1. Principios Prácticos de Guerra Espiritual

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Texto completo

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“Principios

prácticos de

guerra espiritual”

“Curso de liberación espiritual”

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Mientras no se muestre lo contrario, las citas bíblicas aquí referenciadas, fueron tomadas de la biblia versión Reina Valera 1960

Título original: “Principios Prácticos de Guerra Espiritual” ISBN: 978-958-44-6310-4

Copyright © 2008 por Pedro Carrillo Escorcia

Todos los derechos reservados. Cualquier reproducción, copia o grabación en medios magnéticos o virtuales, parcial o total, deben hacerse con la previa autorización del autor

Primera edición en Colombia, Enero de 2008

Edición electrónica y ampliada, Septiembre de 2010

PEDRO CARRILLO ESCORCIA

Contactos para conferencias, seminarios y asesorías. Teléfono: (57-5) 3464899 - Celular: (57) 3126249400 E-mail: [email protected]

Web: www.libertadalasnaciones.com

Barranquilla - Colombia © De esta edición, 2010.

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ACERCA DEL AUTOR

Pedro Carrillo Escorcia

Es casado, padre de tres hijos, predicador y conferencista muy reconocido en la costa norte de Colombia, comprometido a fortalecer la fe del pueblo de Dios, para enfrentar las huestes espirituales de maldad.

Utilizado grandemente por el Señor en las áreas de liberación y guerra espiritual en general, como también en la motivación del liderazgo y del ministerio pastoral, llevándolos a la fe en el crecimiento numérico en sus iglesias.

Es Pastor fundador juntamente con su esposa Ninfa Madrid Orozco, de la iglesia “Comunidad Cristiana Betesda” en la ciudad de Barranquilla, Colombia, una iglesia con una asistencia de más de mil miembros. Es fundador y presidente también del “Ministerio Libertad a las Naciones”, una misión con varias iglesias en diferentes ciudades del país colombiano.

El Pastor Pedro Carrillo es también escritor de varios libros además de este, como: “Conservando la cosecha”, “Su dinero puede rendir”, “Cómo entran los demonios y como expulsarlos”, “Las tres áreas de la guerra espiritual” y “Manual especializado para orar casas y negocios”.

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Dedicatoria

A todos los ministros y colaboradores en las iglesias cristianas, que han orado a Dios por un libro que les capacite en el área específica de la guerra espiritual. A todos los que por una u otra razón han sido víctimas

de la hechicería.

Agradecimientos

A mi padre Celestial, por darme el privilegio de adquirir estos conocimientos por medio de su Espíritu Santo. A mi esposa Ninfa y a mis

hijos Johanna, Pedro Jr. y Jair que son mi fuente de inspiración. A la hermana Rosa Maldonado quien me ha colaborado en el Ministerio de

Liberación. A la hermana Gilma Pérez quien me asesoró en el perfeccionamiento de los textos escritos.

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ÍNDICE

Pág.

Introducción. 6

Capítulo 1. La posición de autoridad en Cristo. 8

Capítulo 2. La guerra por nuestra salvación. 14

Capítulo 3. La guerra por las almas y la expulsión de demonios. 26

Capítulo 4. Las armas de guerra del creyente. 33

Capítulo 5. El discernimiento de espíritus. 44

Capítulo 6. ¿Por qué Entran los Demonios? 52

Capítulo 7. Diferentes clases de brujerías. 62

Capítulo 8. Elementos utilizados en altares y entierros. 76

Capítulo 9. Las tres potencias. 87

Capítulo 10. Hechicerías con las tres potencias. 95

Capítulo 11. Espíritus utilizados en la brujería. 108

Capítulo 12. Brujerías varias. 121

Capítulo 13. La elaboración del diagnóstico. 130

Capítulo 14. La ministración de liberación. 136

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INTRODUCCIÓN

Hoy nace un material instructivo completo y efectivo para todos los que tienen el deseo de capacitarse en la guerra espiritual, en especial en la liberación de espíritus demoníacos. Este libro es prácticamente un curso de liberación, en el cual se va llevando al lector a un conocimiento desde cero, de las técnicas que se necesitan para echar fuera demonios.

El libro “Principios prácticos de guerra espiritual”, en un material diferente a los libros de guerra espiritual del común, porque no está saturado de información y teoría, sino que lleva al lector a la práctica, dándole todas las instrucciones que necesita para defenderse o para atacar en el mundo espiritual. Este volumen ha sido escrito con unos objetivos muy bien definidos:

Primero, ser una herramienta útil para la vida personal de los ministros del Señor, proporcionándoles orientación en el campo de la guerra espiritual, para que ellos puedan deshacer con facilidad los ataques del enemigo que vengan contra su vida, su ministerio o su congregación.

Segundo: Dar a conocer las diferentes clases de ataques espirituales que se les presentan a los miembros de la congregación, cómo se originan y cómo darles solución.

Tercero: Capacitar a los miembros del cuerpo de Cristo en la guerra espiritual, para que aprenda ha defenderse en oración, de los ataques del enemigo y acabar con la dependencia en las oraciones de los demás. Que aprendan a ejercitar el poder que está en ellos, dado por el Espíritu Santo de Dios, y así mismo ayudar a aquellos que están atados por el enemigo.

Cuarto: Traer un equilibrio en todo lo referente a la guerra espiritual. Por muchos años este ministerio se ha estado enfrentando a dos extremos irreconciliables; los que son escépticos a la existencia del reino de las tinieblas y a su influencia en la vida de los creyentes, y los a fuerzas demoníacas.

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Está escrito, basado primeramente en la investigación exhaustiva, luego en la revelación de las Escrituras y por último en la experiencia directa de dos décadas en el ministerio de guerra espiritual. En este texto damos a conocer las armas, las fortalezas, las debilidades y las limitaciones, tanto del reino de las tinieblas como del creyente, dando respuestas a los problemas espirituales, teniendo en cuenta su origen y con soporte bíblico.

No fue escrito para inconversos, ni aún para cristianos comunes y corrientes, fue escrito para ministros maduros que estén al frente de la obra del Señor; Pastores, Apóstoles, Evangelistas, Maestros y Profetas. Personas que están involucradas en la guerra espiritual, que se ejercitan a diario orando constantemente por otros.

También fue escrito para los líderes que colaboran en la obra al lado del Pastor, los que imponen manos en los servicios y los que pertenecen a grupos de intercesión. No está destinado para cristianos del promedio, ni para ministros inmaduros, porque ellos no comprenden lo complejo de la guerra espiritual, puesto que lo que podría ser de bendición para ellos, les vendría a ser de confusión.

Las imágenes que se presentan en esta obra, pueden infundir temor a algunos creyentes inmaduros o a los inconversos, pero para los ministros esto es una gran bendición, porque están conociendo de cerca lo que necesitaban conocer, para así ayudar mejor a otros. Se deben tomar estas enseñanzas desde una perspectiva madura y equilibrada. En este libro se revela la forma como trabajan los brujos, no para que usted polemice o condene como los paranoicos que creen que todo es del diablo, sino para que el lector se ilustre y tenga un conocimiento amplio de la forma como trabaja el enemigo. Como dice el apóstol Pablo: Para que no ignoremos sus maquinaciones.

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“Y justamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. (Efesios. 2:6)

S

abemos que el mundo espiritual se rige por líneas de autoridad, las

cuales son definidas por las posiciones que cada quien tiene dentro de ese mundo. Unas preguntas importantes antes de entrar en materia serían ¿Cuál es la posición del cristiano en el mundo espiritual, con respecto a los demonios? ¿Está a la par con ellos? ¿Está por encima o por debajo de ellos?

De esto se trata este capítulo, de dar a conocer la posición que tienen los cristiano en el mundo espiritual, analicemos todo muy detenidamente, porque de la claridad que se tenga en este tema, dependerá nuestra autoridad espiritual.

