Es posible la democracia sin partidos políticos?

27  Descargar (0)

Texto completo

(1)

1 Seminario Estudios de la República SSSSEMINARIO DE EMINARIO DE EMINARIO DE EMINARIO DE EEEESTUDIOS DE LA STUDIOS DE LA STUDIOS DE LA STUDIOS DE LA RRRREPÚBLICA EPÚBLICA EPÚBLICA EPÚBLICA

Facultad de Derecho Universidad de Chile

¿Es posible la democracia sin partidos políticos?

¿Es posible la democracia sin partidos políticos?

¿Es posible la democracia sin partidos políticos?

¿Es posible la democracia sin partidos políticos?

Para una renovación de la política de izquierdas desde una perspectiva

Para una renovación de la política de izquierdas desde una perspectiva

Para una renovación de la política de izquierdas desde una perspectiva

Para una renovación de la política de izquierdas desde una perspectiva

democrática a la luz de la historia nacional

democrática a la luz de la historia nacional

democrática a la luz de la historia nacional

democrática a la luz de la historia nacional

Paulo Recabal F. Palabras clave Palabras clave Palabras clave Palabras clave

deliberación - poder comunicativo – democracia - partidos políticos - sociedad civil - corporativismo

El presente artículo argumenta sobre la imposibilidad de existencia de la democracia sin partidos políticos en base a una reinterpretación de la historia de Chile desde la perspectiva de una izquierda democrática. Se aboga por la potenciación de ellos y de la sociedad civil. Se discute con la corriente de pensamiento nacional que aboga por el gobierno directo de la sociedad civil en el contexto de la crisis de representatividad actual, concluyendo que ello importa la constitución de un régimen autoritario de corte corporativo. Por último se realizan proyecciones sobre la democracia futura en nuestro país fundamentados en los aspectos centrales de nuestra historia democrática.

(2)

2 Seminario Estudios de la República

¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen.

(Jorge Luis Borges, Utopía de un hombre que está cansado)

Durante el último tiempo se ha puesto en cuestión por una parte de la opinión pública si acaso es posible lograr las grandes reformas sociales mediante el accionar del Congreso Nacional, el gobierno o la mediación de los partidos políticos. Este cuestionamiento ha proliferado en nuestro país a raíz de la serie de movilizaciones sociales evidenciadas en el último tiempo y por la baja popularidad de los partidos políticos que se reflejan en el resultado de diversas encuestas de un tiempo a esta parte. La movilización de los habitantes de Aysén, el movimiento estudiantil secundario y universitario, las protestas contra las hidroeléctricas, la movilización de Freirina y las marchas por el respeto de la diversidad sexual, han sacado del letargo a la sociedad chilena, y no sería extraño que las movilizaciones fueran en aumento por causas reivindicativas de cualquier otra índole.

Que algo sucede en nuestro país y el mundo parece ser indiscutible, y es inquietante ver en los noticieros que el “país real” parece no ser el ejemplo de orden y estabilidad que Chile presenta al mundo. Esta inquietud nos genera una serie de preguntas: ¿las movilizaciones serían un signo negativo per se? o ¿es positivo para el país la actividad constante de la sociedad civil? ¿es positivo o negativo para la democracia que estas cosas sucedan? ¿hasta dónde pueden y deberían llevarnos? ¿podemos prescindir de los partidos políticos?

Estas preguntas son una sola, no pueden abordarse por separado. Consideramos fundamental responderlas, o al menos dar una mirada y posicionarnos en algún lugar determinado a su respecto. El por qué de tal importancia radica, a nuestro juicio, en que en los últimos años en nuestro país se vive una deslegitimación creciente de los partidos políticos, las encuestas los dejan por los suelos, al igual que a los gobiernos de turno y a la oposición, con la salvedad de ciertos individuos carismáticos y aparentemente cercanos a la gente. Desde las calles y el ámbito académico se han levantado voces que critican no sólo a los partidos actuales sino la existencia misma de ellos, sabiendo o intuyendo que eso significa el control sin mediaciones del Estado por la sociedad civil o más bien por sus grupos u organizaciones gremiales.

(3)

3 Seminario Estudios de la República

A pesar de que la líder estudiantil Camila Vallejo pertenece al Partido Comunista, el movimiento que representa se mostró abiertamente en contra de la mediación partidista y en contra de la participación legislativa en la solución del problema estudiantil, apelando directamente al Presidente de la República, Sebastián Piñera, a dirimir el conflicto. “No confiamos en los partidos, ni en el Congreso ni en el gobierno”, se decía en las continuas marchas, y en las entrevistas a los líderes en la televisión. Eso les deja la única alternativa de confiar en ellos mismos, y entrar en una lógica de amigo-enemigo con el sistema político. Para ratificar dichas desconfianzas el gobierno ha respondido repletando las calles de carabineros cuando se juntan más de dos estudiantes en una esquina; teniendo preparados sus carros de combate a toda hora, apostados en sitios conflictivos; prohibiendo marchas y esparciendo gases tóxicos por doquier; además de dilatar las conversaciones; proponer medidas “con letra chica”; decir en foros internacionales que todo está perfecto y que los estudiantes son maravillosos; culpar a la sociedad por su intransigencia e intentar negociar parceladamente con los distintos actores para dividir los movimientos. Esto último ocurrió en la reunión con los representantes de Aysén en que se decidió dialogar con cada grupo en forma independiente, cuestión que generó la radicalización del conflicto.

Como se aprecia, de ambos lados se ha optado por una lógica infructuosa de amigo-enemigo. Infructuosa porque nadie ha ganado algo con el conflicto, el gobierno y los partidos bajan en las encuestas y los dirigentes sociales se van con la cola entre las piernas luego de cada jornada de “diálogo”. Pareciera ser que ambos bandos no se toleran, y que uno debería primar a costa del otro, la sociedad civil obviar a los partidos políticos o el gobierno terminar con los movimientos definitivamente para seguir igual que antes. Dos caminos que a nuestro juicio nos llevan a la situación de inseguridad actual.

El aporte del ámbito académico en estas situaciones no debe ser subestimado, los estudiantes tienen profesores y muchas veces acogen las ideas de éstos, y no es de extrañar que un pensamiento histórico-filosófico se haya abierto paso como el mar frente a Moisés, un pensamiento fuerte, seductor y prolífico, la visión salazareana de la construcción estatal.

Como consecuencia de las movilizaciones sociales presentes, Gabriel Salazar ha circulado por distintos programas de televisión, en horario estelar y matinal, exponiendo sus ideas y posibles soluciones a los problemas actuales, de ahí la importancia de considerar sus análisis.

Cuando soplan vientos de cambio, se suele adoptar teorías que llamen a esos cambios, más aun cuando se comprometen por una causa determinada. Salazar ha sido directo a ese respecto, sus estudios son claramente y sin subterfugios una defensa de la sociedad civil, y una crítica de los partidos políticos a lo largo de la historia, adoptando una postura teórica que aboga por el gobierno directo de la sociedad civil, sin mediadores, sin partidos.

