Ethos y concepto: una genealogía de la verdad en Friedrich Nietzsche

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Resumen

El siguiente artículo aborda el problema de la verdad en Nietzsche desde un enfoque histórico-genealógico de los Nachgelassene Fragmente, comprendidos entre 1869 y 1873. Retomando la crítica a la metafísica desde los elementos vertidos en Über Wahrheit un Lüge im aussermoralischen Sinne, el presente trabajo explicita las dimensiones estética-éticas implícitas en la génesis de los conceptos. Para Nietzsche en el origen del lenguaje no sólo se encuentran expresas capacidades artísticas-interpretativas y condicionamientos de órdenes fisiológicos, sino también, imperativos y prácticas sociales. El problema de la verdad no reside en el juicio lógico-proposicional, como lo planteara la tradición, sino que se enmarca en lo verosímil y la veracidad que determina el «impulso de verdad», el ethos. De este modo, desplazando lo más genuino del comportamiento metafísico, al ámbito de la configuración estética arraigada en la praxis, la perspectiva nietzscheana resulta significativa para pensar las problemáticas sociales y humanas actuales.

Palabras clave: verdad, Nietzsche, ethos

Ethos y concepto: una genealogía de la verdad en Friedrich Nietzsche

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Ethos

and concept: a genealogy of the truth in Friedrich

Nietzsche

Abstract

The following article is about the problem of truth in Nietzsche from a historical-genealogical approach of the Nachgelassene Fragmente, between 1869 and 1873. From the elements of the critique of metaphysics that Nietzsche develops in Über Wahrheit und Lüge im aussermoralischen Sinne, the objective of the present work is to make explicit the aesthetic-ethical dimensions implicit in the genesis of concepts. For Nietzsche at the origin of language not only exist artistic-interpretative capacities and conditionings of physiological orders, but also, social imperatives and practices. The problem of truth is not in the logical-propositional judgment, as the tradition suggests, but is framed in the verisimilitude and veracity that the «impulse of truth», ethos determines. Thus, shifting the most genuine thing of metaphysical behavior, to the field of aesthetic configuration rooted in the praxis, the nietzschean perspective is significant to think about the current social and human problems.

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Ethos

y concepto: una genealogía de la verdad en Friedrich

Nietzsche

Presentación

Nietzsche entreteje durante todo el período denominado por la crítica como «período de Basilea» (1869-1873) un discurso referente a la verdad de doble carácter. Uno de fuerte impronta negativa destinado a la demolición del discurso contemplativo-representativista marcado por la tradición filosófica en relación a la verdad. Y otro, que podríamos denominar en contrapartida, de carácter positivo (Maresca, et al. 1997) en tanto aborda el problema de la verdad, no desde las definiciones cultivadas en el terreno de la gnoseología, sino desde las sugerencias o alusiones que posibilitan las dimensiones estético-prácticas del mismo1.

Mediante el juego de las confluencias permanente de lo estético y lo ético, Nietzsche va eliminando paulatinamente los caracteres fundantes de la filosofía representativista o tradicional, la cual privilegiaba el carácter racional-teórico (especulativo-abstracto) sobre el práctico-político; y la actitud ascética (contemplativa-receptiva), sobre la estética, intencional y creativa.

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transformar la existencia en digna de ser vivida a sabiendas que el fondo inquietante y abismal de la existencia no admite su total traducción a la apariencia. De este modo, desplazando lo más genuino del comportamiento metafísico al ámbito de la configuración estética arraigada en una praxis determinada y real, Nietzsche consolida su perspectiva de «ver la ciencia con la óptica del artista, y el arte, con la de la vida». ( eKGWB/GT-2)2

Así, tal como lo entiende Nietzsche, esta metafísica de artista no se pretende científica, su misión es estimular lo más vital de la existencia mediante una crítica feroz a la esclerosis de los conceptos que ubicados en sentido opuesto y cada vez más distantes de la verdad auténtica, se presentan como fundamento de un orden social, moral y político decadente. Desplaza el terreno de la metafísica hacia la ética. La verdad no se realiza en el orden de los conceptos sino en el estético-práctico.