Creación de los dos reinos espirituales.

Inicialmente solo existía un solo reino, el de Dios, el cual está organizado con serafines, querubines, principados, potestades, gobernadores y ángeles en sus diferentes especialidades. Un día cualquiera un querubín llamado “Luzbel”, llenó su corazón de vanagloria, y en su ignorancia quiso ser igual a Dios, iniciando una rebelión sin precedentes en el cielo, seduciendo además a la tercera parte de los ángeles, formando un gobierno independiente al Reino de Dios. Por estas razones fue expulsado del Reino de Dios y se inició lo que se conoce como el reino de las tinieblas, dirigido por Luzbel, que es el mismo Diablo y Satanás. Este reino quedó en una posición inferior al Reino de Dios, queriendo decir con esto que su autoridad también es

Capítulo 1

“Nuestra posición de autoridad

en Cristo”

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por encima de la cabeza de Satanás. Los ángeles respetan los rangos, ya que Satanás es un querubín, por eso no profieren maldición contra él, pero al final uno de ellos lo atará y lo enviará a los abismos. (Apocalipsis. 20:1)

La posición del primer hombre.

Adán fue el primer hombre sobre la faz de la tierra y pertenecía al Reino Celestial. Era una especie diferente dentro del Reino de Dios, mientras los ángeles fueron creados con cuerpos espirituales, pero este hombre, Adán, fue creado a la imagen y semejanza de Dios, tenía cuerpo terrenal.

La raza humana fue creada para dos cosas: Para tener el principado o dominio sobre este mundo (Génesis. 1:28, Salmo. 8), y para la alabanza de la gloria de Dios (Efesios. 1:12), todo esto estaba condicionado por la obediencia total que el hombre debía tenerle a Dios, quien fuera su creador y sustentador. Así estaban las cosas en un principio, Adán siendo el príncipe de este mundo, gobernando la creación y bendiciendo y alabando a su Dios.

La caída del hombre.

La ubicación en uno de estos dos reinos está basada en la obediencia, Adán pertenecía al Reino de Dios porque se sujetaba a él, en cuanto dejara de obedecerle, saldría inmediatamente de él, así como salió Satanás en un tiempo atrás, estableciéndose en el reino de las tinieblas. Satanás tenía dos deseos inmensamente grandes en su corazón con respecto al hombre. Uno; anhelaba tener el principado que Adán tenía sobre este mundo, y el otro; quería tomar la raza humana que Dios había creado para su alabanza, para que lo adoraran a él, puesto que seguía con las ínfulas de ser un dios, a pesar que se encontraba fuera del reino celestial. Con base a esto comienza su cometido contra Adán, lanzándole tentaciones para que le obedeciera a él y desobedeciera a Jehová de los Ejércitos, y si lograba su objetivo, lo desligaría del Reino Celestial, así como él por la desobediencia fue expulsado y lo ubicaría en el reino de las tinieblas donde él se encuentra, ya que “el que

obedece, se vuelve esclavo de aquel a quien obedece” (Romanos. 6:16), en este caso Adán se volvería esclavo de Satanás por la obediencia profesada.

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A Satanás le sale su plan al pie de la letra, Adán cae en la trampa perdiendo el principado que tenía en este mundo y su posición en el Reino Celestial, pasando ahora a hacer parte del reino de las tinieblas. Satanás se ubica en su nuevo puesto cedido por Adán como príncipe de este mundo, teniendo además a toda la raza humana bajo sus pies, a su servicio y su alabanza. Ahora Adán, aparte de perder los privilegios dados por Dios, se ubicó bajo los pies del último demonio que se encontraba en la escala de autoridad del reino de Satanás, por causa de su desobediencia.

Jesucristo hace juicio a Satanás.

El Señor le había entregado al hombre toda la autoridad sobre este mundo, pero éste, por su desobediencia fue derrotado, cediéndole todo a Satanás. El Señor estaba viendo todo lo que estaba sucediendo y aunque era el Dios todo poderoso, estaba impotente ante lo sucedido, puesto que él le había delegado toda la autoridad sobre este mundo a Adán y éste voluntariamente le entregó todos sus privilegios a Satanás. El único que podía luchar contra el enemigo y buscar recuperar todo lo que había perdido, era el mismo hombre y Satanás lo reclamaba así ¿Pero cómo iba el hombre a recuperar lo perdido si ahora estaba bajo los pies del Diablo, el cual disfrutaba alegremente de su victoria, alardeando de su adquisición ganada con engaño? Dios no podía en su calidad de Dios, enfrentarse con el enemigo, para recuperar el principado del mundo y la dignidad de la raza humana, sino el hombre, por tal razón Dios se hizo hombre, y estando en la calidad de hombre, se enfrentó a Satanás para arrebatarle todo lo que hurtó con engaño.

Satanás pensaba que las cosas se habían quedado así, que nadie juzgaría su fraude, pero Jesús, el Dios hecho hombre, antes de ir a la cruz a realizar juicio contra Satanás dijo: “Ahora es el juicio de este

mundo” (Juan. 12:31a). Queriendo decir con esto, que ese delito que el Diablo cometió, de quitarle con engaño al hombre el principado de este mundo, no quedaría impune, que el enemigo sería juzgado, por eso Jesús termina diciendo: “Ahora el príncipe de este mundo será echado

fuera” (Juan. 12:31b), explicando que el principado que tenía Satanás en este mundo, le sería quitado una vez muriera en la cruz del calvario. El Señor Jesús después que muere y resucita, levanta su mano derecha con su puño cerrado y dice: “Toda potestad me es dada en el

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de éste mundo, ahora el que tiene el «principado» sobre su hombro es Cristo, ahora hay un solo Rey de reyes y un solo Señor de señores sobre este mundo y ese es Jesús. Algunos cristianos aún llaman a Satanás ‹‹el príncipe de este mundo›› como si él siguiera reinando, ahora el que reina es el Señor. Decir que Satanás es el príncipe de este mundo es darle autoridad en esta tierra, pero recuerde que ahora Jesús tiene «toda potestad» en la tierra y en el cielo.

Cuando Cristo muere en la Cruz del calvario, se gesta una gran batalla en el cielo, donde Satanás tenía su trono como príncipe de este mundo. Luchan Miguel y sus ángeles contra el Diablo y sus demonios, pero los demonios no prevalecieron, fueron derrotados y arrojados del cielo y lanzados a la tierra. Cuando todo esto sucedió, dice la Palabra que se oyó una gran voz en los cielos que decía:

”Ahora ha venido la salvación, el poder, y el Reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de

nuestros hermanos” (Apocalipsis. 12:7-12).

Exaltación de la raza humana.

Ahora, todo aquel que acepta a Cristo como Señor y Salvador, es «trasladado» del reino de las tinieblas al Reino de Dios nuevamente (Colosenses. 1:13), por medio de Cristo cambiamos de posición en el mundo espiritual, ya no estamos bajo la potestad del reino de las tinieblas, —que en autoridad está debajo del Reino de Dios— sino que estamos en el Reino de los Cielos, que está por encima de Satanás y sus demonios. Ahora cualquier demonio, —por más poder que tenga y por más grande que sea— está bajo nuestros pies, pocisionalmente hablando.

Ahora que es cristiano, usted sabe que ha salido de la potestad de las tinieblas y está en el Reino de Dios, pero dentro del Reino Celestial ¿Cuál es su posición de autoridad? No se imagina usted lo que viene, lea cuidadosamente para que el Señor le revele por el Espíritu, la súper eminente grandeza del poder de Dios que habita en usted.