Salazar, como historiador, nos muestra que su visión se basa en los acontecimientos vividos en nuestro país durante dos siglos. Según él, la sociedad civil ha pretendido prescindir del sistema partidista para construir una verdadera democracia social, puesto que la clase política jamás ha gobernado para todos, sino que ha favorecido sus intereses de clase,

(4)

4 Seminario Estudios de la República

reprimiendo y socavando las propuestas e inquietudes populares, para erigir un Estado a semejanza e imagen de sus intereses egoístas. Para este autor, no es la teoría la que señala que la sociedad civil debe gobernar directamente al Estado, sino que la misma experiencia histórica del movimiento social (memoria1) ha concluido, en forma colectiva, que no necesita de intermediarios sistémicos para gobernar, es más, de mantenerse los partidos políticos tendremos división, represión y derrota. Ello habría ocurrido en las coyunturas constituyentes de 1829, 1925 y 19802. En estos tres momentos el proyecto histórico popular (federal o descentralizador, proteccionista o social productivista y democrático) fue destruido por el proyecto elitista impuesto por la clase política civil y militar (centralista, librecambista y autoritaria). Un último momento estaría marcado por la traición de la clase política aglutinada en la Concertación que aprovechó el jaque en que habrían puesto los pobladores al gobierno de Pinochet precipitando el fin de la dictadura militar, para posicionarse, con otros ropajes ideológicos, como héroes de la transición pactada para, a fin de cuentas, administrar el modelo económico y constitucional ideado por la dictadura.

A modo de resumen, para Salazar la clase política civil y militar siempre ha privilegiado sus propios intereses de clase, por ello la baja sociedad civil, mayoría de la población, debería gobernar directamente reflejando la estructura organizativa que genere en cada momento para replicarla estatalmente.

Cualquiera sea la realidad, si la teoría ha influenciado la práctica o la práctica la teoría, ambas visiones se confunden hoy día, las calles y Salazar han confluido históricamente. ¿Cuáles son los alcances de dicha confluencia? ¿qué caminos abren y qué caminos cierran? Si es posible la democracia sin partidos políticos, ¿cuál es el papel de la sociedad civil en la democracia? ¿cuáles son los límites sociales y sistémicos? Es imprescindible abordar ahora, en la coyuntura misma de movilizaciones y cuestionamientos desde uno y otro lado.

Los análisis que aquí se planteen y las conclusiones a que se lleguen, lo decimos de antemano, tienen el objetivo de reinterpretar la historia nacional, en especial aquellos hitos históricos en que tiene relevancia el accionar de la sociedad civil, para otorgar una visión democrática de nuestra historia desde una izquierda institucional que descarta como posibilidad la alternativa revolucionaria, entendida como toma del poder para la construcción del socialismo, y la alternativa corporativa entendida como gobierno directo de las organizaciones de la sociedad civil.

1 Para Salazar existe una memoria histórica en la sociedad civil en cuanto a toda una trayectoria de asociación y

organización, además de derrotas en manos de la clase política civil y militar. Dicha memoria permanecería en el tiempo y nutriría de experiencia a los movimientos sociales de cara a la reestructuración de la acción política revolucionaria futura.

2 Estos análisis se encuentran respectivamente en tres obras del autor:

Construcción de Estado en Chile (1800-1837),

editorial Sudamericana, 2005; Del poder constituyente de asalariados e intelectuales (Chile, Siglos XX Y XXI), editorial LOM, 2009; La Violencia política popular en las “grandes alamedas”, editorial LOM, 2006. Y traducido en proyecto político: En el nombre del Poder Popular Constituyente (Chile, siglo XXI), editorial LOM, 2011.

(5)

5 Seminario Estudios de la República

Nuestra postura respecto a la democracia está fundamentada en la concepción habermasiana3 de la sociedad moderna, concepción que utiliza constantemente Salazar extremando sus conclusiones. A la luz de dicha concepción nos referiremos a cómo se ha comportado históricamente la ciudadanía y los partidos políticos, discrepando al respecto con Salazar y con muchos de sus análisis, que se han convertido en una suerte de lugares comunes sobre la historia nacional para la izquierda. A nuestro juicio, la democraciademocraciademocraciademocracia debe ser con partidos políticos y con movilización de la sociedad civil, y no puede ser sin partidos y sin sociedad civil.

Establecido lo anterior, podemos adentrarnos en el tema de nuestro estudio ¿es posible la democracia sin partidos políticos? Obviamente dejaremos de lado cualquier concepción que señale que todo es posible, nos remitiremos más bien a la historia nacional.

Para una crítica de la alternativa corporativa y por la construcción de una izquierda no Para una crítica de la alternativa corporativa y por la construcción de una izquierda no Para una crítica de la alternativa corporativa y por la construcción de una izquierda no Para una crítica de la alternativa corporativa y por la construcción de una izquierda no salazareana

salazareanasalazareana salazareana

Para Salazar el gobierno directo y democrático de la sociedad civil es históricamente posible. Con el objeto de demostrar aquello proporciona una serie de argumentos, donde cobra especial fuerza la génesis de la Constitución de 1828 que habría sido el único ejemplo en nuestra historia patria en que el Estado ha sido construido por el pueblo, en un despliegue democrático que no ha vuelto a suceder y del cual se aferra para construir su visión omniabarcadora de la historia “desde abajo”.

Analicemos dicha tesis:

En primer lugar, la aseveración de que el Estado de 1828 haya sido construido por los pueblos en forma democrática debe relativizarse. ¿Quiénes eran esos pueblos? De una lectura ingenua de Gabriel Salazar pareciera que los pueblos están integrados por los “buenos” de la sociedad, los artesanos, bajo pueblo y comerciantes medianos, y que la ofensiva constitucional de 1833 hubiese sido una afrenta al pueblo, a nosotros mismos, a una sociedad civil aun inexistente abstracta y volcada a las calles. ¿Fue así realmente? En otro trabajo respondemos esta interrogante.4De aquella investigación hemos concluido que los pueblos estaban constituidos por la elite de cada localidad, pues controlaban el cabildo que era el órgano poderoso en ellas, los cargos del cabildo eran comprados en un inicio y sólo tenían acceso a ellos los individuos de clase alta, posteriormente serán electivos pero sus miembros provendrían de un sistema electoral controlado por la misma elite. Además, estos individuos controladores de los distintos cabildos convocaban a participar en las decisiones relevantes a

3 Sobre la concepción de Habermas respecto a la democracia véase RECABAL, Paulo. “El concepto de democracia en

Habermas”, http://www.estudiosdelarepublica.cl/?section=conceptos&article=28.

4 RECABAL, Paulo. “Para entender la realidad electoral en los albores de la república: ciudadanía y representación en

(6)

6 Seminario Estudios de la República

quienes eran en una u otra medida integrantes del mismo grupo social y adeptos a sus ideas políticas, mediante la convocación por invitaciones. Difícilmente los artesanos y el bajo pueblo tenían voz y voto en dichas resoluciones. Pero, por si cabe alguna duda, los pueblos relevantes en tal coyuntura, los de peso y que dirigen el proceso eran La Serena, Concepción y Santiago, todos ellos dominados por las elites provinciales respectivas. Ellas manejaban políticamente las decisiones con el fin de prevalecer en un gobierno nacional. Los pueblos menores no son de mayor peso político hacia 1833.

Por un lado tenemos las elites de La Serena y Concepción clamando por la construcción de un sistema político que acoja sus intereses locales, y por otro a la elite de Santiago intentando monopolizar el proceso. La Constitución de 1828 es eso, un triunfo de los pueblos con pretensiones descentralizadoras contra las pretensiones centralistas, un conflicto de diferentes ideas políticas en el seno de la elite, y no una manifestación del poder constituyente de los desplazados. El concepto “pueblos” llama a error, se luchó por la representación de la elite local o central, nada más. Esto no quiere decir que no podamos simpatizar con uno u otro intento constitucional, ambos contenían visiones distintas de país y se la jugaban por valores políticos diferentes, el punto está en que no deberíamos creer que un proyecto encarnaba el clamor popular y fue aplastado por uno oligárquico. Ambos eran proyectos de la elite. Si aceptamos esto, se nos cae el ejemplo de que por única vez en la historia nacional se construyó el Estado a imagen y semejanza de una inexistente, en ese entonces, sociedad civil. De modo que, los proyectos aplastados, por ahora, serían dos, el de 1925 y el de 1973.