El carácter subjetivo-artístico del conocimiento/verdad

Nietzsche comienza su diagnóstico de la verdad, desde el esclarecimiento y puesta en escena de lo que llamará el sentimiento o «impulso hacia la verdad» (der Trieb zur Wahrheit), hacia el pathos desde el cual se ejerce. El intelecto como artífice de la representación es caracterizado en las primeras páginas de Über Wahrheit und Lüge (Nietzsche, F: 2009) como un instrumento que «los seres inteligentes» necesitan para sobrevivir; como un producto tardío de la evolución que hace posible la vida del animal más débil y desvalido dentro de la naturaleza. (eKGWB/WL-1)

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Enmarcándose en una crítica de corte escéptico Nietzsche valora la faz pragmática–operativa del conocimiento a su vez que niega tanto la posibilidad de acceso a cualquier realidad trasfenoménica, como la justificación racional del mismo. No hay ninguna posibilidad de acceso al en sí de las cosas y toda expresión conceptual o ideal del mismo —al estar ubicado en el término opuesto al de la experiencia, a lo más genuino de la existencia — merece nuestra mayor desconfianza3.

Su crítica al conocimiento desde la perspectiva estética del lenguaje le permite invalidar cualquier pretensión científica-racional de entronizar el «concepto» como expresión adecuada y universal de la existencia. El concepto, como petrificación o destilación última de la pluralidad de la experiencia individual o colectiva, aparece como el residuo de una metáfora, como la mera continuidad residual de un denominador común, de un aspecto que se considera vinculante y que se postula como esencial. Si observamos cómo surgen o postulan los conceptos desde un proceso que condensa la multiplicidad individual y vital de la experiencia en un esquema unívoco, general y abstracto de los conceptos4, encontramos que su único

valor, es de índole social en su utilidad para la comunicación y entendimiento intersubjetivo. Lo que busca el lenguaje-concepto no es la expresión acabada de una realidad transmundana, sino el entendimiento en cuestiones o consecuencias prácticas.

El contraste entre verdad (concepto de orden epistemológico) y mentira (de orden moral) se determina mediante la interacción del código lingüístico que establece lo verdadero y el pacto social que lo hace veraz contraponiéndolo a la mentira, es decir a las designaciones o tergiversaciones impropias que afectan la vida social y por lo tanto a la pervivencia de la especie. La designación «rico» por «pobre» es impropia no tanto porque no refleje la realidad tal cual es, sino porque no respeta el valor estipulado por el pacto social5. (Quesada, 1988) (Conill Sancho, 2007)

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un residuo metafórico de un conjunto variado, concreto e intuitivo de la experiencia, es lo que le permitirá a Nietzsche impugnar la pretensión de validez «teórica»-universal del conocimiento. Con el término metáfora Nietzsche al hacer mención a la imposibilidad de acceso y captura de lo en , nos advierte a su vez, del carácter traslativo que remite todo concepto al presentarse como un desplazamiento o traducción de «algo» que presentado en el orden de la percepción, es llevado a otro de orden diferente.

«La "cosa en sí" (que sería precisamente la verdad pura y sin consecuencias) resulta totalmente inaccesible, aunque tampoco lo desea quien crea un idioma, pues éste se limita a designar las relaciones que guardan las cosas con los hombres y a expresarlas mediante las metáforas más audaces: traspone una excitación nerviosa a una imagen (primer metáfora), y convierte a su vez esa imagen en sonido (segunda metáfora); y en cada caso salta de una esfera a otra diferente» (eKGWB/WL-1)

El viejo problema del escepticismo antiguo: en caso de que algo fuera conocido esto sería incomunicable, es traído y reformulado por Nietzsche desde la problemática del lenguaje. Si bien durante toda la etapa de Die Geburt der Tragödie, Nietzsche parece de una manera vaga y poco precisa proclive a aceptar, al menos, una mayor aproximación del gesto o el sonido al fondo vital de la existencia, y desde nuestro punto de vista, no perseguía esta otra cuestión que subrayar la pobreza del concepto, en Über Wahrheit und Lüge logra traducir dichas intuiciones a un lenguaje cada vez más personal, y es ahora vuelto a tratar sintéticamentepara señalar su carácter inadecuado y arbitrario.

