Diez Mandamientos para Dar la Bienvenida a los Visitantes en la Misa

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1. Cultive la virtud de la hospitalidad en la Misa.

Muchos asistentes a la Misa tienden a reunirse en pequeños grupos e ignorar a aquellos que no son miembros de su grupo particular. Ellos, en realidad, no son inhospitalarios, solo desatentos a la necesidad de hospitalidad. Haga de la hospitalidad un nuevo hábito cuando asista a misa.

2. Llegue temprano, salga tarde.

En lugar de llegar apresuradamente para estar a tiempo en la misa, y apresurarse a salir al concluir, tome el tiempo para llegar temprano y permanecer un poco más tarde. Haga un espacio en su ocupada vida para saludar y pasar tiempo con otros en misa.

3. ¡Vaya en paz a saludar a alguien!

Busque a alguien que no haya conocido antes. Extienda su mano, preséntese usted mismo, y tome unos minutos para darle la bienvenida a su hogar parroquial, la casa de Dios.

4. Dé la bienvenida a todos.

No solamente los visitantes necesitan su cálida bienvenida, también es necesario saludar amigablemente a quienes asisten a misa con regularidad. Desarrolle un buen apretón de manos y sea entusiasta acerca de su parroquia. Usted está saludando a otros en el nombre de Cristo.

5. Ayude a los recién llegados a relacionarse.

Al conocer a los nuevos visitantes, preséntelos a otros feligreses cuando sea oportuno. Siéntase en libertad de invitar a los visitantes a sentarse cerca de usted. 6. Despídase con genuina calidez.

Después de misa, despídase de los visitantes, invitándolos a regresar la siguiente semana. Si surge la oportunidad preséntelos con el párroco.

Diez Mandamientos para Dar la Bienvenida a los

Visitantes en la Misa

Dar la bienvenida a quienes llegan por primera vez a su parroquia,

no sólo es trabajo del personal pastoral, de los acomodadores, o de

los ministros de hospitalidad o de bienvenida. Es responsabilidad de

todos. Aquí se mencionan diez cosas que usted puede hacer para

ofrecer una mejor hospitalidad en su parroquia.

7. Evite los negocios parroquiales.

Evite conducir negocios parroquiales con otros inmediatamente, bien sea antes o después de la misa. Enfóquese en los visitantes.

8. Proporcione a los visitantes información acerca de la parroquia.

Asegúrese de que el visitante tenga un boletín y otra información acerca de la parroquia antes de retirarse. Si hay una reunión social después de misa, invíteles. 9. Sea parte del equipo del ministerio de recepción.

Las parroquias tienen siempre necesidad de personal de recepción para apoyar regularmente, dar la bienvenida, y proveer formación continua a nuevos

receptores. Ayude, sea un receptor. Si su parroquia no tiene receptores, ¡ahora es el momento de iniciar!

10. Salude a quienes ya forman parte del ministerio de hospitalidad. No necesita desatender a las personas que ya son ministros de hospitalidad para hacer sentir en casa a los visitantes. Un simple saludo y una sonrisa significan mucho.

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Debido a que lo he experimentado personalmente, yo creo que cuando las personas poseen las diez virtudes en sus vidas experimentan un amor más profundo con Dios, en Cristo, lo cual naturalmente les lleva a desarrollar un ardiente deseo de compartir ese amor con otros. Con su fe ardiente por el poder del Espíritu Santo, ellos se esfuerzan por ser los mejores discípulos y corresponsables que puedan ser. La vida de las personas es transformada.

El cultivar las diez virtudes de oración, humildad, confianza, paciencia, responsabilidad, gratitud,

generosidad, sencillez, misericordia y perseverancia, guiará consecuentemente al discípulo cristiano a vivir una vida de corresponsabilidad.

Oración: si nosotros hemos de crecer en santidad y en nuestra relación con Dios, la oración es absolutamente esencial. Humildad: la dependencia total de Dios es el sello de la humildad. Un corresponsable cristiano está lleno de humildad no de orgullo. Confianza: el corresponsable cristiano busca confiar más en Dios y confiar menos en sí mismo. Paciencia: “El amor es paciente” 1 Corintios 13:14. El corresponsable cristiano es paciente con Dios, con los otros y consigo mismo. Responsabilidad: “Bien, siervo

bueno y fiel” Mateo 25:19. Ser responsable es entender

primero que nosotros no somos nuestros propios maestros, o los dueños de todo lo que poseemos. Nosotros pertenecemos a Dios, y todo lo que tenemos nos ha sido dado por un Dios bueno y generoso. Todo es un don para ser usado y compartido responsablemente. Gratitud: ser corresponsable

significa vivir cada día en gratitud, no en envidia. El secreto para la felicidad no se encuentra en tener más, sino en querer menos. Generosidad: para el corresponsable, la auténtica generosidad nace de una actitud de gratitud. Para el corresponsable cristiano, la acción de dar es motivada por una necesidad de dar más que por dar a una necesidad.

Sencillez: “Vivir simplemente para que otros puedan

simplemente vivir,” beata Madre Teresa. Adoptar un estilo de

vida más sencillo le permitirá apreciar la abundancia que usted disfruta comparada con la de millones de personas en el mundo. Esto además abre la puerta para vivir más generosamente. Misericordia: una de las medidas más grandes de la misericordia es la habilidad para perdonar. Los corresponsables cristianos están dispuestos a perdonar a otros y a ellos mismos. Perseverancia: la forma de vida de la corresponsabilidad es gozosa y gratificante, pero al mismo tiempo es desafiante y algunas veces difícil, por tanto, la virtud de la perseverancia es vital en la jornada.

“Los discípulos maduros toman una decisión consciente, firme, llena de acción, para ser seguidores de Jesucristo sin importar el costo para ellos.” (Corresponsabilidad: La

Respuesta del Discípulo, 1992 USCCB)

Es importante recordar que esto no se trata de un arreglo rápido; la transformación no pasa en un solo momento, sino en toda una vida. La corresponsabilidad es un camino, y citando a ese gran corresponsable, el fallecido Arzobispo Thomas Murphy, “¡Es un camino que bien vale la pena tomar!”

Este artículo es la décima segunda y última parte de una serie de 12 reflexiones sobre las virtudes de la corresponsabilidad, escrito por Dan Potvin, miembro de ICSC, Director de Corresponsabilidad de la Arquidiócesis de Winnipeg, Canadá.

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