Respecto a la Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales de 1925 podemos decir que era ambigua en su estructuración. Primero, no integraba a los pobres de la ciudad, sólo a grupos privilegiados de la baja sociedad civil5, profesores, estudiantes universitarios, y obreros organizados. Si bien la Asamblea fue el esfuerzo cúlmine de la baja sociedad civil por plasmar políticamente su descontento por la indiferencia de la elite ante la cuestión social, las matanzas y represiones y las constantes crisis económicas, el esfuerzo fue bastante feble. En primer lugar porque no se arrogaron el Poder Constituyente, sino que se limitaron a elaborar principios constitucionales para la creación de una nueva constitución política que debía ser elaborada por Arturo Alessandri, en quien confiaban a pesar de que representaba de hecho aquello que supuestamente odiaban. Realizaron un acto netamente intelectual y para nada práctico, dejaron la decisión en manos de quienes participaban de la política cupular, los llamaron a abolir los partidos políticos, los llamaron a gobernar directamente con los gremios organizados del país. Un acto paradojal que no brindó frutos6. El que dicho proyecto, corporativo a la luz de los principios que lo constituían (gobierno directo de los gremios

5 Salazar, sin dar mayores explicaciones al respecto, distingue entre baja sociedad civil y alta sociedad civil. Esta última

integraría las organizaciones no participantes del poder estatal constituidas por miembros de las clases altas o de estratos medios privilegiados. La baja sociedad civil incluiría a aquellos individuos provenientes de estratos bajos, como pobladores y obreros. No explicita cual es la ubicación de los estudiantes por ejemplo, o de los profesores, que no pueden asimilarse a ninguna de las dos categorías, sin embargo pareciera incluirlos en la baja sociedad civil.

6 Una crítica interna a la concepción que Salazar tiene sobre lo ocurrido en 1925 en RECABAL, Paulo. “Reflexión crítica en

torno al artículo Construcción de Estado en Chile: La Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales (1900-1925) de Gabriel Salazar, www.estudiosdelarepublica.cl/?section=resenas&article=8.

(7)

7 Seminario Estudios de la República

organizados del país y exclusión absoluta de los partidos políticos), no se materializara, explica el carácter meramente movilizador y no gobernante de la sociedad civil. La sociedad civil por definición es heterogénea, por lo mismo, a nuestro juicio, se configura como protesta pero no como entidad revolucionaria, aunque sus propuestas puedan serlo. Desde el punto de vista marxista clásico, por ejemplo, existe una clase revolucionaria según las estructuras de dominación imperantes en cada tiempo y lugar: en la moderna sociedad capitalista o burguesa esa clase revolucionaria es el proletariado, que se constituye en la contradicción del sistema y, al manejar las técnicas de producción, es capaz de destruir el capitalismo y poner fin al Estado como institución histórica. La sociedad civil en la perspectiva salazareana no es una clase, la integran estratos altos, medios y bajos, ¿cómo podría revolucionar el sistema?

El que la sociedad civil de 1925 no haya concretado políticamente su proyecto es un hecho. Ello se explica porque no manejaba el poder armado, y en ese sentido carecía de la fuerza para llevarlo a cabo por sí sola, y porque su heterogeneidad se lo impedía. La sociedad civil que Salazar nos retrata estuvo muy lejos de ser una entidad uniforme. Conformada por grupos con poder económico como la SOFOFA y la Sociedad Nacional de Minería, o intelectual como los profesores y estudiantes, además del movimiento obrero, estuvo frente al sistema político en su rol fiscalizador, mas no se configuró revolucionariamente.

Despejados estos reparos a la concepción salazareana, tenemos que tratar un aspecto bastante problemático. Si la sociedad civil no era homogénea, al menos podemos decir que el proyecto de la baja sociedad civil lo era. Como señalamos, al prescindir de los partidos políticos y apuntar al gobierno directo de los gremios del país se devela un proyecto de marcado carácter antidemocrático, propio de las concepciones corporativas que aparecen en los años 20` y 30´del siglo pasado. La democracia permite el diálogo, y los gremios, como veremos, lo impiden.

Además, el proyecto corporativo no era sustentado en lo absoluto por el Partido Comunista adscrito a la Internacional Comunista, el que participó en la Comisión Constituyente de 1925 apoyando un sistema parlamentario moderado. Este dato es importante porque los miembros de dicho partido eran individuos que provenían de los estratos pobres del país y la mayor parte de ellos eran quienes vivían en conventillos.7 Es decir, era la misma baja sociedad civil quien integraba el partido y en ningún caso constituía una clase política integrada al sistema político oligárquico como sostiene Salazar. Por lo demás, la misma Federación Obrera de Chile (FOCH) era indistinguible del Partido Comunista8, por lo que mal puede sostenerse que la alternativa corporativa, haya sido tan fuerte y sustentada por la mayoría de la población.

Se nos cae parcialmente el segundo intento de construcción estatal por parte de la sociedad civil. Su ineficacia muestra que se optó por la pervivencia de la institucionalidad liberal, por la existencia de un Congreso Nacional en que se representasen los intereses

7 VARAS, José Miguel.

Chacón, editorial LOM, 1998.

(8)

8 Seminario Estudios de la República

mutables y diversos de la sociedad, en donde, por desgracia para muchos, estaba incluida la elite.

Con el cuestionamiento anterior, no queremos decir que la sociedad civil no tenía justa causa de expresar sus malestares y proponer soluciones, ni que el sistema político surgido en 1925 fuese digno de admirar y construido en forma transparente y representativa. Nada de ello. La Constitución de 1925 fue de elaboración, al menos, dudosa, y Salazar relata muy bien dicho proceso. Pero ello no significa restar méritos a la mantención de una política partidista y democrática futura. Para esa fecha, algunos de los grandes partidos o alianzas de la segunda mitad del siglo XX no existían, pero las formas de dicha Constitución permitieron, no sin sobresaltos, al gobierno de Salvador Allende llegar al poder, con todo el discurso revolucionario y cambios que eso significaba.

Esto nos lleva a la tercera coyuntura crítica, el golpe militar y la Constitución de 1980. Salazar sostiene que el golpe militar fue nuevamente obra de la clase política civil y militar, en donde la culpa recae incluso en la misma Unidad Popular. Recordemos que Salazar es un teórico de izquierdas. Para él la sociedad civil hacia 1973 estaba en proceso creciente de autonomización, el proyecto histórico popular habría emergido nuevamente apoyado en los cordones industriales y el movimiento de pobladores y entró en contradicción con la lentitud de los cambios llevados a cabo por el gobierno de Salvador Allende. El error de la Unidad Popular para Salazar fue haber planteado una revolución a través de una institucionalidad liberal y no haber otorgado las herramientas adecuadas a la sociedad civil en pos de posibilitar su autonomía.