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Lo que Nietzsche intenta una y otra vez es desacralizar, desenmascarar, el concepto como «lugar» de la verdad. La tradición filosófica de cuño representativista (preponderantemente aristotélica-tomista) había hecho del juicio, en tanto combinación de conceptos, el arca de la verdad. Ahora el concepto es entendido como fruto de un comportamiento estético, de origen artístico, es decir no necesario-causal-científico, como el residuo de una metáfora, de una traslación de sentido, una transcripción alusiva, de una esfera a otra diferente. El conocimiento, de este modo, es interpretación, es un como si, un ver algo como tal, un comparar de lo desconocido con lo conocido, una apropiación de lo diferente desde algún carácter común de lo conocido.6

Parcelando y recortando la pluralidad bajo un denominador común, el intelecto alza el frio columbarium de los conceptos direccionándose hacia cada vez más hacia el terreno de lo abstracto, general y seguro. El estridente torbellino de la existencia es sofocado por el hálito frio del concepto; el uso correcto del concepto según su clasificación estipulada es ahora el criterio de verdad. La verdad hace referencia al «ámbito de la razón» a las creaciones, funciones y combinaciones del entendimiento. Tomando las designaciones por las cosas mismas (gracias al olvido de la imposibilidad de acceso y de los innumerables aspectos particulares de las cosas) la verdad queda enmarcada en el uso o aplicacióncorrecta de dichas designaciones7. Así el científico olvida

el «carácter metafórico de las intuiciones originarias, y las toma por las cosas mismas». El hombre, de este modo, olvida su condición de sujeto artísticamente creador y creyendo percibir correctamente se admira, obnubila y enorgullece en sus propias construcciones; el hombre teórico desde su red conceptual cree haber calmado el agitado mar de la existencia y en su propia obra o creatura encuentra un ser merecedor de su mayor respeto. Olvidando o ignorando que la indescifrable X de la naturaleza sigue inexpugnable.

Un abordaje al conocimiento desde la perspectiva del hombre intuitivo-artista libera al intelecto de la servidumbre que el lenguaje convencional o la ciencia conceptualizadora había sometido. Aquí,

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su habitual esclavitud cuando puede engañar, sin hacer daño alguno (…) En comparación con su anterior esclavitud, todo lo que hace ahora implica fingimiento, como lo que hacía antes entrañaba deformación». (eKGWB/WL-2)

Desde esta perspectiva la potencia, el impulso metaforizador que anima al intelecto, se libera de su indigencia, del corset de los conceptos (de la identidad pretendida de lenguaje-realidad, de las aspiraciones y autoreferncialidad de la ciencia) y abreva o religa a las intuiciones, las cuales nos remite a la instancia extra-moral que funda el impulso a la verdad. Ahora el sujeto desea dominar la existencia, desde los medios que le proporciona el arte que en su «inmediatez del engaño» somete de un modo diverso la vida.

El hombre racional abandonando la actividad artística-creativa del lenguaje, se limita a utilizar los conceptos ya dados, a trabajar con el residuo de una metáfora, de una vivencia vital y originaria. No es consciente del carácter artístico de su conocimiento, se limita a extender y perfeccionar el control y dominio sobre las cosas que no es otra cosa que un perfeccionamiento o una prolongación más depurada de su animalidad. El concepto como residuo de metáfora denota la pérdida de su energía vital y de su aspecto social.

