Mario Bunge-Lingüística y Filosofía-Ariel (1983)

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LINGÜÍSTICA Y FILOSOFÍA

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ariel quincenal

Colección fundada por

Ale x and re A NGULLÓS y J OSEP M . CaLs a m ig l ia

C u b i e r t a : R a í F e r r e r { " O n o m a l o p e y a " !

1/ ed ició n : abril 1983

(E¡> (983: Mario Bunge

Derechos exclusivos de edición en castellano reservados para todo el m undo:

© 1983: E ditorial Ariel, S. A. Córcega, 270 - Bareelona-8

ISB N : 84 344 MIÓ 3 D e p ó stL o Legal: B. 12117 - 1983

Im preso en España

N inguna p a rte de esta publicación, inclu id o el disefio de (a cu b ie rta , puede s e r rep ro d u cid a, alm acen ad a o tra n sm itid a en m an era alguna nt por ningún m edio, ya sea eléctrico, quím ico, inecénieo, óptico, d e ara

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A los maestros de la lengua castellana,

custodios de la Comunidad Hispano-Americana, hoy lingüística y sentimental,

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PREFACIO

Se ha dicho del filósofo que es una persona que sabe un poco de lodo. ( Lo que equivale a afir­ mar que el filósofo ignora lo más de todo.) Nada puede serle del todo ajeno toda la vida: debe sentir curiosidad por las estrellas y los manos, por la política y la historia, por las ideas abs­ tractas y las palabras. De todos tos especialistas, él es el generalista.

Esta múltiple y constante curiosidad que carac­ teriza al filósofo auténtico le lleva a veces a me­ terse en camisas de once varas. En ocasiones me­ rece el reproche que en la Edad Media solia diri­ girse al lingüista: Grammaticus ipsa arrogan tía est. Pero al menos no podrá acusarse al filósofo de indiferencia. Valga esto como excusa por ha­ berme metido con la lingüística o, por mejor de­ cirlo, con algunos problemas de ¡a lingüística y. en particular, de la lingüística generativo-trans- formacional iniciada por Noam Chomsky.

Agradezco al profesor E. F. Konrad Koerner (Department of Linguistics, University of Ottawa) el haberme invitado a exponer lo esencial de este trabajo en el X I11 Congreso Internacional de Lin­ güistas (Tokio, 1982). También les estoy agradeci­ da a mi alumno Mike Dillinger ( Department of Linguistics j y a mis colegas Harry Bracken

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(De-partment of Phitosophy) y Michei Paradis <Depart­ ment. of Linguislícs), así como al Profesor Roy Harrts (University of OxfordJ, por sus numerosas observaciones y criticas. Finalmente, es un pla­ cer el dejar constancia del apoyo del Social Scien­ ces and Humartities Research Council of Cañada.

Ma r io Bunge F o u n d a tio n s a n d P h ilo so p h y o f S cien ce tJ n it,

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INTRODUCCION

El lenguaje ha atraído la atención de mu­ chos filósofos desde la Antigüedad, pero nunca de tantos ni con tanto apasionamiento como des­ de la contrarrevolución que perpetró Wittgens- tein (1953) en la filosofía y el levantamiento en­ cabezado por Chomsky (1957) en la lingüística. Estas conmociones comparten un solo rasgo, a sa­ ber, su glosocentrismo: para unos y otros, e! hom­ bre es homo toquens antes que faber o sapiens. Aparte de ocuparse centralmente del lenguaje, las posiciones de Wittgenstein y de Chomsky son muy diferentes. Así, mientras que según Wittgens- tein el lenguaje es esencialmente un medio de comunicación, para Chomsky es principalmente el espejo del alma humana y sólo secundariamen­ te un medio de comunicación. Para Wittgenstein, el lenguaje es paradigma del comportamiento se­ gún reglas, en tanto que para Chomsky es un pro­ ceso mental inconsciente. Para Wittgenstein, las reglas gramaticales fueron introducidas por algu­ nos individuos y adoptadas por la sociedad, mien­ tras que según Chomsky todos nacemos sabiendo las reglas de la gramática universal. Wittgenstein centra su atención en el habla, mientras que Chomsky centra la suya en el lenguaje como objeto mental desligado de las circunstancias con­

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cretas. Para Wittgenstein, el análisis preteórico del lenguaje es el remedio para curar la enfer­ medad que llamamos «filosofía», en tanto que para Chomsky el análisis teórico del lenguaje es tanto un fin en sí mismo como el mejor medio para comprender ai hombre. Finalmente, mientras que para Wittgenstein cualquiera puede ocuparse de estas cuestiones, para Chomsky la lingüística es un saber especializado. Estas diferencias expli­ can las que hay entre los discípulos de cada uno de los dos maestros. Wittgenstein atrae a perso­ nas interesadas primordialmente por, palabras, pero no por la ciencia lingüística, y qiie además buscan obtener el máximo beneficio de la mínima inversión intelectual. En cambio, Chomsky atrae más a las personas que se interesan más por las teorías que por los hechos.

