a propósito la espade de Ulisis y alejar a tiempo de nuestros labios la copa que nos presenta. Siempre una operación mágica debe ser seguida de un reposo igual a su duración y de una distracción análoga, pero contraria a su objeto. Luchar continuamente contra la naturaleza para dominarla, es exponerse a perder la razón y la vida. Paracelso, ha osado hacerlo, y, sin embargo, en esa misma lucha empleaba fuerzas equilibradas y oponía la embriaguez del vino a la de la inteligencia; después dominaba la embriaguez por la fatiga corporal, y ésta por un nuevo trabajo de la inteligencia. Así, Paracelso era un hombre de inspiración y de milagros; pero usó de su vida en esa actividad de oradora, o más bien, destrozó y fatigó rápidamente sus vestiduras, porque los hombres como Paracelso pueden usar y abusar sin temor; saben perfectamente que no sabrían morir y que no envejecerían aquí abajo.

Nade predispone mejor a la alegría que el dolor ni nada está más próximo al dolor que la alegría. Así el operador ignorante se asombra de llegar siempre a resultados contrarios a los que se propuso, por cuanto no sabe cruzar ni alterar su acción; quiere hechizar a su enemigo y es él mismo quien se causa la desgracia y se pone enfermo; quiere hacerse amar y se apasiona loca, miserablemente por mujeres que se burlan de él; quiere hacer oro y agota sus últimos recursos; su suplicio es eternamente el de Tántalo; el agua se retira cuando él quiere beber. Los antiguos en sus símbolos y en sus operaciones mágicas, multiplicaban los signos del binario, para no olvidar la ley, que es la del equilibrio. Los antiguos, en sus evocaciones construían siempre dos altares diferentes e inmolaban dos víctimas, una blanca y otra negra; el operador o la operadora tenía en una mano la espada y en la otra la varita mágica, debía tener un pie calzado y el otro desnudo. Sin embargo, como el binario sería la inmovilidad, no podía operar más que tres o uno en las obras de magia y cuando un hombre y una mujer tomaban parte en la ceremonia, el operador debía ser una virgen, un andrógino o un niño. Se me preguntará si la extravagancia de estos ritos es arbitraria y si tiene únicamente por fin ejercer la voluntad multiplicando a placer las dificultades de la obra mágica. Yo responderé que en magia no hay nada arbitrario porque todo está regulado y determinado por anticipado por el dogma único y universal de Hermes, el de la analogía en los tres mundos. Todos signo corresponde a una idea; todo acto manifiesta una voluntad correspondiente a su pensamiento y formula las analogías de ese pensamiento y de esa voluntad. Los ritos son, pues, determinados por anticipado por la misma ciencia. El ignorante que no conoce el triple poder, sufre la fascinación misteriosa; el sabio lo conoce y le hace el instrumento de su voluntad; pero cuando los cumple con exactitud y con fe, jamás quedan sin efecto.

Todos los instrumentos mágicos deben ser dobles, es preciso tener dos espadas, dos varitas, dos copas, dos braserillos, dos pantaculos y dos lámparas. Debe llevar el mago dos trajes superpuestos y

de dos colores contrarios., como la practican todavía los sacerdotes católicos; es preciso no llevar consigo ningún metal, o llevar por lo menos dos. Las coronas de laurel, de ruda, de verbena o de artemisa, deben igualmente ser dobles; se conserva una de las coronas y se quema la otra, observando, como un augurio el ruido que hace al crepitar y las ondulaciones del humo que produce.

Esta observancia no es vana, porque en la obra mágica todos los instrumentos del arte están magnetizados por el operador; el aire está cargado de sus perfumes, el fuego por él consagrado está sometido a su voluntad; las fuerzas de la Naturaleza parecen escucharle y responderle y lee en todas las formas las modificaciones y los complementos de su pensamiento. Es entonces cuando ve el agua estremecerse y como hervir por sí misma, el fuego arrojar un gran resplandor y cuando siente en el aire extrañas y desconocidas voces. Fue en semejantes evocaciones cuando Juliano vio aparecer los fantasmas demasiado amados de sus dioses caídos, y se espantó, a su pesar, de su decrepitud y de su palidez.

Sé que el cristianismo ha suprimido para siempre la magia ceremonial y proscrito severamente las evocaciones y los sacrificios del antiguo mundo; tampoco nuestra intención es otra que darles una nueva razón -de ser, revelando los antiguos misterios. Nuestras experiencias, aun en este orden de hechos, han sido sabias investigaciones y nada más. Hemos comprobado hechos para apreciar causas y nunca hemos tenido la pretensión de renovar ritos para siempre abolidos.

La ortodoxia, israelita esa religión tan racional como divina y tan poco conocida, no reprueba menos que el cristianismo los misterios de la magia ceremonial. Para la tribu de Leví, el mismo ejercicio de la alta magia debía considerarse como una usurpación al sacerdocio y es la misma razón la que hará abolir por todos los cultos oficiales la magia operadora, adivinadora y milagrosa. Mostrar lo natural de lo maravilloso y producirlo a voluntad es anonadar para el vulgo, la prueba concluyente de los milagros que cada religión reivindica para sí, como la propiedad exclusiva y como argumento definitivo.

¡Respeto alas religiones establecidas, pero plaza también a la ciencia! No estarnos ya a Dios gracias en los tiempos de los inquisidores y de las hogueras; ya no se asesina a los sabios, por denuncia de algunos fanáticos alienados o por la de algunas mujeres histéricas. Por lo demás, que se entienda bien que nosotros hacemos estudios curiosos y no una propaganda insensata, imposible. Aquellos que osen llamamos magos, nade tienen que temer de tal ejemplo y es más que probable que no lleguen a ser ni siquiera brujos.

CAPITULO III

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