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concepto no sólo se encuentra larvado capacidades artísticas interpretativas, condicionamientos de órdenes fisiológicos, sino también imperativos sociales. (De Santiago Guervós, 2004)

El carácter social-lingüístico del conocimiento/verdad

Tradicionalmente el pensamiento filosófico ha ubicado la verdad en el terreno de la gnoseología, en el ámbito de la teoría del conocimiento, o de un modo, quizás más crítico, en la epistemología. Entendiendo al conocimiento como la actividad desinteresada y contemplativa que ejercita el hombre teórico en su afán por alcanzar la representación más acabada de la realidad, la historia de la filosofía, ha relegado la verdad al ámbito del juicio, al acto de enunciación que realiza el sujeto en relación al objeto. A la capacidad o posibilidad representativa entablada entre intellectus et rei.

Pero esta perspectiva mantenida por la tradición despierta la sospecha de Nietzsche quien a través de su crítica al lenguaje como elemento posibilitante del conocimiento y constitutivo de la cultura (ethos), evidenciará de qué manera dicha perspectiva no es más que el ocultamiento de otro tipo de relación que se muestra como primordial y fundante: la humana. Así, para Nietzsche el concepto de verdad expresará un tipo o modo de relación humana determinada: la verdad no se establece a partir de un interés o vinculación gnoseológica con la realidad expresada en el juicio, sino en la relación humana constituida a partir de un ethos. La idea de verdad sigue indicando una relación, pero ahora la relación primordial es la humana y el lugar de la verdad el de lo ético-social.8

Desde una clara herencia kantiana-schopenhaureana, Nietzsche delimitará el intelecto a lo que en Kant sería elámbito de lo fenoménico9

desde una descripción marcadamente naturalista del mismo, donde su misión reside en la perpetuación de la especie y toda aplicación y ambición a ser aplicado más allá de lo humano como fruto del impulso del conocimiento, no está justificada.

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(Nietzsche, F. 1980) sino que atraviesa la totalidad del póstumo desde diferentes escorzos. Caracterizado durante toda la primera sección como impulso de verdad es profundizado a partir de la segunda desde la caracterización o idea de impulso metafórico. Los impulsos de verdad y metafórico, son dos figuras del mismo impulso de conocimiento que le permiten a Nietzsche ir estableciendo a la genealogía de la verisimilitud. El primero agrupa y expresa de manera original sus percepciones referentes al problema del conocimiento llevadas a cabo a partir de la lectura de autores postkantiano tan disímiles como Schopenhauer, Lange o Hartman y el segundo le posibilita aproximarse a un lenguaje más propio sintetizando dichas lecturas y percepciones desde sus recientes lecturas de Gerber. El pathos de Verdad y metáfora, no son impulsos diferenciados o disímiles, sino el desdoblamiento o despliegue del mismo impulso de conocimiento que configura el entramado de verdad.

De un modo similar a Kant, Nietzsche también observa que el intelecto tiende a sobrepasar el ámbito fenoménico. Pero a diferencia de éste, Nietzsche no escudriñará las posibilidades de la razón desde ella misma, sino que la indagará desde la emergencia de lo que él mismo denomina: impulso osentimiento de verdad. Una especie de «crítica de la razón impura» realizada desde el ámbito vital (cultural-instintivo) que la posibilita, y desde la óptica del arte que presupone entender este impulso como impulso metafórico.10

Así, el joven Nietzsche comienza su demoledora crítica a la concepción de la tradición desde la caracterización de la perspectiva que él mismo tipifica como: hombre teórico11 desde donde

«se determina lo que a partir de entonces ha de considerarse “verdadero”, es decir se inventa una forma universalmente válida y obligada de designar las cosas, y el código lingüístico suministra asimismo las primeras leyes de la verdad, pues en este terreno aparece por vez primera la oposición entre verdad y mentira» (eKGWB/WL-1)

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hacia el código o convención. Si bien el lenguaje sigue expresando la relación que entabla el hombre con los entes, ahora se comienza a remarcar su carácter intersubjetivo, su capacidad de vínculo con otros hombres. Verdad y mentira más que valores epistemológicos, son valores sociales, corresponden al uso correcto de las designaciones conceptuales establecidas por el pacto social. El sustrato de esta búsqueda de la verdad que se pretende pura y desinteresada en realidad responde al interés del individuo en evitar las consecuencias (morales-sociales) dañina que podrían resultar de las mismas. La verdad y la mentira se fundan en la obligación moral establecida por la convivencia social.