En este estudio nos ocuparemos principalmen­ te de algunos de los problemas metodológicos y filosóficos suscitados por la gramática generativo- transformacional (GGT) introducida por Chomsky (1957, 1963, 1965, 1971, 1972, 1975, 1980, 1981). La GGT emergió de y, en parte, también contra la escuela estructuraiista dominante en aquel en­ tonces. (No hay tormentas en un cielo azul: toda revolución científica tiene raíces en alguna tradi­ ción.) Cada una de estas escuelas está compro­ metida con una filosofía: el estructuralismo con el positivismo; y la GGT, o por lo menos el pro­ pio Chomsky, con una mezcla de platonismo, kan­ tismo e intuicionismo, mezcla que Chomsky lla­ ma «racionalismo». El compromiso filosófico de Chomsky explica en parte su evolución personal desde 1955: «en su período inicial aplicó la

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filoso-fía [en particular la lógica matemática] a la lin­ güística, y en el período más reciente ha aplicado la lingüística a la filosofía» (Hymes 1972).

Queda claro entonces que la investigación lin­ güística está lejos de ser filosóficamente neutral. Este hecho justifica en parte el que quien escribe —un físico convertido en filósofo— se inmiscuya en la lingüística. Esta intervención no es desinte­ resada, sino que se ensaya con el fin de averiguar" a) si la GGT responde satisfactoriamente a los problemas filosóficos fundamentales acerca del lenguaje, comenzando por «¿Qué es e! lenguaje?», y ft) si la GGT está necesariamente atada a la totalidad de la filosofía de Chomsky, en particular a su mentalismo, innatismo y apriorísmo metodo­ lógico. Sin embargo, éstos no son los únicos pro­ blemas filosóficos que se han de abordar en la presente monografía. Nos ocuparemos también de varios otros aspectos de la grave crisis metodo­ lógica y filosófica por la que está pasando la lin­ güística. Tampoco esta investigación será desin teresada: nos gustaría ayudar a detectar y elimi­ nar algunos de los obstáculos metodológicos y filosóficos que obstruyen el avance de la investi­ gación lingüística.

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CAPÍTULO l

LENGUAJE Y LINGÜÍSTICA

Los lingüistas están de acuerdo en que su tarea es estudiar las lenguas, pero discrepan en cuanto a lo que es el lenguaje. Este desacuerdo puede explicarse por el hecho de que la lingüís­ tica tiene profundas raíces en los estudios huma­ nísticos y muy cortas en las ciencias, en particu­ lar la antropología. Al igual que en el caso de otros conceptos importantes, es dable esperar que el concepto de lenguaje acabe por ser definido (implícitamente) por una teoría amplia o por un sistema de teorías.* Entretanto, la diversidad de concepciones del lenguaje, que refleja conflictos filosóficos, afecta a la investigación lingüística al ahondar innecesariamente las zanjas entre las di­ versas escuelas lingüísticas. El cuadro 1 muestra algunas de las diferencias.

La diversidad de concepciones del lenguaje está relacionada no sólo con la diversidad de es­ cuelas lingüisticas, sino también con la actual fragmentación del estudio del lenguaje en una media docena de disciplinas diferentes. Estas dis­ ciplinas, que están conectadas sólo débilmente entre sí, son la lingüística pura (ciencia de la gra­ mática), la psicolingüística, la sociolingüística, la neurolingüística, la lingüística médica y la lin­ güística aplicada. (La lingüística antropológica, o

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C u a d r o I A lg u n a s op in io n es co n fl ic ti va s so b re el le n g u a je (L ) P si co lo g ía b io g ic a y so ci a l u n sistem a d e se ñ al es si g n ifi ca ti v as h e rr a m ie n ta p a ra pensar y com un ic ar desc rib en y co d if ic an leng uaj es el ce re b ro -e n -s o ci ed ad rasgo s ev o lu ti v o s e histór ico s comp artido s re lacion ada co n todas las cap acidad es sensori o-m ot ric es y co g n o sci ti v as apren die ndo por imitación, as o ci ac ió n , ind ucc ió n, hipó tes is , et c. neces ari a aná lis is d e ca rp er a , así como c o nj e tu ra M en la li sm o un co n ju n to in fi n it o d e ora cio nes espe jo de la m en te g ene ran y t ra n sf o rm a n ora cio nes , y la s ex p li ca n y predic en la me nte universales men tales in na tos no re lacion ada co n o tr a s facultades co g n o sci ti v as naci end o in necesaria , y q u iz á im pos ib le int rospección y c on je tu ra B st ru ct u ra li sm o u n co njunto de fo n em as me dio d e com uni cac ió n des criben y co d if ic an leng uaj es la c u lt u ra uni versales c u ltu ra le s re lacion ada co n o tr a s facultades co gn os ci ti v as ap re nd ie n do por in duc ció n opta tiv a in duc ció n a p a rt ir d e co rpo ra lin gü ís ti co s C ue sti on es b á si ca s U n L es U n L si rv e d e L as gram áticas U n L est á en L o s un iv ersales lingüísticos son L a fa c u lta d de l lenguaje está U n L s e adqu iere L a te or ía d el apr en diz aj e es L as gram át ic as s e de sc ubren p o r

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etnolingüfstica, ha sido absorbida por la sociotín- giiístíca.)

