LA INCAPACIDAD HUMANA LA OTRA CARA DE LA MONEDA

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LA INCAPACIDAD HUMANA LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Jesús le dijo (a Tomas): Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; NADIE viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6

Pobremente entendido entre los cristianos a pesar de ser uno de los versos más conocidos y proclamados. Sin embargo, el día de hoy, con la invaluable ayuda del Espíritu Santo, nos sumergiremos en el profundo significado que hay detrás de aquellas bellas palabras proclamadas por nuestro Salvador, Jesucristo.

Hemos de basar nuestro estudio en el siguiente fragmento del verso: NADIE viene al Padre, sino por mí, el cual dividiremos en dos secciones con el objetivo de exponer la totalidad de las grandiosas verdades ocultas en el mismo, de tal manera que pueda ser entendido por todos nosotros, aunque no todos lo podamos aceptar. Pues deben tener en mente que algunos de ustedes, tal vez, estén listos para objetar las cosas que yo afirmo; pero tienen que recordar que eso no me afecta; yo voy a enseñar en todo momento esas cosas que yo creo verdaderas, sin permiso y a pesar del estorbo de cualquier ser que respire. Ustedes tienen la libertad de hacer lo mismo en sus propios lugares, y de predicar sus propios puntos de vista en sus propias congregaciones, de la misma manera que yo reclamo el derecho de predicar mis convicciones, plenamente y sin ningún titubeo.

Primeramente, ¿Qué implica el venir al Padre? Bueno, ¡venir al Padre lo es todo! De eso se trata el Evangelio, ese es el ÚNICO objetivo, razón y propósito del Sacrificio de nuestro amado Salvador Jesús. ¿Qué dicen las Escrituras?

Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar a muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de

la salvación de ellos. Hebreos 2:9-10

¿Qué es la gloria sino el CONOCER AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO? Y esto es, a la vez, la Vida Eterna, pues ¿qué dicen las Escrituras? Esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3 El hecho de que NADIE puede venir al Padre sino ÚNICAMENTE POR CRISTO, implica que NADIE puede ser salvo sino ÚNICAMENTE POR CRISTO, de ahí que el Señor afirmara que ÉL ES EL CAMINO, no un camino, no otro camino, sino EL ÚNICO CAMINO. Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro (Romanos 7:23)

Alguno se preguntará, ¿dónde radica, pues, la incapacidad del hombre? Responderemos a dicha pregunta al dar respuesta a la siguiente: ¿por qué nadie puede venir al Padre?

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La respuesta a dicha interrogante radica en uno de los atributos de nuestro Dios, su SANTIDAD. Porque Jehová es SANTÍSIMO. Tan SANTO que ¡se santifica a sí mismo! Pues, ¿qué dicen las Escrituras?

Y por ellos YO ME SANTIFICO A MÍ MISMO, para que también ellos sean santificados en la verdad. Juan 17:19

Tan GRANDE que no sólo se santifica a sí mismo, sino que también ¡jura por sí mismo! Pues, ¿qué dicen las Escrituras?

Pues cuando hizo la promesa a Abraham, NO PUDIENDO jurar por uno mayor, JURÓ POR SI MISMO. Hebreos 6:13

Aunque el estudio de la GRANDEZA de nuestro Dios forma parte de la base de nuestra amada religión, no es sino su SANTIDAD el atributo al que nos remitiremos el día de hoy. Tan MAGESTUOSO que ha constituido serafines que proclaman su SANTIDAD de día y de noche.

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: SANTO, SANTO, SANTO es el Señor Dios Todopoderoso, el que

era, el que es, y el que ha de venir. Apocalipsis 4:8

Por encima de ÉL había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos CUBRÍAN SUS ROSTROS, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: SANTO, SANTO, SANTO, Jehová de los ejércitos; TODA LA TIERRA ESTÁ LLENA DE SU GLORIA. Isaías 6:2-3 Servimos, pues, a un Dios que es TRES VECES SANTO; lo anterior debe generar en nuestras almas dos sentimientos: regocijo e inquietud.

Posiblemente te preguntes ¿Por qué inquietud? Porque al ser un Dios SUMANETE SANTO, es necesario que quienes se acercan a Él sean santos como Él es SANTO.

(…), como aquel que os llamó es SANTO, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque YO SOY SANTO. 1 Pedro 1:15 [Lv. 11:44-45; 19:2] Es en este punto donde colisionamos cual aerolito contra la tierra, pues nos percatamos de nuestra miserable incapacidad para hacernos aceptos delante de Jehová y, por consiguiente, para acercarnos confiadamente ante el Gran Trono Blanco (Ap. 20:11), pues ¡somos asquerosamente pecadores! ¡Totalmente depravados! ¡Perversos y malignos¡ ¡Todo designio de los pensamientos de nuestro corazón es de continuo solamente el mal! [Génesis 6:5] No existen palabras que puedan describir la terrible condición del hombre, tan terrible que se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón [Génesis 6:6] ¡Cuán terrible hemos de ser, que nuestro Creador se arrepintió de habernos creado!

¿Acaso se me acusa de denigrar la naturaleza humana? Entonces es porque ustedes no la conocen. Si Dios les hubiera manifestado la condición de su propio corazón alguna vez, ustedes mismos darían testimonio que, lejos de exagerar, mis pobres palabras no logran describir el estado desesperado de nuestro mal. Si cada uno de nosotros pudiera mirar al

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corazón hoy. Si nuestros ojos se pudieran volver a nuestro interior, para poder ver el pecado que escrito está con sincel de hierro, y con punta de diamante sobre la superficie de piedra de nuestros corazones, diríamos entonces que el predicador, independientemente de la manera como pueda describir la situación desesperada de la culpa, bajo ningún punto podría exagerar.