A contracorriente de la tradición no cree que el conocimiento sea el ámbito de la verdad, ni que su tarea sea la suprema ocupación del hombre. El conocimiento no es algo natural sino un artificio, un invento, un relato fabuloso que mantiene engañado a su poseedor en la creencia de que por medio del mismo puede alcanzar lo verdadero en sí, real y de validez universal, prescindiendo del hombre.(eKGWB/WL-1)

El conocimiento se le revela como un invento que responde a la necesidad de adaptación y sentido. El intelecto no sólo se presenta como el instrumento más eficaz para la pervivencia o adaptación al medio de una especie desposeída de otra capacidad significativa, sino también como el invento o el recurso más sutil y mejor logrado de una especie para dar sentido o encubrir con un manto ilusorio (Whan) el problema de la existencia.

El intelecto como excepción lamentable, vaga, fugitiva, inútil y arbitraria está a merced del arte del disimulo convenciendo a sus poseedores de que mediante el conocimiento podrá acceder (e incluso corregir12) a la instancia

absoluta de la verdad en sí, cuando su fin no es otro que crear, mediante un refinado andamiaje conceptual, la instalación de un cierto orden ético-social. El concepto más que tender un puente haciael abismo del ser, lo que hacer es establecer, erigir y consolidar un determinado orden social-político, de castas13.

El conocimiento de la verdad parece estar fuera de la relacióncon las cosas y empieza a mostrarse como el ocultamiento de una relación humana14.

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conocimiento, parecen, en última instancia, enmascarar lo terrible de la relación entre los hombres15.

Para Nietzsche el hombre es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencia. Su principal interés, su impulso primero, no es de orden gnoseológico, sino de afirmación de la existencia desde lo ético-social.

El hombre mediante la red de los conceptos crea (intuitiva y artísticamente) el medio para sobrevivir gregariamente a las inclemencias de la existencia. De este modo para no sucumbir ante el medio o ante los otros hombres, debe crear un tratado de paz con el cual atenuar el estado de lucha de todos contra todos que implica la supervivencia.

Surge así una designación de la cosa uniformemente válida y de carácter obligatorio. Aceptado de este modo bajo un ropaje de adecuación gnoseológica un orden político-social determinado.

Se estipula así, a partir del concepto, las determinaciones necesarias para la existencia y el orden necesario para la convivencia. El concepto (lenguaje) es lo que permite determinar, clasificar, ordenar e instituir o erigir lo que se estima conveniente

El concepto (Begriff) no solo determina o parcela el mundo de los entes sino que en ello jerarquiza, establece y distribuye un orden social dado. La creencia en la posibilidad de conocer la verdad de las cosas y el andamiaje conceptual que de él surge concede seguridad, protección, y equilibrio frente a las hostilidades que el hombre encuentra y ejerce. El orden de los conceptos, el invento del conocimiento, la posibilidad de hallazgo de la verdad y el carácter de obligación que dicho tratado de paz comporta, se revelan como un mecanismo necesario para su seguridad, es el recurso de «los seres más infelices, más delicados y más efímeros». (eKGWB/WL-1)

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(no ya de los juicios del intelecto) prescribe y define qué son las cosas y el lugar que debe ocupar cada uno. Estableciendo una designación válida para las cosas, un orden social, establece un modo determinado de relacionarse del hombre con las cosas, el medio, y con otros individuos. La verdad se muestra como un invento «regulador» de las relaciones humanas que ha olvidado que lo es. El gran arte de disimulo del intelecto y su capacidad engañadora, incentiva la capacidad de olvido del sentido metafórico, ilusorio, encubridor del concepto, de lo que se establece como verdad, posibilitando la creencia de que se posee una verdad (una relación necesaria, aséptica y desinteresada con la cosa) que perpetuada o conservada en la memoria se asume y trasmita como el orden mismo de las cosas. Como la manera única y necesaria de relación entre los hombre y con las cosas.16

La verdad es entonces aquí un conjunto de «mentiras» o inadecuaciones que validadas por la convención (orden social político) se tornan canónicas, de uso inveterado y obligatorio.