Cuando se acepta a Cristo, Él toma con sus manos al cristiano de allá de la parte más baja del reino de las tinieblas, y lo saca de debajo de los pies de los demonios más insignificantes, e inicia un viaje de ascenso con él al Reino de los Cielos, lo va subiendo, y los demonios ven impotentes como el cristiano sale del reino de Satanás y se va elevando

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por encima de ellos, luego el Señor lo pasa cerca de las barbas del mismo Satanás y éste sólo observa cómo el cristiano se eleva en autoridad por sobre su cabeza, la cual va inclinando hacia arriba para no perderse el grandioso espectáculo de la salida del cristiano del reino de las tinieblas y su ascenso en autoridad por encima de él. Pero la cosa no para allí, Jesús lo sigue llevando de su mano y lo introduce dentro del Reino de Dios; los ángeles se gozan al ver llegar a ese nuevo miembro del Reino, le dan una apoteósica bienvenida. Eso no terminaría ahí, las bendiciones aún continúan. Jesús lo sigue elevando en autoridad dentro del mismo Reino de Dios y los ángeles se gozan de ver su ascenso, levantando sus manos y dando gracias a Dios. Sigue el ascenso, subiendo por encima de ángeles y más ángeles, — ¿Hasta donde lo va a elevar en autoridad el Señor? — Cuando de pronto comienza a divisarse en lo más alto del Reino Celestial, a lo lejos, un resplandor inmenso de luz, es el trono de Dios, y a su derecha se ve más claro otro trono un poco más pequeño, se ve como Jesús se dirige hacia allá, hacia el más pequeño, y se sienta en su trono y le dice a ese nuevo creyente: “Sentaos aquí conmigo” (Efesios. 2:5-7).

¡Ho, Señor, qué privilegio tan inmerecido! «Sentarnos juntamente con el Señor en los lugares celestiales» ¡Cuán inmensa es tu gracia para con nosotros! ¡A Él sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos! Amén.

¿Cómo se traduce en autoridad, lo de estar sentados juntamente con Cristo en los lugares celestiales? Es algo muy sencillo, Cristo tiene el dominio sobre todo poder diabólico del reino de las tinieblas, sobre todo principado, autoridad, poder y señorío, por haberse sentado a la diestra del Padre en los lugares celestiales (Efesios. 1:20,21).

También por la misma razón, se sujetan a Él, ángeles, autoridades y potestades (1Pedro. 3:22). Ahora bien, el creyente está sentado juntamente con él en los lugares celestiales, en el mismo lugar de autoridad en que está Jesús, por eso Jesús dice claramente, que aquel que lo acepta a él como Señor, puede realizar los mismos milagros que él hacía, las sanidades, las liberaciones y muchas cosas más (Juan. 14:12). Todo aquel que cree en Cristo, pondrá las manos sobre los enfermos y estos sanarán, echarán fuera demonios y hablarán nuevas lenguas (Marcos. 16:17). También dice la Palabra que los ángeles del Señor están al servicio de los creyentes (Hebreos. 1:14)

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Hay que tener bien claro el nivel de autoridad que se tiene en el mundo espiritual, la biblia lo traduce bajo el título de «embajador», que viene siendo alguien que está en un lugar lejano, representando a la máxima autoridad, deje el temor a los demonios, ellos son los que deben temerle a usted. Usted es un embajador en nombre de Cristo sobre esta tierra (2Corintios. 5:20), mientras su cuerpo físico se pasea por esta tierra, su espíritu está sentado con Cristo a la diestra del Padre. Nuestra ciudadanía está en los cielos, acá en la tierra solo estamos cumpliendo una comisión (Filipenses. 3:20)

Tenemos un espíritu superior.

En Babilonia, en el tiempo del rey Nabucodonosor y en el tiempo de Darío el meda, habían muchos brujos, encantadores, adivinos, agoreros, sortílegos y magos, pero cuando Nabucodonosor necesitó de alguien con unos conocimientos elevados que le revelara las interpretaciones que ningún ser humano podría revelar, ninguno de estos ministros de Satanás pudo superar a Daniel. Cuando el rey Darío quiso colocar sátrapas y gobernadores en todas las provincias, no hubo nadie que pudiese estar por encima de ellos, sino Daniel, ¿por qué? Porque había en él un «espíritu superior» al de los brujos y gobernantes de esa tierra (Daniel. 6:3), ese era el Espíritu de Dios que habitaba en él.

En este tiempo usted también tiene el Espíritu Santo de Dios dentro de su ser al igual que lo tenía Daniel en aquel tiempo, o sea que ningún brujo tiene más poder y autoridad que usted. Los brujos, cualquiera que sea, es un inconverso, y por lo tanto se encuentra en el reino de Satanás, el cual es un reino inferior en autoridad con respecto al nuestro. Entonces ¿Por qué les teme, si usted es superior? ¿Por qué tiembla cuando sabe que un hechicero se mudó cerca? Haga valer su autoridad y deje de temer.

Mayores que Juan el Bautista.

Aunque Juan el Bautista aparece en los evangelios, él pertenece a la casta de profetas del Antiguo Testamento, él fue quien marcó el fin profético del Antiguo y el inicio del Nuevo Testamento. Juan vino con el poder y el espíritu de Elías, el profeta más prominente del Antiguo Pacto (Lucas. 1:17). Elías fue uno de los profetas más sobresaliente en la Palabra, un hombre que hizo innumerables milagros, el que hizo que los cielos se cerraran por tres años y medio y el que hizo llover. Si se le preguntara a alguien si quiere tener el espíritu y el poder de Elías así

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como lo tenía Juan el Bautista, no lo pensarían dos veces para aceptarlo; pero Jesús dijo que el más pequeñito en el Reino es mayor que Juan el Bautista (Mateo. 11:11), ¿Por qué? Porque los que están en el Reino de los Cielos no tienen el espíritu y el poder de Elías, sino el Espíritu y el poder del Dios todopoderoso.

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“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en el libro de la vida”. (Lucas. 10:20)

L

a guerra espiritual se encuentra organizada en un orden de

prioridades. La primera y más importante es el de la guerra personal por la salvación, la que tiene que ver con la lucha de ataduras, el pecado, los vicios y las tentaciones de los demonios. La segunda en importancia es la lucha por ganar almas, todo lo que tiene que ver con la evangelización de los inconversos. Por último, la tercera área en importancia es la lucha contra los espíritus inmundos.

La guerra por nuestra salvación.

Llamado también lucha por la santificación o auto liberación de ataduras, es el combate que se libra contra esos malos hábitos y ataduras de la carne, que hay en el ser humano, los vicios que habíamos adquirido en nuestra vida sin Cristo. En este plano también entra la lucha contra las tentaciones de pecado que nos presenta el enemigo.

Ésta es el área más importante de las tres, porque tiene que ver con nuestra salvación, si no se gana ésta, la lucha con los demonios, con los principados no tiene razón de ser, lo primero a lo que Satanás aspira es a acabar con la salvación de los creyentes, que dejen de ser hijos de Dios y se conviertan en una criatura bajo su autoridad y su dominio. ¿De qué sirve que usted se gane mil almas para el reino, si usted mismo no entrará? Nuestra primera y principal responsabilidad es «no descuidar esa salvación tan linda que hemos adquirido».

Capítulo 2

“La guerra por nuestra

salvación”

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La guerra en el Edén.

Cuando Dios creó a Adán, lo hizo con la intención de crear una descendencia santa que lo adorara, lo amara y le sirviera en obediencia únicamente a él. Adán tenía comunión con Dios, por eso se sobrentiende que pertenecía al Reino de Dios. También se deduce que tenía vida eterna, porque el Señor le dijo que si le desobedecía, moriría inmediatamente.

Solamente puede morir lo que tiene vida, además, aseguramos que Adán tenía vida espiritual, porque después de pecar no murió físicamente sino espiritualmente, siguió viviendo después de fallarle a Dios, pero lo que sí se ve es que fue expulsado del paraíso y perdió la comunión con Dios que es lo que se traduce como vida espiritual.