Salazar magnifica la importancia de estas asociaciones: principalmente porque no tenían en jaque al sistema político; segundo, porque no tenían el apoyo global de la población, no toda la ciudadanía aceptaba este tipo de asociación; tercero, porque su fuerza y su crecimiento acelerado fue producto de las propias dinámicas que generó la Unidad Popular y previamente la Democracia Cristiana. Parte de la sociedad civil se envalentonó por el discurso que se vivía, magnificaron su fuerza vía consignas, pero sin tener poder real para enfrentar a sus “enemigos” (cuando los militares buscaron armas no encontraron gran cosa). El movimiento popular demostró que operaba con una lógica de presión extrema sobre el sistema político y contra el mismo gobierno popular, con poco raciocinio y mucho ímpetu. A la luz de la información disponible queda meridianamente claro que se radicalizó en los 70´ y es muy probable que haya entrado en una lógica de proto-autonomización, sin embargo no se debe desconocer que adquirió su mayor fuerza arrimado a las polleras de la Unidad Popular, no hay pruebas de que haya tenido poder para desestabilizar el Estado ni un proyecto propio de gobierno autónomo más allá de las consignas que hubo levantado. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) movilizó ciertas poblaciones y constituyó el campamento Nueva Habana de tintes revolucionarios, pero su campo de acción era acotado. La pregunta salta a la vista, ¿qué herramientas debía otorgar la Unidad Popular a esa parte de la sociedad civil? ¿con qué objeto? Salazar no responde estas interrogantes, es más, quedan en el aire. Al parecer aboga porque quienes operaban con lógica sistémica (UP) gobernaran con la sociedad civil, pero a la vez, y algo contradictorio, fuera de la institucionalidad liberal, lo que significa

(9)

9 Seminario Estudios de la República

claramente optar por una revolución, sin armas, sin fuerza, sin proyecto, y con una coalición de gobierno con problemas internos constantes. Ello impide hablar de construcción democrática del Estado. Por otro lado, si el problema fue la lógica sistémica de la Unidad Popular ¿se debió obviar su gobierno? Sin UP ¿habría crecido tanto la organización social? Según se infiere de los trabajos de Mario Garcés9 y Frank Gaudichaud10 el clímax de organización de pobladores y obreros respectivamente se dio bajo el gobierno de la Unidad Popular. Y dichas organizaciones, a pesar de pequeños conflictos en cuanto a la dirección de las políticas revolucionarias, nunca cuestionó el accionar del gobierno y siempre lo apoyó. A nuestro juicio el problema fue el contexto político excepcional del período, que no permitía la razonabilidad tanto del discurso partidista ni del accionar de la sociedad civil.

Ahora bien, el argumento de la falta de poder real del movimiento obrero y poblacional, no sirve para desmitificar la tesis de Salazar de que la clase política civil y militar destruyó nuevamente el proyecto histórico popular. Primero, no existe el proyecto histórico popular, vimos como el de 1828 no lo fue en absoluto y el de 1925 fue un acto suplicante de parte de grupos intelectuales de la baja sociedad civil, un intento académico, interesante, legítimo, pero contradictorio e inserto en el corporativismo prevaleciente en Europa por esos años y cuya aplicación práctica culminó en el fascismo. Es más, dichas ideas corporativas eran sostenidas con ímpetu, en nuestro país, por los corporativistas social cristianos del período, quienes señalaban que la organización del Estado debía contemplar la representación de las corporaciones y limitar el sufragio universal, proponiendo la composición corporativa del Senado; órgano que debería acoger a los gremios empresariales y colegios profesionales.11

El movimiento social de los 70 emergió con fuerza gracias a la Unidad Popular y a la politización desarrollada previamente por la Democracia Cristiana en campos y poblaciones. La UP llegó al poder, entre otras cosas, gracias al sistema creado en 1925 que permitió paulatinamente que las distintas tendencias de la sociedad estuviesen representadas en un Congreso Nacional, apoyado en un sistema electoral que permitía dicha participación.

El hecho del triunfo de los grupos golpistas no significa que cualquier política partidista a futuro está condenada al fracaso. Ningún sistema político es independiente de su contexto histórico de surgimiento y evolución. El sistema de los 70´ vivió tiempos difíciles, la polarización del mundo por la Guerra Fría, y todas las intervenciones externas que ello significaba, discursos extremos y aparición de grupos extremistas, a lo que se sumaba una pobreza mucho mayor de la que en términos materiales tenemos hoy en día. Lo que queremos decir es que del fracaso de la Unidad Popular no se sigue que el sistema partidista está condenado al fracaso. Ello sería asumir resignadamente la derrota como destino, ya que la sociedad civil como lo mostramos, no tiene la fuerza, en tanto sociedad civil para generar adhesión global y gobernar directamente el país. Volveremos sobre este aspecto más adelante.

9 GARCÉS, Mario.

Tomando su sitio, el movimiento de pobladores de Santiago 1957-1970, editorial LOM, 2002.

10 GAUDICHAUD, Frank,

Poder Popular y cordones Industriales. Testimonios sobre el movimiento popular urbano1970-1973, editorial LOM, 2004.

11 CORREA, Sofía. “El corporativismo como expresión política del socialcristianismo”, en Teología y vida volumen XLIX,

(10)

10 Seminario Estudios de la República

La última coyuntura que Salazar rescata es la movilización de la sociedad civil que precipitó el fin de la dictadura militar. Para él nuevamente la clase política civil, en especial los partidos agrupados en la Concertación, habría traicionado sus postulados originales y adoptado el sistema neoliberal, se habría aprovechado de la movilización y jornadas de protesta de los pobladores para volver a gobernar perpetuando la obra de la dictadura, lo que demostraría nuevamente cómo los partidos políticos serían perjudiciales y prescindibles. Aquí, a nuestro juicio no hay atisbos de autonomización, sino simplemente el impulso de un pueblo para dar fin a una dictadura terrible. No existe proyecto histórico ni capacidad de construcción estatal alguna. La sociedad civil se limitó a jugar el rol que la democracia le reclama, luchar por la democracia, por su vuelta en este caso, y fiscalizar el papel futuro de los partidos participantes del juego político.

Realizada la crítica anterior, aún puede haber voces que señalen que el supuesto proyecto histórico popular podría reemerger e incluso ¿por qué no? construir democráticamente el Estado, y abolir por siempre a los partidos políticos, y tal vez al Estado mismo, pues, como en un cuento de Borges, podría caer en desuso.

Y justamente de eso se trata, de la democracia. ¿Seguiría existiendo la democracia si la sociedad civil gobernase directamente el Estado? y, por otro lado, ¿qué consecuencias importa la alternativa corporativa?

Dejaremos estas interrogantes en suspenso por ahora.

Sobre la posibilidad de la democracia sin partidos políticos: la interrelación sistema Sobre la posibilidad de la democracia sin partidos políticos: la interrelación sistemaSobre la posibilidad de la democracia sin partidos políticos: la interrelación sistema

Sobre la posibilidad de la democracia sin partidos políticos: la interrelación sistema----sociedad sociedad sociedad sociedad civil

civil civil civil

Antes de continuar, queremos aclarar que la revisión crítica proporcionada en ningún caso permite concluir la imposibilidad del gobierno directo de la sociedad civil mediante sus organizaciones. Sólo permite concluir que históricamente ello no se ha dado en nuestro país y además que la sociedad civil ha operado con una lógica fundamentalmente peticionista, no revolucionaria. Nos interesa que ello quede claro, porque nuestro interés está puesto en construir una perspectiva democrática en Chile anclada en nuestra historia y en ese sentido la crítica está en función de conceptualizar dicha posibilidad de una democracia desde la izquierda.

La sociedad civil es una red de redes, un todo deliberante que está frente al sistema político para hacerle ver sus necesidades siempre mutables en cada período y contexto histórico12. En este sentido sólo operará como tal si los individuos que la conforman no están representando algún interés sistémico, es decir, en tanto no actúen como investidos de algún

12 Manejamos el concepto de sociedad civil que Jurguen Habermas trata detalladamente en el capítulo VIII de

Facticidad y Validez: sobre el derecho y el estado democrático de derecho en términos de teoría de discurso, editorial Trotta, 1998.