La vinculación social que permite la pervivencia del hombre se construye a partir de «mentiras» que se toman por verdades. En el fondo a los hombres no les interesa la «verdad» de las cosas (un conocimiento puro y ascético de los hechos) sino la preservación del vínculo social entre ellos. Para tal fin se hace indispensable la distinción entre el «veraz y el mentiroso». De este modo las sociedades toman por veraz a aquel que utiliza las metáforas usuales que la misma ha establecido y que por lo tanto tenderá a su conservación, generando por ende confianza y honorabilidad. Así, contrariamente a este, el falaz, el mentiroso abusa de las conversiones firmes acudiendo a sustituciones voluntarias o a inversiones de nombres, presenta lo irreal como real, actuando de un modo interesado, poniendo el interés propio por sobre la especie, provocando el descrédito y la expulsión, exclusión.

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En este momento somete su acción como ser “racional” al poder de las abstracciones» (eKGWB/WL-1)

Se «miente», inconscientemente, se toman las ilusiones por verdades a fin de permitir la vigencia de un sometimiento específico del caos indeterminado de la existencia, para permitir la vigencia de un orden social-político determinado, preciso. Todo ordenamiento social-político-moral-social (quizás también podríamos decir científico) y su establecimiento jerárquico, son en realidad «mentiras» (inadecuaciones, ilusiones, antropomorfismos, intencionalidades) que olvidando su origen y surgimiento (gracias a la capacidad de olvido) posibilitan la vida si mayores inclemencias y con espíritu optimista.

Nietzsche se aproxima así decididamente a establecer la emergencia a partir de la cual debe ser abordado el problema de la verdad. Desocultando los vectores morales-sociales que establecen su «valor», se niega, de reiteradas maneras a todo intento de definición (esencial) de la misma, ámbito propio de la gnoseología clásica.

Negada la posibilidad del mundo tal como la tradición lo presentara: estable, permanente y mediado por la razón del hombre teórico capaz de formular, así, criterios objetivos que funden la comunidad; Nietzsche presenta la génesis del conocimiento desde la capacidad artística del sujeto. En tanto medio de conservación del individuo, este arte de fingir inherente al intelecto sirve al instinto gregario y tiene en la verdad su obra maestra en la medida en que ésta no es otra cosa que el resultado del pacto que funda la sociedad, la contraseña de la complicidad de quienes han abandonado el estado natural sin verdad.

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Notas

1. Durante este período de juventud, Nietzsche confronta sus reflexiones en torno al lenguaje con pensadores postkantianos. De manera muy diversa sus lecturas de Schopenhauer, Hartmann, Lange y Gerber, en relación al arte, lo inconsciente, lo intuitivo e instintivo, se irán cristalizando poco a poco en un lenguaje propio a partir de la verdad como metáfora, reafirmando el carácter

positivo de su propia perspectiva. Para una mayor profundización de estas cuestiones ver: (Fava, 2017). (Sánchez,1994).

2. Las obras de Nietzsche, y los fragmentos póstumos se citan según la edición Friedrich Nietzsche, Werke, Kritische Gesamtausgabe, herausgegeben von G. Colli und M. Montinari, Berlín, de Gruyter, 1967 y ss. (edición digital corregida disponible en: http://www.nietzschesource. org/), con las siglas y referencias usadas en sus aparatos críticos. Así, cuando se cita una obra, a cada sigla sigue en cada caso un número que indica el capítulo o el aforismo correspondiente o bien, en los casos de los fragmentos póstumos, la sigla es sucedida por el año y la numeración del fragmento. Asimismo hemos consultado (Nietzsche, F. 1980) y las traducciones (Nietzsche, F. 2007) y (Nietzsche F. 1996).