Por ser hecho a la imagen de Dios y ser propiedad de él, Adán se convirtió en el objetivo principal de Satanás, también porque Adán había sido colocado por Dios como el príncipe de la creación, él señoreaba sobre la tierra. Si el Diablo lo hacía caer, no solamente se lo llevaba a él a su reino de tinieblas, sino también a toda su descendencia, por tal razón emprendió su cometido por medio de tentaciones, las cuales surtieron su efecto sobre el primer hombre, desencadenando consecuencias catastróficas en la raza humana.

Adán perdió su primera y más importante guerra contra el reino de las tinieblas, la de su salvación; Satanás se llevó la mejor parte. Estando perdido, sin salvación y esclavizado por el pecado ¿De qué le podría servir a Adán cualquier actividad que emprendiera contra el Diablo? Por eso Jesús dice:

“Pero no os regocijéis que los demonios se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos”. (Lucas. 10:17, 18,20).

Muestran las Escrituras que para el Señor es más importante nuestra salvación, que cualquier otra acción que pudiésemos hacer contra el reino de las tinieblas. No quiere decir esto que no debemos sacar demonios como afirman los escépticos a la guerra espiritual, sino que entre estas dos cosas, es más importante luchar porque nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida.

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La guerra en el desierto

Jesús el Señor, después de cumplir los treinta años de edad y de ser bautizado, se aprestaba a comenzar su ministerio terrenal, pero antes de iniciar la misión que el Padre le había encomendado en esta tierra, debía enfrentar al igual que Adán, su primera y más grande batalla contra el reino de las tinieblas en el desierto por cuarenta días. El diablo preparó su arsenal y lo dirigió a un solo objetivo; destruir al que sería el más grande ministro sobre la tierra y su mayor amenaza. Satanás pensó que esa batalla sería así de fácil como lo fue con Adán en el Edén. Después de tres tentaciones mortales, se encontró con la sorpresa que éste no era como Adán, el cual sucumbió fácilmente a la

primera tentación. Jesús no cedió, se mantuvo firme y obediente a su

Padre Celestial, derrotándolo de esta manera y haciéndole huir avergonzado. Por eso Jesús decía a los discípulos:

“He aquí viene el príncipe de este mundo y él nada tiene en mi” (Juan. 14:30).

Así como Satanás emprendió su ataque contra Jesús, también lo está haciendo hoy contra los creyentes, para hacerlos perder la salvación, todos los días envía dardos encaminados a este objetivo; sexo ilícito, robo, mentira, drogas alucinógenas, alcohol, cigarros, hechicerías y muchas otras cosas más, la idea es que usted ceda y pierda la salvación. Hay que ganar esta batalla, para que el diablo no tenga nada que buscar en el creyente, que no tenga nada que señalar, para que el reino de las tinieblas no tenga más que sujetarse, sin objeción. Jesús decía:

“¿Quién me redarguye de pecado?”(Juan. 8:46). Que nosotros podamos decir lo mismo.

Si Jesús hubiese cedido a las tentaciones de Satanás, no tendría poder para reprender las tinieblas, pero al ganar esa batalla, adquirió la autoridad suficiente para destruir al diablo y sus demonios. Razón tenían los escribas y fariseos cuando decían:

“¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y estos le obedecen?” (Marcos. 1:27).

José le ganó esa batalla a Satanás cuando le dijo ¡no! a las tentaciones de la mujer de Potifar. El apóstol Pablo también tuvo muchas tentaciones en su ministerio, pero se sostuvo sin pecar, por su salvación, él decía:

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“Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre

no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1Crointios. 9:25-27).

Aquí Pablo afirma que ganar almas no asegura la salvación, que aunque él había sido de bendición para mucha gente trayéndolos a los pies de Cristo, sin embargo el debía luchar por su propia salvación. Independientemente a la predicación a los perdidos, es necesario ser responsables de luchar por nuestra salvación personal, viviendo en santidad y obediencia que es verdaderamente lo que nos asegura nuestra permanencia en el Reino. En Mateo. 7:21 Jesús dijo:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

Así como éstos que le decían al Señor que los dejara entrar en el Reino, porque ellos habían profetizado y habían sanado enfermos, pero recibieron como respuesta; «No os conozco, hacedores de maldad». Así hay muchos en su obra, que realizan un sin número de actividades para la obra del Señor, pero son irresponsables con su propia salvación. ¿De qué sirve tanta actividad, si lo que realmente se debía hacer, que era cuidar la salvación propia no se hizo?

Nuestra arma en esta lucha.

Nuestra arma fundamental en este nivel de guerra espiritual es el dominio propio. Esa templanza de carácter que se debe poner en práctica en medio de cada tentación, para que el diablo no tenga nada que buscar en el creyente, que no tenga nada que señalar, y para que no tenga más que reconocer el inmenso poder y autoridad que hay en los hijos de Dios cada vez que son seducidos por él para pecar.

Para ser victoriosos en este nivel de guerra espiritual, es necesario asumir nuestra responsabilidad ante Dios y despojarse de toda dependencia en los demás. Acabar con toda dependencia de oración, de intercesión o de liberación por parte de los demás, para poder mantenernos bien delante de Dios. Destruir las ataduras en nuestras vidas es una responsabilidad únicamente nuestra, los méritos de la

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usted. No se confíe en la unción o en el poder intercesor de alguien, la liberación efectiva y que permanece, es la que uno mismo se practica. A mí me han traído muchas personas para que las ministre, han traído personas perdidas en el alcohol, otras atadas en la droga, en el homosexo, en adulterio y en el libertinaje; unas han sido libre, otras no. ¿Por qué? ¿El poder que se aplica para liberarlos, no es el mismo en todos ellos? Sí, pero la actitud y la disposición de ellos no es la misma, solo aquellos que ponen de su parte para ser libres, son los que obtienen la victoria.

Muchas madres que están sufriendo grandemente con sus hijos perdidos en la droga, llegan a mí, pensando que una ministración de liberación es la solución para su hijo. Esposas que ya no saben qué hacer con su esposo alcohólico llegan a pedir ministración, confiando en el poder que Dios nos ha regalado, pero muchas de esas personas vienen solamente para complacer al que lo trae, pero realmente en ellos no hay la más mínima intención de cambiar. En estos casos, aunque sea el mismo Jesucristo el que ministre a esas personas, en ellos no va a haber cambios. Nosotros le podemos sacar el demonio que los tiene atados, porque el poder y la autoridad que hay en nosotros lo hace, pero una vez salen del templo, los demonios vuelven a adentrarse en ellos, porque la falta de disposición mantiene abierta una puerta inmensa, que le facilita el retorno a los espíritus inmundos. La paradoja más grande que he podido ver, es a personas que por alguna razón no hemos podido ministrar, pero se ve el cambio sostenido en su vida, se ve la transformación en su ser. Por eso le decimos que no deposite su esperanza en la unción de otro, comience a luchar por su libertad, ponga de su parte, haga su mayor esfuerzo para no ceder al mal hábito que lo mantenía atado y verá la victoria.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y

dominio propio” (2Timoteo. 1:7). Énfasis añadido.

Hay que concientizarse que las excusas por nuestra derrota ante el pecado, no son aceptables bajo ningún punto de vista delante de Dios, usted es el único responsable de lo que suceda en su vida, sea bueno o malo (2ª Corintios. 5:10). Adán quiso justificarse en su mujer después de su caída, y la mujer se quiso justificarse en la serpiente, pero Dios los hizo responsables independientemente a cada uno de ellos por sus actos y cada uno recibió su propia consecuencia. Ningún trauma,

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ninguna ausencia o falta de algo, justifica una derrota en esta guerra contra las tentaciones, todos los creyentes están equipados con el poder del Espíritu Santo, que es el que les da la fuerza en su voluntad para vencer.