(11)

11 Seminario Estudios de la República

cargo político. El rol de la sociedad civil es tematizar y poner en el espacio público los problemas que la aquejan en el ámbito privado individual-común y que se tornan tan importantes que deben ser solucionados de alguna forma por el Estado. Dicha tematización es producto de un acuerdo base de la sociedad civil coordinada comunicativamente para resolverlo por el medio que representa la solidaridadsolidaridadsolidaridadsolidaridad. Su forma de manifestación es fundamentalmente la de los movimientos sociales. Pero no es la única organización posible. Al constituir una red de redes su organización es infinita, como infinitos son sus intereses. No siempre sus problemáticas implican una presión al Estado, en ocasiones puede solucionar los problemas por sí misma, agrupándose en juntas de vecinos, ONG, vía medios de comunicación o redes sociales, como Facebook o Twitter, etc. Así, lo que la sociedad civil tiene es poder comunicativo capaz de influir en el espacio público y en las decisiones del poder político mediante el medio que proporciona el derecho positivoderecho positivoderecho positivo, que a diferencia de la normatividad derecho positivo sacra, tiene la flexibilidad de constituir un medio mutable según las nuevas necesidades sociales, y además puede ser sometido a crítica por los individuos para que se evidencie el cambio deseado.

Señalamos que la sociedad civil tiene poder para influir en el sistema político, lo que nos lleva a reconocer la realidad sistémica de la organización política y económica. Frente a la sociedad civil, y con el propósito de reducir la complejidad y tiempo de implementar las decisiones importantes para llevar a cabo la vida en común, surgen los sistemas13. Sería impensable una sociedad que deliberara constantemente para tomar alguna decisión política o económica relevante. Ello sería factible en sociedades pequeñas con pocos habitantes pero no en las grandes ciudades ni Estados actuales. En las modernas sociedades es el mercado el que asigna recursos y fija precios operando con un código que reduce la complejidad social, éste es el dinero, mundialmente reconocible y eficiente para llevar a cabo las transacciones económicas. Ello importa, eso sí, el aspecto instrumental de los sistemas, el dinero es un medio pero en dicho sistema se convierte en un fin. Lo mismo se puede decir del sistema político. Su objetivo mediante el código del poder es reducir la complejidad de las posibilidades de acción colectiva, pero a la vez opera con la lógica instrumental del poder como fin en sí mismo. Así, no es extraño el peligro de las crisis de representatividad. El poder seduce y obliga a quienes están insertos en el sistema a funcionar con dicho código. Pero atención, esencialmente se opera por éste, las opciones altruistas o de bien común no quedan por ello descartadas, lo que sucede es que hay que considerar el poder como principal motor del sistema político. De esta manera, la llamada clase política se constituye en tal por la necesidad de lograr y mantener ese poder, participando de un “mundo” en el que la solidaridad y las necesidades de la base social se vuelven lejanas e incluso extrañas o ajenas.

Ahora bien, si la democracia se caracteriza por el diálogo constante y la conciliación de diversos intereses sociales, es indispensable que exista un organismo de deliberación: el

13 Este proceso Habermas siguiendo a Weber lo llama racionalización de la sociedad entre sistema y mundo de la vida

(integración sistémica y social) y está extensamente tratado en su obra Teoría de la acción comunicativa, editorial Taurus, 2001.

(12)

12 Seminario Estudios de la República

Congreso Nacional. Dado que la sociedad post-fordista14 es cada vez más compleja y con la globalización las biografías se han individualizado cada vez más, ya que cada quien se siente con derecho de decidir su propio estilo de vida, el Congreso debe recoger las ideas y posturas más amplias y divergentes de esta sociedad múltiple. A la vez que debe ser capaz de decidir a tiempo y elegir de entre la vasta alternativa de caminos de acción posibles, la más adecuada a la diversidad de intereses sociales. Ello no puede realizarlo un sector que tenga intereses creados de antemano como son los gremios, esto paralizaría la deliberación, le pondría un coto insalvable. Es deseable que la deliberación congresal la realicen individuos no adscritos a un gremio determinado, o que participen en este Congreso en calidad de ciudadanos y no de representantes sectoriales. Así lo importante pasa a ser el debate, que reflejará las ideas políticas de parte de la sociedad. Sin existir intereses gremiales que defender, podrán deliberar libremente y conciliar intereses. Esto en el mejor de los casos que no se dará necesariamente en la práctica, pero ya posee un germen de deliberación posible que el representante gremial tiene vedado per se.

Ahora bien, la deliberación institucional señalada, para funcionar, debe basarse en la organización de los individuos en torno a un conjunto de ideas comunes, para que estén acordes con el sentir social o del sistema de ideas sociales que representan. Se deben organizar así en partidos políticos, es decir, organizaciones que se dediquen exclusivamente a hacer política, difundir sus ideas y persuadir en el espacio público que sus propuestas son las mejores para todos. Los partidos así surgidos son integrados por ciudadanos, y esto no debe olvidarse por más lejanas que se vuelvan estas entidades. Aquellos que simpatizan por ciertas ideas ingresarán al partido que más se amolde a sus convicciones.

En este proceso pueden surgir desviaciones respecto al ideal planteado, y de hecho surgen. Al ingresar al sistema político la estructura misma del sistema induce a los individuos a actuar con la lógica instrumental del poder y la lucha binaria entre gobierno y oposición15. Ello no es indeseable, las diversas ideas deben luchar en el espacio público por prevalecer y plasmarse en la realidad, para ser gobierno o mayoría parlamentaria, mediante la elección ciudadana.

El problema surge porque los sistemas operan con lógicas propias, como la del poder

en el ámbito político, código distinto al de la sociedad civil que opera esencialmente con el de la solidaridadsolidaridadsolidaridadsolidaridad16161616. En este sentido el sistema político se desacopla o aleja de las lógicas propias de la sociedad y de sus intereses, opera en un campo propio y en labores que no son las propias del día a día del común de la población, razón por la cual muchas veces desconoce los problemas diarios de la ciudadanía o ámbito de la sociedad civil17. Si a esto se suma que en no

14 Sobre una caracterización pedagógica de las distintas fases del capitalismo véase PÉREZ, Carlos.

Proposición de un marxismo hegeliano, editorial ARCIS, 2008.

15 Estos postulados de cómo funciona el sistema político son presupuestos básicos en Luhmann y Habermas y provienen

de las tesis de Weber sobre la racionalización de las sociedades modernas.

16 Sobre el operar de la sociedad civil véase RECABAL, Paulo. “El concepto de democracia en Habermas”.

17 Este ámbito de la sociedad Habermas, siguiendo a Husserl, lo llama “mundo de la vida”, espacio en que los individuos

(13)

13 Seminario Estudios de la República

pocas ocasiones los individuos al interior del sistema político se guían por intereses económicos más que sociales, tenemos una crisis de representatividad inherenteinherenteinherenteinherente al sistema. “Los políticos no gobiernan para nosotros”, “responden sólo a sus intereses”, “para qué votar si nadie nos escucha”, son frases propias de tal crisis, y más de algún lector las habrá oído en las salas de clases, en sus trabajos o en los negocios del barrio. La crisis de representatividad es uno de los problemas mayores con que debe lidiar la democracia en especial cuando la economía parece prosperar pero la situación psíquica y económica de la población no lo hace. Y es un problema inherente a ella, la lógica sistémica separada de las motivaciones de la sociedad civil tiende a ello. Eso no significa que todo está perdido, y que la crisis sea insalvable.

Una democracia sana depende, a nuestro juicio, del rol de la sociedad civil y de los partidos políticos, ambos deben ser protagonistas. En lo último Salazar no se equivoca, la sociedad civil ha sido importante en nuestra historia en cuanto hacer ver las dificultades que la aquejan, el problema es, a nuestro juicio, su opción teórica que se la juega por la destrucción de los partidos a manos de un gobierno “democrático” de las organizaciones de la sociedad civil.

La solución al problema de la supervivencia del régimen democrático, a nuestro juicio, está dada por el papel que desempeñen la sociedad civil y los partidos políticos.