Terrible y miserable es nuestra condición que ni siquiera hacemos el bien que queremos; mas el mal que no queremos, éste hacemos.

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que EL MAL ESTÁ EN MÍ. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Romanos 7:14-24 ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado? Proverbios 20:9 ¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer? He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos. ¿Cuánto menos el hombre que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano? Job 25:4-6 Es verdad que la Escritura dice: ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra [Salmo 119:9], pero tan cierto como aquello es el hecho de que (…) encerró la Escritura todo bajo pecado, (…). [Gálatas 3:22]

Lo que el Apóstol Pablo quería expresar es que: La Escritura cerró por TODOS lados TODO bajo pecado, de manera que fuera imposible justificarse para con Dios por medio de las obras de la ley [Gálatas 3:11].

Consciente de su incapacidad, el salmista pregunta: ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en el lugar de su santidad? El limpio de manos, y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. [Salmo 24:3-4]

Bajo dichas condiciones ¿quién subirá al monte de Jehová?, ¿quién estará en el lugar de su santidad?, y ¿quién podrá acercarse confiadamente ante el Gran Trono Blanco? Ciertamente NADIE puede hacerlo, es por esa razón que nuestro Señor Jesús-Cristo dijo: NADIE viene al Padre.

Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas. Nubes y oscuridad alrededor de ÉL; justicia y juicio son el cimiento de su trono. Fuego irá delante de Él, y abrasará a sus enemigos alrededor. Sus relámpagos alumbraron el mundo; la tierra vio y se estremeció. Los montes SE DERRITIERON COMO CERA delante de Jehová, delante del Señor de toda la tierra. Los cielos anunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria. Salmo 97:1-6

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Hagamos un ejercicio mental, pensemos en la situación utópica en la que un hombre impío y pecador entra en el Santuario de Jehová, mi pregunta es ¿qué ocurriría con el tal? Teniendo en cuenta tan sólo dos verdades bíblicas fundamentales podemos llegar a una conclusión certera.

1. Nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:29), y

2. Todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa (Malaquías 4:1). Fuego consumidor + estopa = cenizas

Por lo cual dice la Escritura: Y hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo hago a dicho Jehová de los ejércitos. (Malaquías 4:3)

Si los montes se derriten como cera delante del Señor, ¿qué sería de nosotros, miserables pizcas de polvo?

Incluso cuando el ejercicio mental haya permitido entender el mensaje, no dudaremos en hacer referencia a acontecimientos bíblicos que den testimonio de que las aseveraciones realizadas son verídicas, uno de ellos es la descensión de Jehová ante el pueblo de Israel en el monte de Sinaí.

Y Jehová dijo a Moisés: Vé al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí, y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, NO SUBÁIS AL MONTE, NI TOQUÉIS SUS LÍMITES; cualquiera que tocare el monte, DE SEGURO MORIRÁ. No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, NO VIVIRÁ. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte. Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer. Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nuble sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante. Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. Y también se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago. Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo. Y Jehová le dijo: Vé, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; más los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que se haga en ellos estrago. Entonces Moisés descendió y se lo dijo al

pueblo. Éxodo 19:10-25

Ni siquiera después de haberse santificado se le permitió al pueblo y a los sacerdotes que traspasasen el límite para subir a Jehová. Muestra de que aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, tu pecado está sellado delante de mí, dijo el Señor Jehová. Jeremías 2:22

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La SUPREMA SANTIDAD DE DIOS pone límites al hombre, límites que NO PUEDEN SIQUIERA SER TOCADOS porque MORIRÍA todo aquel que lo intentase. La SANTIDAD DE DIOS es tan indescriptible que haría caer muerto a cualquier hombre. Aún lo santificado por Él puede mandarte a la tumba, basta tan sólo recordar lo que le aconteció a Uzza, Moisés, Manoa e Isaías.

Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. [2 Samuel 6:6-7; 1 Crónicas 9-10]

Viendo Jehová que Moisés iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: NO TE ACERQUES; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Éxodo 3:4-6

Porque aconteció que cuando la llama subía el altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra. Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa a su mujer: CIERTAMENTE MORIREMOS, porque a Dios hemos visto. Jueces 13:20-22

Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos CUBRÍAN SUS ROSTROS, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. (…) Entonces dije: ¡AY DE MÍ! QUE SOY MUERTO; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Isaías 6:2; 5-7

¡Aún los santos serafines no eran dignos de ver la GLORIA DE JEHOVÁ, por lo que cubrían sus rostros con dos alas! ¡Aún de tomar con las manos el carbón encendido del altar de Nuestro Santísimo Dios eran indignos!

Hemos comprendido que no importa la frecuencia ni la cantidad de lejía con la que te laves, aunque amontones jabón sobre de ti, NUNCA seremos lo suficientemente LIMPIOS como para entrar confiadamente al Reposo de Nuestro Señor, al SATUARIO DEL ANCIANO DE DÍAS.

De esta forma acabo de presentar nuestra teoría de la incapacidad humana, y de sugerir, de manera implícita, las diferencias que existen entre dos grandes grupos de la iglesia que profesa la fe. Será mi tarea demostrar lo grandioso de la redención de Cristo Jesús; y al hacer eso, espero ser capacitado por el Espíritu de Dios, para exponer la totalidad del gran sistema de redención, de tal manera que pueda ser entendido por todos nosotros, aunque no todos lo podamos aceptar.

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