3. «El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio merced al cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubierto, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido sufrir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad. […] Ella ha tirado la llave, y ¡ay de la funesta curiosidad que pudiera mirar hacia fuera a través de una hendidura del cuarto de la conciencia y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia y, por así decirlo, pendiente en sus sueños del lomo de un tigre! ¿De dónde proviene en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad?» (eKGWB/WL-1)

«La misma relación de un impulso nervioso con la imagen producida no es, en sí, necesaria, pero cuando la misma imagen se ha producido millones de veces y se ha transmitido hereditariamente a través de muchas generaciones de hombres, apareciendo finalmente en toda la humanidad como consecuencia cada vez del mismo motivo, acaba por llegar a tener para el hombre el mismo significado que si fuese la única imagen necesaria[…] Pero el endurecimiento y la petrificación de una metáfora no garantizan para nada en absoluto la necesidad y la legitimación exclusiva de una metáfora. […] una profunda desconfianza hacia todo idealismo de este tipo, cada vez que se ha convencido con la claridad necesaria de la consecuencia». (eKGWB/WL-1)

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sido tejidas, diseñadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas, pero por manos tan torpes, que ningún ejemplar resultase se correcto y fidedigno como copia fiel del arquetipo». (eKGWB/ WL-1)

5. En este sentido refiriéndose al tratado de paz que toda vida gregaria supone, Nietzsche expresa: «Este tratado de paz conlleva algo que promete ser el primer paso para la consecución de ese misterioso impulso hacia la verdad. En este mismo momento se fija lo que a partir de entonces ha de ser “verdad”, es decir, se ha inventado una designación de las coas uniformemente válida y obligatoria, y el poder legislativo del lenguaje proporciona también las primeras leyes de verdad, pues aquí se origina por primera vez el contraste entre verdad y mentira. El mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras, para hacer aparecer lo irreal como real, dice, por ejempló, “soy rico” cuando la designación correcta para su estado sería justamente “pobre”. Abusa de las convenciones consolidadas haciendo cambios discrecionales, cuando no invirtiendo los nombres. Si hace esto de manera interesada y que además ocasiones perjuicios, la sociedad no confiará ya más en él y, por este motivo, lo expulsará de su seno. Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes. El hombre nada más que desea la verdad en un sentido análogamente limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida, es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos». (eKGWB/WL-1)

6. Para una mayor profundización a esta problemática, (Maresca, et, al., 1997: 109-124) 7. «…el gran edificio de los conceptos ofrece la severa regularidad de un columbario romano y dota a la lógica del rigor y de la frialdad propios de la matemática. Quien se halla envuelto por esa atmósfera fría apenas creerá ya que el concepto, óseo y cúbico como un dado –e igualmente versátil- no es sino el residuo de una metáfora (…) En este juego de dados de los conceptos, se considera “verdadero” el uso de cada dado según su designación, el recuento exacto de sus puntos, la formación correcta de las clasificaciones y el hecho de no alterar nunca el orden de las divisiones ni la sucesión jerárquica de las posiciones» (eKGWB/WL-1)

8. Para una mayor profundización en relación a esta temática que ocupa el siguiente apartado referido a la dimensión práctica-social, (Esteban Enguita, 2004), (Esteban Enguita., Quesada 2000), (Conill Sancho,2007) (Maresca, et., al.,1997)

9. Cuando Nietzsche problematiza desde la idea de «percepción correcta» la vinculación entre la esfera del sujeto y el objeto, evita utilizar el concepto de fenómeno a fin de ser claro en su propuesta y diferenciarse de la propuesta kantiana que a pesar de su crítica a la posibilidad y límites de conocimiento, no se despedía de la posibilidad de un transmundo, mantenía el esquema duplicador de mundo sostenido por la tradición. Como ya lo hemos señalado en otra oportunidad, Nietzsche parece una y otra vez, enfrentarse al problema de «mencionar con palabras viejas, cosas nuevas», en este sentido dice: «La palabra “fenómeno” encierra muchas seducciones, por lo que, en lo posible, procuro evitarla, puesto que no es cierto que la esencia de las cosas se manifieste en el mundo empírico» (eKGWB/WL-1)