Ya esclarecidos los conceptos de sociedad civil y sistema, estamos en condiciones de sostener que los nuevos problemas y aspiraciones de la sociedad, las nuevas necesidades y la disconformidad, aparecen y son tematizadas en el seno mismo de la sociedad civil, no de los sistemas. Los sistemas recogen aquello que el mundo de la vida comunicativamente propone o señala, y lo codifica con su propia lógica reductora de la complejidad para poder mantener la cohesión

cohesióncohesión

cohesión e integración social y poder decidir a tiempo prudente sobre una gran variedad de caminos de acción. De este modo el espacio público no es sólo el debate en el Congreso o las elecciones populares, sino los canales y redes de tematización de nuevos problemas y realidades por parte de la sociedad, como ya vimos.

La característica propia de una sociedad civil organizada es la presión sobre el sistema político para que se hagan valer decisivamente las nuevas problemáticas y aspiraciones que ocurren en el día a día, además de solucionar por vía de sus mismas organizaciones, problemas que los sistemas no han solucionado y que la sociedad puede resolver por sí misma. Cuando la sociedad civil considera que sus demandas no están siendo escuchadas vía el medio de integración social que significa el derecho, es decir cuando no existen leyes ni reglamentos o medidas por parte de la autoridad que satisfagan sus intereses, y se considera que el sistema político está operando de espaldas a la ciudadanía, emergen los movimientos sociales, manifestación de un descontento intolerable por más tiempo. Estos movimientos pueden revestir diversas formas y son fundamentalmente propositivo-peticionistas. Suele

mundo y configura la realidad a la vez que es el espacio en que los problemas de la sociedad de carácter privado se tematizan para ser solucionados en el espacio público.

(14)

14 Seminario Estudios de la República

ocurrir, no siempre es así, que de estos movimientos emergen partidos políticos o muchos de sus miembros pasan a integrar partidos políticos vigentes o en constitución.

En la historia de Chile ésta ha sido, a nuestro juicio su manifestación. Ante la ineficacia del sistema político durante el parlamentarismo por solucionar la llamada “cuestión social”, emergieron, luego de décadas de descontento social, el movimiento estudiantil, el movimiento obrero (anarquistas y socialistas), el de arrendatarios (futuro movimiento de pobladores), y de profesores. Respecto al movimiento obrero, su objetivo principal fue solucionar los problemas sociales de sus miembros, prestando ayuda médica, juntando dinero para hacer frente a los gastos de la cesantía, gastos funerarios, y mantención de las viudas, entre otras cosas. Con el tiempo fue tomando mayor importancia y participó activamente en la serie de huelgas evidenciadas a inicios del siglo XX. Cuestionó al estado oligárquico y envió representantes a la Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales de 1925. De aquel movimiento emergería el POS en 1912 y, posteriormente, el PC que participó en la Comisión Constituyente organizada por Alessandri Palma. Es decir, constituyó un partido político de clase que representara sus intereses en la arena política.

Las propuestas de dicho movimiento eran predominantemente peticionistas, es decir, reivindicar ciertas condiciones laborales que les apremiaban, junto con el rol solidario de ayuda a sus miembros. Producto de su actividad surgieron una serie de leyes sociales desde 1905 que culminaron en el Código del Trabajo de 1931 y fue la base del apoyo del Frente Popular en los años 40´del siglo XX a través de la CTCH, y también, posteriormente, de la UP a través de la CUT.

El movimiento obrero creció bajo el alero de los partidos de clase, al que se sumó la Democracia Cristiana en los 60´. Su variante izquierdista, se organizó y apoyó en gran medida al gobierno de Allende, a quien le pedía mayor radicalidad en las reformas pero nunca cuestionó el liderazgo de la UP; se constituyó en cordones industriales18 durante dicho gobierno y ayudó a radicalizar el clima de inseguridad que se vivía en el período contribuyendo en gran medida al triunfo fáctico de las ideas golpistas duras de los sectores de derecha y blandas de gran parte de la Democracia Cristiana19.

En la historia de nuestro país, el movimiento obrero junto al de pobladores ha sido quizás el más fuerte y organizado. Este último aparece tempranamente en nuestra historia como movimiento de arrendatarios, ante la precariedad de la vida y los altos cánones de arriendos de ranchos y conventillos. Las viviendas eran precarias y dependían de la arbitrariedad del mayordomo, o representante del arrendador, muchas veces sin escrúpulos en cuanto a lanzar a la calle y cobrar implacablemente los arriendos se refiere. En cada vivienda la gente pasaba sus días sin ventilación y en hacinamiento, el calor era sofocante y las inundaciones producían la destrucción de sus pocos enseres. El movimiento de arrendatarios emerge con fuerza por los años 70´del siglo XIX, pidiendo, en sucesivas marchas que llegan

18 GAUDICHAUD, Frank. Obra citada.

19 Sobre este proceso véase CORVALÁN MARQUÉZ, Luis.

Del anticapitalismo al neoliberalismo en Chile 1950-2000,

(15)

15 Seminario Estudios de la República

hasta 1925, que se mejore su situación habitacional. El movimiento era peticionista en este sentido y no obtuvo mayores éxitos en el período20.

Durante los años 40´del siglo XX reemergerá nuevamente, ahora pidiendo una vivienda propia y tomándose terrenos para construir por ellos mismos sus viviendas, demostrando muy buena organización y coordinación basadas incuestionablemente en la solidaridad. La primera manifestación nítida de su quehacer fue la fundación de la población la Legua, a la que siguieron numerosas tomas de terreno que dieron vida a casi la totalidad de las poblaciones populares de Santiago21. Las autoridades reaccionaron creando la CORVI en los 50´que prometía construir viviendas en terrenos determinados. Pero el tiempo era algo que no tenían los desposeídos y presionaron para que se agilizara la construcción y continuaron con la toma de terrenos, algunos reservados por la CORVI para otras personas.

El proceso se radicalizó en los 70`. El gobierno de la Unidad Popular no pudo con la demanda de viviendas y las tomas proliferaron con fuerza. Sin embargo, los pobladores apoyaron al gobierno popular coordinándose con los cordones industriales (muchos de los obreros vivían en dichas tomas), para levantar y mantener las JAP22. Durante los 80´fue este movimiento el que presionó en las distintas poblaciones para precipitar el fin de la dictadura23.

A este movimiento no debe restársele importancia, pues los marginados del sistema fueron vistos por teóricos neo-marxistas como Herbert Marcuse como los sujetos revolucionarios por excelencia, no comprometidos con el sistema y su lógica de consumo, capaces de levantar organizaciones propias y no cooptadas por el poder político24. Esta concepción desplaza al obrero como sujeto revolucionario, debido a su manipulabilidad por los partidos de izquierda, y porque operan en la lógica fordista de construir grandes sindicatos fácilmente cooptables. Para esta concepción aquellos tiempos pasaron, el movimiento obrero fracasó, generó cuadros burocráticos y careció de autonomía, el panóptico

los absorbió y operaron en lógica keinessiana, no revolucionaria.

No expondremos las críticas realizadas a esta concepción, baste decir que mucha de esa visión existe en Gabriel Salazar. Aunque él levantó el concepto habermasiano de sociedad civil allí donde deberían estar los marginados, pero confiando plenamente en la preponderancia revolucionaria de ellos. Como señala Miguel Valderrama25, esto se debe más a un cambio ideológico de los autores renegadores del marxismo clásico que a una real influencia revolucionaria de los sectores marginados. A nuestro juicio, dichos actores han sido netamente peticionistas, sus miembros no se diferenciaron mucho de los del movimiento

20 ESPINOZA, Vicente. Para una historia de los pobres de la ciudad, Ed. SUR, Santiago 1988. 21 GARCÉS, Mario.

Construyendo “las poblaciones”: el movimiento de pobladores durante la Unidad Popular”, en PINTO, Julio coordinador. Cuando hicimos historia, la experiencia de la Unidad Popular, editorial LOM. 2005.