El adúltero o la adultera, en muchas ocasiones le acarrea su pecado a errores de su pareja, alegando que cayó debido a la falta de dedicación, de atención o de cariño de parte de su cónyuge. El ladrón se justifica en sus necesidades económicas, en su falta de empleo o en la falta de oportunidad en la vida. La prostituta justifica su accionar en su falta de dinero; pero nada justifica el pecado, delante de Dios no valen las excusas. La jovencita que perdió su virginidad, dice a sus padres que su novio fue el culpable, y sus padres salen a buscar al novio para ajusticiarlo, como si se tratase de una violación, si hubiesen escuchado los gemidos de satisfacción de su “niña”, no persiguieran al muchacho. El que está decidido a santificarse se santifica, ninguno de esos problemas lo hacen ceder a las tentaciones, todo aquel que cede es porque en su interior está el deseo de hacerlo. El problema está en su interior, en la falta de disciplina en su carne.

En Efesios 4:28 Pablo dice: “El que hurtaba, no hurte más”. Hurtar es una atadura, es una inclinación a tomar lo que no es nuestro, es una mancha en nuestra vestidura blanca y resplandeciente; también lo es el alcoholismo, las drogas, la fornicación, el adulterio, etc. La Palabra cuando dice “el que hurtaba…”, no continúa diciendo; “…Busque quien le

practique liberación”, ni tampoco continúa diciendo; “… reúna un grupo de hermanos intercesores, para que oren diariamente por él, para que esa mala maña desaparezca de su vida”, mucho menos dice; “…Justifíquese en su falta de empleo o en la falta de apoyo de la familia”,

no; la Palabra continúa enfáticamente diciendo: “El que hurtaba … No

hurte más”, que deje de practicar aquello y punto. Esto es algo que debe

hacer usted y únicamente usted, luchando interiormente cada día contra eso que le ata para que desaparezca de su vida.

Cuando alguien deja de practicar el pecado por sus propios medios es verdaderamente libre, la mejor liberación y la más efectiva es la autoliberación, porque es producto de una lucha interna realizada por la misma persona. Cuando alguien te libera sientes alivio, pero no hay concientización de dejar de hacer aquello que te tenía atado. Pero cuando eres tú mismo el que luchas para hacerte libre, lleva consigo una concientización del mal acto que estabas realizando, lo estás

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dejando porque ya entendiste lo nocivo que era para tu vida. Sabes que

si vuelves a caer, retrocederás.

¿Todas las ataduras son producidas por demonios?

La creencia que los demonios son los culpables de todas las ataduras que hay en las personas, es una teoría que nació como excusa del que peca. Es una doctrina que se ha infiltrado en las iglesias cristianas y que ha traído más confusión que beneficios, esto ha hecho que los ministros demonicen todo, también permite que las personas no se responsabilicen de sus actos. Esta creencia es sumamente peligrosa, porque los que están fallando en su actuar, se van a escudar en ese pretexto para afirmar que no son ellos los que hacen aquello, sino el demonio que habita en ellos. También esto puede producir frustración en los ministros que creen esta doctrina, porque van a agotar sus fuerzas tratando de sacar supuestamente un espíritu de homosexualismo de un hermano, sin ver resultados, cuando en realidad lo que hay es un vicio al sexo pervertido.

A estas personas en vez de practicarles liberación, es mejor hacerles nuevamente la oración de fe, para que se arrepientan de corazón, que se conviertan realmente a Cristo y se aparten del pecado. ¿Por qué hay homosexuales que dejan de practicar el homosexo cuando el médico le informa que tiene SIDA, o cuando las hemorroides quedan destrozadas? ¿Por qué el alcohólico frena su vicio cuando el médico le informa que si toma un trago más se muere? ¿Por qué el fumador se aparta del cigarrillo cuando le declaran cáncer en los pulmones? Si fuese únicamente por el accionar de los demonios, la persona siguiera con el vicio aún con la enfermedad y con la advertencia de muerte, porque no tiene control de sí misma, ya que es un demonio el que le impulsa a hacer aquello. Pero, ¿Por qué frena el vicio después de la funesta noticia? ¿Por qué no frenó antes, por qué tuvo que esperar pisar fondo para reaccionar?

Una Señora vino a buscarme para que orara su hogar, porque el esposo le dijo que supuestamente una vecina había enviado una hechicería de ruina a la familia, me narró las angustias económicas por las que han estado pasando, las deudas, escases y otras cosas más. Además, al marido se le habían ido los mejores clientes, eran pocos los que llegaban al taller de mecánica que tenía, que antes ganaba muchísimo dinero, pero que de unos meses hacia acá, las entradas económicas en el taller se habían decaído

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Le pregunté por los ahorros, ya que antes tenían una excelente entrada financiera. Me contestó que no tenían ahorros, porque el esposo se embriagaba todos los fines de semana y no le quedaba dinero para guardar. Le pregunté por los clientes, por qué no los habían llamado. Me contestó que en una de las borracheras, el esposo había extraviado la agenda de los clientes.

¿Qué tiene que ver la vecina en todo esto? Igual que usted, yo vi que el esposo de la señora se estaba escudando en la vecina, le estaba dejando la responsabilidad de su desgracia a una supuesta hechicería y no estaba asumiendo la de él. Así sucede muchas veces, personas que le otorgan la culpa de sus desgracias a los demonios y no se responsabilizan de sus errores.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, iras, celos, contiendas, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de

los cielos”. Gálatas. 5:1 9-21

La carne es la herencia que traemos de nuestra naturaleza caída, la que hace fuerza hacia abajo para mantenernos en ese estado de condenación. Nuestro viejo hombre está “viciado” en el pecado, o sea

“acostumbrado a pecar” (Efesios.4:22). Es necesario emplear mucha

fuerza de voluntad para deshacer las ataduras carnales, tomar control de sí mismo haciendo uso del dominio propio que el Señor nos ha dado, por medio de su Espíritu Santo.

¿Entonces los demonios no atan a las personas?

Si hay demonios que arrastran a las personas al alcoholismo, pero no todos los borrachos están así por causa de los espíritus. Hay demonios que inducen al adulterio, la fornicación o al homosexualismo, pero no todos los que practican tales cosas lo hacen por influencia espiritual, la mayoría de ellos lo hacen porque les gusta el pecado, porque les encanta lo que hacen. Cuando alguien practica cualquier clase de vicio por que le agrada, ahí no es cuestión de realizar una liberación, es cuestión de una lucha personal, de comenzar a ejercitarse en el dominio propio. Si en nuestra vida se detecta una atadura carnal, es necesario declararle la guerra y comenzar a luchar para erradicar esa

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precisamente por eso es que se llama guerra, porque hay que darle fuerte batalla hasta vencer.

José ganó su guerra contra la tentación de la mujer de Potifar, Jesús también la ganó contra las tentaciones de Satanás ¿Y usted qué? Usted también la puede ganar, solo es cuestión de creerlo y disponerse con todas sus fuerzas a ser libre.

Nuestra heredad

Los israelitas recibieron una tierra por heredad, la tierra de Canaán, pero esa tierra estaba plagada de gigantes. Ellos no podían esperar que Jehová descendiera del cielo y peleara contra los gigantes en lugar de hacerlo ellos y los expulsara de la tierra de Canaán. La responsabilidad de guerrear contra los gigantes era de ellos, porque la tierra se las había dado el Señor a ellos. El Señor solo les dio las promesas, ellos eran quienes debían hacer que esas promesas se hicieran realidad. La heredad que Dios da en este tiempo no es la tierra de Palestina, es nuestro ser, nuestra vida. El inconverso está muerto en sus delitos y pecados, pero cuando acepta a Cristo como Señor y Salvador, él da la orden ¡Lázaro sal fuera! Y sale de la tumba de muerte, pero atado. Resucita con su cuerpo atado, el creyente llega al Señor con una nueva vida, pero con una gran cantidad de malos hábitos. El único que resucitó sin ataduras fue el Señor, todos los lienzos quedaron a un lado, pero todos los demás vuelven a la vida, plagados de diversas ataduras. Es necesario que nos capacitemos en la guerra y se aprenda a expulsar a esos cananeos que se encuentran en el ser humano, influenciándolos al mal, no importa que se vean muy gigantes, usted los puede expulsar porque con usted está el Señor. Ya él nos dio dominio propio, nuestro Dios no va a venir a liberarnos, esa responsabilidad de romper las ataduras del pecado y los vicios, es nuestra. Liberemos nuestra tierra.