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desde la lectura de G. Gerber, (Die Sprache als Kunst) para señalar el plano no conceptualista o pre-racional del conocimiento; para remitir a un tipo de experiencia inaccesible para el hombre contemplativo. Este impulso nos habla de lo inaccesible e incomunicable de la experiencia de la cosa en sí, del carácter escéptico del mismo; de la imposibilidad de despejar la X primordial de la existencia.

11. A partir de lacomprensión o caracterización del intelecto como pathos metafórico Nietzsche comienza a caracterizar los dos tipos de hombres, de culturas o de perspectivas posibles para afrontar la existencia: la del hombre racional-teórico (vernünftige Mensch) que encuentra una identidad entre lenguaje y mundo; una posibilidad de guía, orden y orientación en la existencia desde el concepto en tanto pacto social (que en última instancias permitirá la petrificación y progreso de la fortaleza figurativa del concepto que propone la ciencia a modo de ley natural), y el hombre intuitivo-artístico (intuitive Mensch) desde donde se revela el entramado conceptual como intuiciones inconexas e irregulares, donde el intelecto se libera del concepto y expresa las fuerzas ocultas de la naturaleza en el arte de fingir del enmascaramiento. De este modo, la perspectiva del hombre teórico refleja dos aspectos de la verdad mantenido por este: la adecuada (lógica-necesaria) relación entre lenguaje-realidad y el impulso moral hacia la misma en su afán por evitar las consecuencias prácticas de la mentira.

12. Para Nietzsche esta actitud de creencia optimista en las posibilidades del conocimiento está fundada en una especie de artículo de fe metafísico conformado en la idea de «causa», a partir de la cual el hombre ha pretendido «apropiarse» de las cosas e incluso rectificarla «siguiendo el hilo de la causalidad». (eKGWB/GT-9). Es optimista desde el fondo de su ser: cree en la causa y el efecto, niega todo lo que no pueda analizar de manera conceptual. (eKGWB/GT-18)

13. «Es cierto que sólo la atomización del conocimiento mediante la separación de las ciencias hace que el conocimiento y la cultura puedan permanecer extrañas una respecto a la otra. En el

filósofo el conocimiento vuelve a ponerse en contacto con la cultura, él abarca el saber y suscita la pregunta por el valor del conocimiento. Éste es un problema cultural: conocimiento y vida». (eKGWB/NF-1872,19[172])

14. Lo que encontramos detrás del conocimiento o acto de conocer es en realidad un transpolar estético de base fisiológica, un compuesto de imagen y sonido, herencia, legado, olvido, reproducción y herencia.

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16. Así, el acervo de conceptos-verdades conservados en la memoria (y por lo tanto desvinculado por el olvido del orden vital-personal, que les dio origen, olvidando su carácter antropomórfico, inadecuado, no necesario) y tomados por el orden de conocimiento como una relación necesaria y desinteresada, logra frenar, detener, mediante este «tratado de paz» las convulsiones de la existencia, celebra haber encontrado un medio para frenar el estado de lucha permanente. Nace aquí el «impulso moral a la verdad», la obligación de mentir en un sentido vinculante, según las conversiones establecidas.

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Datos del autor

Fernando Fava | Argentino

Doctor en Filosofía. Director del Centro de Investigaciones en Filosofía Política y Epistemología. Prof. Adj. Ordinario de «Historia de los Sistemas Filosóficos», Facultad de Ciencias de la Educación, UNER.

Correo electrónico: [email protected]

Acerca del artículo

Este artículo se inscribe en los trabajos realizados en el marco del proyecto de investigación (PID) «Tres enfoques acerca de la primacía de la praxis en el pensamiento contemporáneo», radicado en el Centro de Investigaciones de Filosofía Política y Epistemología (CIFPE) de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER

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