22Ibídem.

23 SALAZAR, Gabriel.

Violencia política popular en las “grandes alamedas”.

24 MARCUSE, Herbert.

El hombre unidimensional, Planeta-Agostini, 1993.

25 VALDERRAMA, Miguel. “Renovación socialista y renovación historiográfica”, PREDES, Universidad de Chile, Documento

(16)

16 Seminario Estudios de la República

obrero, y su reivindicación historiográfica corresponde más a una decisión epistemológica que de potencial revolucionario real. En otras palabras lo que cambió fue el objeto de estudio ante el fracaso de las grandes estructuras sindicales, y el discurso respecto al potencial revolucionario de uno u otro sector.

El tercer movimiento digno de mención es el universitario, éste emergió hacia 1906 comandado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y es fundamentalmente de estratos medios26, su actuar en el tiempo siempre ha sido similar aunque su mayor importancia histórica, a nuestro juicio, se vivió a inicios del siglo pasado y en el tiempo en que muchos de los miembros de aquel movimiento pasaron a engrosar las filas de los partidos políticos.

Durante el primer cuarto del siglo XX, a través de grandes marchas en son carnavalesco y apoyados en la revista Claridad, criticaron fuerte e irónicamente a los gobiernos parlamentarios, confraternizando con los demás movimientos (arrendatarios y obreros). Esa confraternidad es la lógica que han seguido durante su historia, para tener más fuerza y apoyo. Sus demandas fundamentalmente han buscado mejorar el sistema educativo.

Con lo señalado anteriormente observamos que los movimientos sociales han existido y han sido fuertes en la historia nacional. La sociedad civil se ha organizado y tematizado demandas reivindicativas, y se han generado lazos de unión y solidaridad entre un movimiento y otro. También se aprecia que han irrumpido con fuerza en coyunturas críticas presionando contra las autoridades. Y en ese camino han conseguido victorias y también derrotas.

En este sentido, consideramos que la sociedad civil se ha posicionado como tematizadora de problemas sociales y los ha transmitido en el espacio público, pidiendo a la autoridad ser escuchada. Y si bien han existido momentos en que ha cuestionado la existencia misma del Estado y los partidos políticos, ello no significa que haya tenido la fuerza para ello, ni la capacidad para hacerlo ni que sea posible la pervivencia del régimen democrático si se evidenciara el triunfo de aquellas ideas. También hay que considerar que las movilizaciones generan mucha pasión y euforia y que a veces el discurso pareciera reflejar no más que rabia e ímpetu verbalizado, y no real visión del futuro de la sociedad en su conjunto. La sociedad civil ha cuestionado al sistema político en la historia, pero mayoritariamente ha intentado respetarlo, reivindicando intereses, aunque en ocasiones ha radicalizado sus demandas hasta el punto de contribuir a desestabilizar el débil equilibrio político como ocurrió en el polarizado ambiente de 1973.

De ello no podemos concluir nada más, a nuestro juicio, que las coyunturas críticas son delicadas y que la sociedad civil tiene un papel que jugar, sus movilizaciones no emergen de la nada. Pero también que hay contextos históricos que hacen prácticamente imposible la convivencia democrática, y todo se exacerba. Ello no permite generalizar que la sociedad civil es revolucionaria y debe predominar pasando por sobre el sistema político, ni que las cúpulas

26 SALAZAR, Gabriel y PINTO, Julio.

(17)

17 Seminario Estudios de la República

políticas son esencialmente perversas. La sociedad civil es y debe ser democrática, puede ser bastante irracional sin duda, pero no debe renunciar a su rol fiscalizador, ni tampoco debería intentar gobernar por sí misma por los problemas que trae apareada la alternativa gremial que ya señalamos.

El papel de la sociedad civil es resguardar la democracia, impedir que el sistema político se torne indiferente ante las nuevas problemáticas sociales, irrumpir allí donde está en juego la representatividad y la legitimidad de los representantes, llamar la atención al sistema de lo que anda mal, permear con su discurso al sistema político, abrir las exclusas sistémicas y decir ¡estamos aquí! Además de renovar la política generando partidos nuevos o reformando los existentes; asustando al político indiferente, no votando por los candidatos de partidos que no la representan. En otras palabras, transforma constantemente la política, cada renovación acerca los cuadros políticos a la sociedad y cuando éstos se alejan y se insertan en el sistema su deber es renovarla nuevamente. Eso significa democracia permanente, y es más posible y está más al alcance que intentar un gobierno propio.

Como señala Sofía Correa, el modelo corporativo pone fin al pluralismo político, moviliza a los sectores sociales pero a la larga solo en apoyo a los gobernantes, generalmente va acompañado de un caudillismo autoritario, además de no ofrecer una visión en conjunto de la sociedad. Las lógicas gremiales, en este sentido, no son deseables, porque no responden a una lógica democrática, su existencia se basa en hacer primar su interés sectorial por sobre el bien social y, por lo mismo, impiden el diálogo y favorecen una racionalidad netamente estratégica, además de ser manejados por líderes que estando en el poder operan autoritaria y populistamente, renegando de las instituciones que permiten la representación de la diversidad social27.

Además, el ejercicio directo del poder eliminaría la democracia. Es decir, los movimientos sociales apelan a la democracia, pero la destruyen. ¿Por qué?, por las mismas razones anteriores, los intereses gremiales no se basan en el diálogo, son incapaces, por su propia lógica de debatir posturas distintas, además de no propender a la integración y cohesión social sino todo lo contrario, teniendo en cuenta que sólo representan los intereses sectoriales de quienes participan o están afiliados a ellos, carecen de una visión de conjunto de la sociedad y no articulan intereses opuestos, aspecto clave para la convivencia democrática. En su juego, los gremios más fuertes sobreviven y desplazan a los más débiles. Por ello, un parlamento de puros dirigentes gremiales sería, a nuestro juicio, el peor de los mundos.

Por si esto fuera poco, ¿el gobierno gremial no constituiría, a su vez, un sistema político igualmente burocrático que perpetuaría en el poder únicamente a sus líderes? Porque una cosa es que la sociedad civil opere con lógicas fundamentalmente solidarias, pero otra cosa muy distinta es que constituya un sistema político basado en esa solidaridad. Esa

27 CORREA, Sofía. “¿Representación corporativa en las sombras? Una reflexión histórica sobre las tendencias políticas del

(18)

18 Seminario Estudios de la República

alternativa parece imposible, pues el sistema político funciona mediante el poder y queda atrapado a perpetuidad en dicha lógica.

La lógica del sistema político no desapareceráno desapareceráno desapareceráno desaparecerá, por lo menos no a manos de una sociedad civil gobernante. Lo importante es garantizar el debate libre de la sociedad y las decisiones representativas del parlamento. No es posible la democracia sin sociedad civil organizada y deliberante. No es deseable el gobierno ejercido directamente por la sociedad civil, por sus organizaciones gremiales, ello no es democracia y además no impedirá las crisis de representación, ni el diálogo inerte, es más, los profundizará. Seguiría existiendo una lógica sistémica pero esta vez completamente autoritaria. Nos parece falso creer que el gobierno directo de la sociedad civil no constituirá un nuevo sistema de dominación y lógica de poder. Por ello es que no es deseable su gobierno directo, ello es una aspiración ilusoria y populista.