¿Hasta cuando seréis negligente en luchar y limpiar tu ser de ataduras?

(Josué. 18:3).

¿Cómo se diferencian las ataduras carnales de las ataduras demoníacas?

Los demonios cuando actúan espiritualmente sobre una persona, le producen unos trastornos físicos y mentales muy dicientes, experimenta unos cambios bruscos en su comportamiento, notables por la misma persona y por los que le rodean. Personas que antes no sentían deseos de practicar ninguna clase de vicio, de momento sienten

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unos deseos incontrolables de realizar aquello. Por las noches son invadidos de pesadillas tormentosas y extrañas, en su cuerpo sienten temblores, escalofríos, y dolores en diferentes partes del cuerpo. Si la persona presenta estos síntomas, amerita efectuarle una liberación. Cuando la persona cae en algún vicio por efecto de una tentación interna o externa, sin experimentar los trastornos antes mencionados, podemos decir que esta persona está cediendo a los deseos de la carne (Santiago. 1:14-15). En este caso no amerita practicarle liberación, la persona debe declarar guerra contra esa atadura carnal, a la que él mismo le abrió puertas, hasta quedar totalmente libre (Romanos. 8:13).

Las pruebas nos vuelven vulnerables

El objetivo de Satanás es sacar al cristiano del camino, que deje de practicar los hábitos cristianos de orar, leer la Palabra y congregarse, para que vuelva al mundo a estar bajo su autoridad, para esto utiliza las tentaciones de pecado que hemos mencionado anteriormente. Para esto aprovecha el momento propicio en que las personas están pasando por pruebas difíciles, por aflicciones, depresiones y otras cosas más, para lanzarle dardos a su mente e inducirlas a alejarse de la familia de Dios.

Satanás aprovecha las etapas de prueba por las que pasa el creyente, para ministrarles desánimo en su corazón, para que se aparten de la iglesia en la que se congregan, sembrándoles resentimiento contra el Pastor, contra Dios o contra los hermanos, para que abandonen el ministerio que realizaban en la iglesia o para que se vayan al mundo. En los momentos de prueba; tales como problemas familiares, diferencias con la pareja, un bajón económico, la pérdida de un ser querido, pérdidas materiales o una enfermedad muy penosa, somos más sensibles y débiles, somos más propensos a abandonar la lucha que traíamos, a dejar las armas en el suelo. Cuando se está en aflicción, es cuando más atento se debe estar para no ceder a las tentaciones de Satanás, porque es una etapa de mucha debilidad emocional y susceptibilidad a cualquier sugerencia mental. Es el momento en que más débiles espiritualmente estamos.

Cuando se está en el Reino de Dios se sufren muchos ataques, pero solo los valientes que se ponen en la brecha en guerra espiritual, son los que logran la victoria, los que logran terminar esta carrera (Mateo.

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Pelea la buena batalla de la fe

Pablo le llama a la lucha entre el reino de las tinieblas y los integrantes del Reino de Dios “La buena batalla”. Esas son las dificultades por las que pasa todo el que está en el Reino, sea un simple miembro de una congregación o sea un ministro. Jesús también pasó por dificultades, pero Él las enfrentó y ganó la guerra en el desierto, como también en el monte Getsemaní, cuando se le acercaba la muerte, allí con lágrimas en su rostro y con sudor de sangre, le rogaba al Padre que si fuese posible, le evitara pasar por la cruz, pero luego reaccionó y entendió que la voluntad de Dios prima sobre todo. Pablo, el que había sometido su cuerpo a servidumbre, también al final de su ministerio pudo decir con tono de victoria: “He peleado la buena batalla, he guardado la fe” (2Timoteo. 4:7).

Por eso con mucha autoridad y conociendo las artimañas de Satanás, Pablo le aconseja a Timoteo: “Consérvate puro” (1Timoteo. 5:22), también le dice: “Pelea la buena batalla de la fe” (1Timoteo. 6:12); luego le dice: “Esfuérzate en la gracia” (2Timoteo. 2:1); y por último le exhorta: “Soporta las aflicciones” (2Timoteo. 4:5).

Hay que luchar fuertemente contra el pecado, pero también hay que hacerlo con la misma intensidad contra el desánimo y las depresiones.

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"Y les dijo: 'Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, pero el que no cree será

condenado.'" -- Marcos 16: 15,16

U

no de los misterios que no se ha podido revelar hasta ahora, es el

número exacto de espíritus inmundos que existe en el reino de las tinieblas. Desde el inicio del mundo y hasta el día de hoy, se ha visto en acción la expulsión de demonios, pero estos se siguen multiplicando, pues cada día se ven espíritus nuevos y en grandes cantidades. ¿Cuántos demonios son? ¿Por qué aparecen nuevos espíritus? ¿Por qué se multiplican? Estas son preguntas que aún se encuentran sin respuestas.

Lo que si se ha podido percibir, es que a Satanás no le inquieta mucho cuando le expulsan un demonio de una persona, pero en la experiencia si se ha visto el disgusto tan grande que hay en el reino de las tinieblas, y el gozo inmenso que sucede en el cielo, cuando una persona se arrepiente y se convierte a Cristo. De esto deducimos que en la guerra espiritual, ganar almas está por encima en importancia que la expulsión de demonios.

¿Por qué a Satanás le importan más las almas que los demonios?

Satanás siempre ha querido ser un dios, ese fue el motivo de su expulsión del reino de los cielos y aun sigue con esas ínfulas de ser dios. ¿Por qué está tan interesado en las almas? Porque el alimento principal de un dios es la adoración, eso es lo que le llena, lo que le sustenta, lo que le da fortaleza. Un dios sin adoración no es dios.

Satanás persigue las almas porque los seres humanos fueron creados para adorar a Jehová de los Ejércitos, a ese Dios todo

Capítulo 3

“La guerra por las almas y

contra los demonios”

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poderoso, ese fue el motivo principal de la creación de la raza humana (Efesios. 1:11-12), y él, queriendo ser igual a Dios, trata de demostrarlo seduciendo la adoración de los seres humanos.

Satanás está dispuesto a dar lo que sea, con tal que lo adoren, ofrece lo que tiene y lo que no tiene por un momento de adoración. A Cristo le ofreció todos los reinos de este mundo y toda la gloria de ellos, riquezas, fama, poder, si se postraba y lo adoraba (Mateo. 4:8-9). Para Satanás un adorador tiene un valor incalculable, por eso cuando un alma le es quitada y es trasladada al Reino de Dios, él pierde fuerza como dios, porque pierde un adorador y el Señor las aumenta porque ha ganado un adorador más. ¿Ahora entiende por qué hay tanto gozo en el cielo cuando un pecador se arrepiente? ¿Entiende también por qué la Palabra dice que Dios busca adoradores? El botín más preciado en la guerra entre el Reino Celestial y el reino de las tinieblas, son las almas.

¿De qué sirve sacarle varios demonios a una persona, si esta no se convierte al Señor?

Es mejor que la persona inconversa se arrepienta de corazón y se convierta a Cristo, no importando si el día que hizo la oración de fe le salieron o no espíritus inmundos, lo importante es que su alma sea trasladada del reino de las tinieblas, al reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

¿Qué sucede si esa persona que se convirtió, tiene una gran cantidad de espíritus en su ser?