Pero ojo, aquí el problema. Por un lado decimos que no es deseable la alternativa gremial, no es deseable que la sociedad civil gobierne directamente, pero por otro lado decimos que en la lógica sistémica los partidos políticos dejan de representar los intereses de la sociedad para favorecer sus propios intereses, y ello redunda en malestar social, desprestigio de los partidos, movilizaciones y cuestionamiento del sistema democrático. A ello puede sumarse, como ha ocurrido en Chile, represión, dictaduras, violencia y el círculo tiende a repetirse.

Si descartamos como posibilidad la alternativa gremialista, debemos otorgar fundamentos plausibles para defender la democracia partidista.

Consideramos que las crisis de representatividad se producen cuando la sociedad civil no hace bien su trabajo y cuando los partidos políticos no hacen bien su trabajo. Esto puede realizarse de manera conjunta o separadamente. Cuando la labor de cada uno no es cumplida de manera correcta sobreviene la crisis, y la sociedad colapsa y no se integra adecuadamente. Las crisis de representatividad en este caso no son otra cosa que crisis de integración social entre sistema y mundo de la vida.

Los partidos políticos tienen una naturaleza particular, no son sociedad civil pero tampoco son sistema político. Como diría Bobbio son mediadores entre sociedad y sistema político28.

De los individuos mismos de la sociedad se nutren los partidos, es decir, la sociedad constituye a los partidos. Del movimiento obrero emergió el Partido Comunista; de los artesanos el Partido Democrático; de los grupos medios laicos emergieron el Partido Socialista y el Partido Radical, mientras que de su sector Católico nació la Democracia Cristiana. De la elite liberal surgió el Partido Liberal y de la clerical el Partido Conservador y, posteriormente, de ambos el Partido Nacional. Los partidos en principio obedecen a ideas de país y por lo mismo les es inherente materializar dichas ideas en un proyecto político.

28 BOBBIO, NORBERTO.

Estado, Gobierno y sociedad: por una Teoría General de la Política, Fondo de Cultura Económica, 1989.

(19)

19 Seminario Estudios de la República

Sabedores de que compiten con otras ideas igualmente válidas en el espacio público dejan a la ciudadanía la decisión mediante el voto en las urnas.

Esto es la esencia misma de los partidos políticos y la razón de su existencia. Como la sociedad es diversa, los partidos saben que muy difícilmente gobernarán sin oposición en el Congreso, y que ahí, deberán conciliar los diversos intereses, se respetará a las minorías pero no se paralizarán las mayorías.

Sin embargo, hemos sido reiterativos en ello, los miembros de los partidos al estar en el poder, al integrarse al sistema, pasan a operar con la lógica del sistema, se alejan inercialmente del sentir popular, y muchas veces pasan a privilegiar más el mantener cuotas de poder que decidir e implementar políticas y leyes adecuadas a las necesidades sociales y al proyecto mismo sustentado en relación a las ideas que los insertaron en el sistema político. Esto genera una crisis de representatividad, por causa del extrañamiento de los políticos con la sociedad. Y si la sociedad no realiza su labor democrática, es decir, no se moviliza a tiempo, no renueva los cuadros políticos o no levanta partidos propios, el conflicto se acumula hasta que explota. Y todo porque por ambas partes falló la integración social.

Los partidos deben existir y es deseable que existan, pues son las antenas de la sociedad en el sistema, son las exclusas donde se traspasa información desde el exterior del sistema al interior. Pero tenderán a autonomizarse, eso parece ser irremediable, lo necesario es que la sociedad civil los mantenga a raya, les de los correspondientes avisos a tiempo oportuno.

Para que la dinámica sociedad civil-partidos-sistema opere como debe, es indispensable a nuestro juicio, además de una cultura y experiencia históricas de tolerancia y diálogo constructivo, algo más instrumental, la configuración de un sistema electoral que permita la representación de la diversidad social. Para que las mayorías parlamentarias implementen las ideas que triunfaron electoralmente, y no se produzcan empates de ideas por mecanismos extra-sociales, y que no se impida en absoluto la formación de nuevos partidos políticos y la renovación de cuadros de los partidos existentes. Además de que las campañas electorales no deben convertirse en mercado electoral, volveremos sobre esto en la última parte de nuestro análisis.

Resumiendo, podemos decir los partidos políticos articulan intereses contradictorios buscando la permanencia de la sociedad, la cohesión e integración social. De este modo, podemos señalar que la democracia existe sólo si existen partidos políticos que reflejen la diversidad social en las instancias de decisión política, acompañado esto de una sociedad civil organizada y activa que renueve constantemente la política cuando ésta deja de ser representativa, en una especie de democracia permanente que es ejercicio, acto y deliberación constante. Para ello es necesaria una legislación electoral y de partidos que permitan la renovación, el recambio de ideas y la creación de nuevos partidos que reemplacen a los que pierdan capacidad de representación, además del aspecto fundamental y piso base de toda democracia, como es garantizar derechos fundamentales que permitan el libre despliegue de

(20)

20 Seminario Estudios de la República

la sociedad civil: libertad de asociación, de conciencia, de movimiento, seguridad psíquica y física, y una cultura en el uso de aquellos derechos.

Ello no es algo descabellado ni sustancialmente utópico, nos parece algo posible atendida la historia del país, algo que se puede conseguir sin violencias ni derramamiento de sangre. Es cierto que nuestra historia ha llevado a que las coyunturas críticas se decidan por medio de la violencia, porque la sociedad civil no ha tomado el papel que le corresponde y los partidos políticos han sido ciegos hacia la sociedad. Pero la historia enseña, y lo que funcionó mal antaño puede intentarse nuevamente, en otro contexto, con otras personas, con otra experiencia.

Sobre la democracia futura y las perspectivas de cambio en Chile Sobre la democracia futura y las perspectivas de cambio en ChileSobre la democracia futura y las perspectivas de cambio en Chile Sobre la democracia futura y las perspectivas de cambio en Chile

Consideramos necesario realizar este acápite final pues vivimos tiempos de cambio, de discursos exacerbados, de expectativas no cumplidas. En una coyuntura tal es imperioso tener las ideas claras y saber qué se está diciendo y por qué. Vimos que el movimiento social actual no considera como interlocutor válido al poder legislativo, y que hay teorías como la de Gabriel Salazar que critican fuertemente la democracia partidista y claman por una democracia directa de los grupos organizados del país, organización en ciernes que difícilmente podría vislumbrarse claramente por ahora, teoría seguida por muchos grupos de estudiantes maravillados ante el poder hipnótico de la argumentación salazareana. Dichas ideas se sustentan, a nuestro juicio, en una interpretación errónea de la historia nacional.

¿En qué sentido? Primero, se analiza el tiempo presente como si toda la historia de Chile hubiese sido igual. Como si la política anémica que vivimos hoy y la crisis de representación hayan sido la tónica de toda nuestra historia. “Los políticos no nos escuchan, seguramente nunca nos han escuchado, nuestras demandas no han sido acogidas jamás, nos han derrotado violentamente, el sistema político partidista debe desaparecer”. Además se concluye a futuro: siempre ha sido así, es imposible mejorarlo.

Hagamos un poco de memoria, adentrémonos en los recovecos de la historia republicana, desmitifiquemos ciertos argumentos que se han dado como incuestionados últimamente. ¿Hemos vivido siempre en la crisis de representatividad?, ¿nunca se ha escuchado a la ciudadanía?, ¿nuestro tiempo es similar a los que lo precedieron?

Para responder estas interrogantes consideraremos la historia nacional desde inicios del siglo XX, la de la primera mitad del siglo XIX no nos es de utilidad alguna a dicho propósito puesto que no existían partidos políticos sino facciones, pipiolos y pelucones. No se puede hablar de democracia tampoco, la política era netamente elitista. La segunda mitad del siglo aludido representa cierta complejidad pues es una época de transición en que emergen los

Figure

Actualización...

Referencias