Después que se convierta, estará del lado del Reino de Dios, no importa la cantidad de demonios que tenga, más adelante con mucha paciencia se le van sacando, lo que importa es que ya está en el Reino, lo demás es trabajo de carpintería. Si esa persona no se convierte y le ministramos liberación, aunque quede sin un solo demonio, Satanás se ríe, porque el alma de esa persona aún le pertenece a el, para él no es ningún problema introducirle algunos demonios más.

¿Se le debe hacer liberación de espíritus demoniacos a un cristiano?

Esta es una pregunta que ha tenido mucha controversia por muchos años, la mayoría de Pastores afirman que es imposible que un cristiano sea influenciado por demonios, porque en ellos habita el Espíritu

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Santo. En este libro el interés no está en seguirle la corriente al Pastor más influyente de la ciudad, por temor a que nos desprestigie el ministerio en el pulpito o en su programa radial, nuestro interés está puesto en mostrar la realidad de todo esto, traer un equilibrio y orientación al cuerpo de Cristo, tomando como base las Escrituras y la experiencia de dos décadas expulsando demonios.

En todo este tiempo se han visto miembros ilustres de las congregaciones caer bajo el poder de Dios, convulsionando bajo las influencias de espíritus inmundos, se han visto caer ujieres, miembros del grupo de alabanza y hasta Pastores, vomitando hechicerías que por años habían atormentado sus vidas. Si usted no los ha visto es una pena muy grande, pero de millones y millones de demonios que se han expulsado por este ministerio, el noventa por ciento, ha sido de creyentes de iglesias cristianas. Así que, el creer que a los cristianos no los influencian los demonios, es una doctrina muy bonita, pero que en la práctica se cae por su propio peso.

¿Por qué hay espíritus en algunos creyentes?

Por tres razones: La primera, porque traen los espíritus desde antes de conocer al Señor. En su vida de inconversos, participaron de la idolatría o del ocultismo, siendo participes de baños conjurados, de oraciones de tabaco, lectura de cartas, aseguranzas, purgantes liberadores, ritos de invocación, mandas o pactos. Cuando la persona se arrepiente de corazón y acepta a Cristo, el Espíritu Santo llega a su espíritu que estaba muerto por el pecado y le da vida, su espíritu nace de nuevo, pero su carne (alma y cuerpo) siguen contaminada por todas esas ataduras espirituales que adquirieron en el pasado.

“El espíritu vive, a causa de la justicia, pero su cuerpo está muerto por causa del pecado” (Romanos. 8:10).

La oración de fe produce en la persona el nuevo nacimiento, mas no liberación de ataduras espirituales, si esto fuera así, una vez convertida, la persona quedaría libre de todo y la labor del Pastor quedaría inoficiosa. A María Magdalena, después de haber decidido seguir a Cristo, al mismo Señor le tocó sacarle siete demonios (Lucas 8:2).

A un inconverso se le debe hacer liberación para que vea el poder de Dios, para que se concientice de la existencia del reino de las

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tinieblas y del Reino de Dios, para que crea por los hechos, ya que no quiere convertirse por medio de la Palabra.

También se debe practicar liberación a un inconverso, cuando se encuentra en un alto grado de posesión, cuando ya los demonios han anulado sus facultades mentales. En ese estado, la persona no tiene la libertad para entender lo que se le predica, ni para escoger su salvación, como en el caso del endemoniado gadareno (Lucas. 8:27-39). De resto, sacarle demonio a un inconverso, solo por darse el gusto de sacárselos, no da ninguna garantía que ese demonio no vuelva a introducirse en su vida, porque precisamente el estilo de vida de un inconverso facilita el retorno de los espíritus. No digo con esto que no se le debe practicar liberación a un inconverso, ore a todo el que le pida oración, lo que le quiero dar a entender, es que no hay seguridad que conserve su liberación.

Las liberaciones se les debe practicar es a los convertidos, ya que el limpiarse de las contaminaciones espirituales y de las ataduras carnales, hace parte de ese proceso de purificación y santificación que se debe tener, para alcanzar la salvación (2Corintios. 7:1). Lo bueno de todo esto es que los creyentes sí tienen poder para mantener su liberación, ya que tienen un estilo de vida diferente, apartado del mundo y esto imposibilita el retorno de los espíritus.

La segunda razón, por la que un creyente puede estar bajo la influencia de un espíritu, es porque ya estando en el Señor, participan del pecado, de la idolatría o del ocultismo en sus diferentes formas. Afirmar que un creyente no puede tener demonios, es sentar la doctrina falsa de José de Jesús Miranda, el que se hace llamar Jesucristo, quien dice que los cristianos pueden participar del pecado y de toda forma de ocultismo y no ser contaminado.

La Palabra es enfática en decir que no podemos participar de la idolatría ni de la mesa de los demonios (1Corintios. 10:20). Creyente, líder o Pastor que tenga comunión con ídolos o cosas ocultas, queda contaminado con demonios, lo haga con conocimiento de causa o por ignorancia.

Es costumbre ver hermanos de la congregación que constantemente están endemoniados, cada vez que alguien ministra, caen al piso dando gritos, convulsionando bajo los efectos de un espíritu inmundo o arrojando vómitos. Muchos se preguntan, si los Pastores mantienen

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haciéndoles liberación a esos hermanos, ¿Por qué no alcanzan su liberación total? Es posible que sea por la cultura. Las culturas de los países, cualquiera que sea, están plagadas de ocultismo; la música, los bailes, las ceremonias, los atuendos personales y los adornos caseros, todo está mezclado con ocultismo, y desafortunadamente muchos de los hermanos no alcanzan a discernir esto, sin quererlo siguen participando del ocultismo y en ocasiones, algunos lo hacen con conocimiento de causa, aceptaron a Cristo, pero no han querido abandonar la oración del tabaco, la velación a ídolos o la lectura de las cartas.

Por esta razón es necesario invitar a las iglesias cristianas, a los ministerios especializados en guerra espiritual, para que hagan una claridad al respecto, para que aclaren que cosas de nuestra cultura se pueden practicar y que cosas no, que muestren esa línea divisoria que a veces es imperceptible entre la cultura y el ocultismo. Es importante que el pueblo de Dios no ignore las estrategias de Satanás.

Algunos Pastores no le dan entrada a ministerios legítimos de guerra espiritual para concientizar al pueblo, porque ignoran las maquinaciones de Satanás, otros descienden más en el grado de ignorancia, tildando este oficio como “fanatismo”, otros no lo permiten porque ellos mismos están practicando cosas desagradables delante de Dios, y temen que la unción los arrolle, sacando a la luz su vergüenza. Es imprescindible pasar regularmente a la congregación por ese filtro de ministración, ya que muchos tienen un deseo inmenso de agradar a Dios, pero las ataduras que hay en sus vidas les estorban en su objetivo.

La tercera razón; es que los creyentes pueden ser influidos por espíritus, debido a hechicerías que los brujos envían contra ellos, unos traen esas hechicerías desde antes de convertirse y otros las reciben estando en el Señor.

Se vuelve a la misma pregunta de antes, ¿Puede un cristiano ser influido por hechicerías? Desafortunadamente si. Teóricamente se escucha muy bonito el decir que a un cristiano no le afectan las hechicerías, pero en la práctica esto no se cumple, día a día estamos enfrentando la realidad, al ver a cristianos y más cristianos afectados por hechicerías.

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Constantemente se ve a miembros de iglesias, líderes y Pastores en la ruina y enfermos por causa de brujerías que les han enviado. ¿Esto por qué? Porque no somos de hierro o de madera, todavía somos humanos, y mientras estemos en esta condición de humanos, somos susceptibles a ser atacados por hechicerías.

¿Nunca llegaremos al nivel de invulnerabilidad a los demonios?

Si. Un cristiano si puede llegar a ese nivel de invulnerabilidad, en que los demonios y las hechicerías no le afecten en nada, pero para llegar allá se necesitan tres cosas; conocimiento de las leyes en que opera el mundo espiritual, una fe poderosa que quite todo temor y para poder enfrentar al reino de las tinieblas sin problemas, y una santidad a prueba de todo.

Sin estas tres cosas, es imposible mantenerse inmune a este ataque, puede tener el cargo que sea en la iglesia o tener el título ministerial que sea, los cargos y los títulos no le inmunizan ante las asechanzas del diablo, solo cuando el creyente cumpla con estos tres requisitos, se mantendrá alejado de ataques espirituales.

¿Cómo está la unción en su iglesia?

Las iglesias que ganan almas en forma constante, se mantienen en un nivel ascendente de unción, aquellas iglesias que se estancan y dejan de crecer, también se les estanca la unción.

Cuando una iglesia inicia su labor de evangelización, comienza a experimentar en sus cultos un derramamiento del poder de Dios, regularmente se ven personas que gritan, que convulsionan o que vomitan por la acción de liberación de espíritus inmundos, también se observan los constantes testimonios de sanidades y milagros que el Señor hace en medio de la congregación. Esto es debido a la cantidad de personas recién convertidas que llegan plagadas de demonios y de un sinnúmero de personas enfermas. Si la iglesia deja de ganar almas, poco a poco se van acabando estas manifestaciones de poder, debido a que las personas que antes se revolcaban en el suelo, que gritaban o que vomitaban ya fueron libres y las que estaban enfermas ya se sanaron, el Espíritu Santo no encuentra más nada que hacer.

Los Pastores se preocupan cuando ven que la unción ya no se mueve como antes, piensan que hay gente en pecado en el pulpito o que se ha bajado en espiritualidad, comienzan a programar ayunos e

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intensifican la oración para levantar la unción, pero nada que vuelven los asistentes a gritar, ni a revolcarse, ni a vomitar. Amado Pastor, ¿Cómo quiere usted que la gente vomite, si ya usted les sacó el último bebedizo que tenían? ¿De dónde quiere usted que griten o se revuelquen si ya usted le sacó el último demonio que les quedaba? ¿Cómo quiere que den testimonio de sanidades, si usted les sanó la última enfermedad que tenían en su cuerpo? ¿Cómo quiere que el espíritu Santo sane y liberte, si ya no hay demonios que sacar ni enfermedades que sanar?

Salga a la calle a ganar almas, y verá nuevamente el poder de Dios moviéndose fuertemente en su iglesia, a través de esa cantidad de nuevos creyentes que vienen plagados de demonios y con enfermedades de toda clase. Preocúpese primero en ganar almas y luego tendrá gran cantidad de demonios que sacar y muchas enfermedades que sanar.

Dios está necesitando iglesias grandes, con gran autoridad en su sector. Basta ya de inglecitas que a nadie le meten miedo, deje de ser conformista, porque nuestro Dios no lo es, Él quiere que nuestras iglesias sean inmensas, no se conforme con el poco personal que tiene. Póngase la meta de que su iglesia sea la que tenga la autoridad en su barrio, la que manda en su sector, que cuando usted camine por las calles, los demonios tiemblen.

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"No militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas ,

derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios , y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo , y estando prontos para castigar toda desobediencia

, cuando vuestra obediencia sea perfecta " ( 2 Corintios 10:3-6 ).

En este capítulo se va a analizar las herramientas que Dios ha puesto en las manos del creyente para su defensa o para atacar a los espíritus inmundos, veamos:

El aceite ungido

El aceite ungido es un arma súper importante en la guerra espiritual, el uso del aceite data de los tiempos de Moisés, donde el mismo Señor le ordenó utilizarlo (Éxodo. 30:22-29).

Todo lo que es tocado por el aceite ungido queda santificado inmediatamente. Los demonios son inmundos por naturaleza, ellos necesitan un ambiente inmundo para poder habitar, por ejemplo un televisor, un mueble, una nevera o cualquier otra cosa que esté inmunda.

Cuando se unge con aceite uno de esos artefactos que estaban siendo habitados por un espíritu, el ambiente es cambiado de inmundicia a santidad, porque todo lo que toca el aceite ungido queda santo (Éxodo. 30:29). Entonces el demonio abandona ese elemento

Capítulo 4

“Las armas de guerra del

creyente”

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donde habitaba. Si así se continúa haciendo con todos los artefactos de la casa, toda la casa será limpia de demonios.

¿Cómo se unge un aceite?

Para ungir un aceite, se toma el recipiente en la mano y se ora de la siguiente manera: “Unjo este aceite y lo santifico ahora, lo consagro al Señor como símbolo del Espíritu Santo, que su presencia sea en él, que sirva para ungir, para sanar y para liberar personas, animales o cosas, que toda enfermedad que sea tocada por él, salga de los cuerpos; que todo demonio que sea tocado por él, huya a los abismos; y que toda persona que sea ungida con él, sea llena del Espíritu Santo de Dios. Este aceite queda ungido en el nombre de Jesús, amén”.

No todo aceite sirve para ser ungido, se debe utilizar en especial el aceite de oliva, o en su defecto, aceite cosmético para niños.

¿Se le puede dar a tomar aceite a una persona para que expulse un bebedizo?

Los bebedizos se pueden sacar sin aceite, pero en ocasiones el Espíritu Santo nos guía a dar a tomar aceite ungido a ciertas personas, no a todas. A veces los hermanos piensan que la única forma de sacar un bebedizo es hartando a las personas de aceite, esto se vuelve más bien un vicio, precisamente estas enseñanzas son para traer un equilibrio en el pueblo de Dios. Es bueno no proceder inmediatamente, sino esperar que Dios guíe.

El único aceite que se puede dar a tomar es el de oliva, los demás aceites no se pueden consumir, porque son aceites cosméticos de uso externo y traen químicos que pueden intoxicar a una persona.

El mal uso del aceite.

En ocasiones el aceite es tomado como un talismán, como un curalotodo, les colocan más fe al aceite que al Señor, todo lo quieren solucionar con el aceite. Le echan aceite ungido a los esposos en la comida, —así como antes le echaban brujería—, empavonan a los niños para que se le quite la rebeldía, le riegan aceite en la puerta a los vecinos, supuestamente para que se conviertan. Los que hacen esto son aquellos que les lanzaban brujería a sus vecinos, y piensan que con el aceite ungido es igual.

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La armadura de Dios

En efesios 6:10 Se habla de la armadura de Dios, muchas prédicas y seminarios se han dictado sobre ella, pero en realidad ¿Qué es? La armadura de Dios no son unos elementos que yo puedo ponerme si estoy en peligro y quitármelos si no los necesito, tampoco es un sistema permanente de protección espiritual que todo cristiano tiene, por el simple hecho de ser cristiano, más bien es algo que se obtiene. La armadura de Dios es algo más profundo y

complejo, vamos a estudiarla muy

detenidamente parte por parte, a

continuación:

1. Yelmo de salvación.

El yelmo es el casco que protege la cabeza de los soldados, para que los guijarros y dardos enviados por el enemigo no penetren su cráneo. Cuando la Palabra habla del yelmo de la salvación, se refiere a ese casco espiritual que se debe tener en nuestra cabeza —mente y pensamientos—, para que los dardos de palabras, de ideas y de pensamientos del enemigo de alguna persona no penetren nuestra mente.

¿Cómo se obtiene ese yelmo en nuestra cabeza?

No es diciendo: “Ahora me coloco el yelmo de la salvación en mi cabeza”, es teniendo una convicción de nuestra salvación, estar plenamente convencidos que somos hijos de Dios, lavados y protegidos por la sangre de Cristo, que el Espíritu Santo está alrededor, que sus ángeles les guardan, que si usted muere en este momento va directo a la presencia de Dios. Esto crea una protección férrea contra los ataques del enemigo o palabras de alguna persona.

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