Para el lingüista puro, el lenguaje es un siste­ ma de símbolos que posee ciertas propiedades sintácticas, semánticas y Fonológicas codificadas en gramáticas. Para el psicolingüista, el lenguaje es un fenómeno psicológico: expresa sentimientos y pensamientos, es un adjunto de la acción y tam­ bién una herramienta que facilita la elaboración del pensamiento. Para el sociolingüisía, el lengua­ je es un medio de comunicación; como tal, es un aspecto de la conducta social y, por esto, mi ingrediente del cemento de la sociedad humana. Para el neurolingüista, el lenguaje es el conjunto de procesos del habla, que a su vez son procesos fisiológicos (en particular, neurofisíológicos). Para el lingüista médico (o afasiólogo), el lenguaje es una función cerebral que puede ser afectada y aun destruida por heridas o enfermedades de ciertas «áreas» o «estructuras» (sistemas neura­ les), Y, para el lingüista aplicado, en particular el pedagogo, el lenguaje es una habilidad que puede enseñarse.

No hay duda de que todas estas concepciones del lenguaje son útiles. Tampoco hay duda de que cada una de ellas es parcial, porque el lenguaje es un objeto multidimensional. Por supuesto, el especialista tiene derecho a limitarse a estudiar el aspecto de su elección, pero al hacerlo queda automáticamente impedido de comprender la to­ talidad. Y, cuando abordamos una cuestión gene- rali como «¿Qué es el lenguaje?», debemos tener en cuenta la totalidad. Más precisamente, como afirma Givón (1979, pp, 3-4), el lenguaje humano

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no puede entenderse cabalmente a menos que se tenga en cuenta y se interreiacione los siguien­ tes «parámetros»: a) el contenido preposicional (o sea, en nuestros términos, el sentido y la refe­ rencia de la expresión); b) la pragmática (o sea, las circunstancias concretas de la comunicación verhal); c) el procesador (o sea, el cerebro y el aparato vocal); d) la estructura cognoscitiva del hablante; e) la visión del mundo del hablante; /) la ontogenia; g) el cambio lingüístico diacrónico, o historia, y h ) la filogenia o evolución del hombre.

Hasta la fecha, cada uno de estos aspectos de la lengua ha sido estudiado por una disciplina desligada de las demás ciencias de la comunica­ ción verbal. Parece obvio que una comprensión adecuada del lenguaje sólo podrá resultar de un acercamiento o, aún mejor, de una fusión o sín­ tesis de las diversas disciplinas que se ocupan del lengua je. Semejante fusión puede imaginarse como un hexágono centrado en la filosofía, en particu­ lar la filosofía del lenguaje, una parte de la onto- logía y de la teoría del conocimiento, y la filoso­ fía de la lingüística, parte de la epistemología, (No incluimos la filosofía lingüística o filosofía analítica á la Wittgenstein o á la Austin, porque no se ocupa de la lingüística —ni de ninguna otra ciencia—, es inexacta y no se interesa por los grandes problemas ontológicos y gnoseológicos de la filosofía.) La función de la filosofía en el he­ xágono lingüístico es el de una araña sabia (o per­ versa, según se mire) que mantiene unidos los hilos de la telaraña, pone a prueba sus puntos débiles y ayuda a repararlos. (La araña se alimen­ ta de especialistas incautos incapaces de ver la

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telaraña.) Quien dude de la centralidad de la filosofía debería recordar que es el propio nú­ cleo de la actual tormenta en lingüística (véase 6g. 1).

Fio. 1. El hexágono lingüístico, o sistema de disciplinas que estudian ei lenguaje. *L» designa la lingüística. La lingüistica pura se concibe como el estudio de las gramáticas, que a su vez (desde Chomsky 1965) incluyen sintaxis, semántica y

fonología.

Nuestra cuestión básica: «¿Qué es el lengua­ je?», es una cuestión ontológica del mismo tipo que «¿Qué es la vida» y «¿Qué es la mente?». Es uno de esos problemas que los positivistas solían declarar faltos de sentido y Popper sostiene que son infructuosos: o sea, un problema auténtica­ mente filosófico, profundo y, por ende, difícil. Sin

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embargo, ai igual que los demás problemas de la misma categoría, no puede ser investigado por la sola filosofía.

Acaso se comprenderá mejor la naturaleza del problema si se intenta responder la cuestión re­ lacionada: «¿Existe el lenguaje?». Según el idea­ lismo, el lenguaje existe por sí mismo, sea como idea platónica que preexiste a las gentes y planea por encima de éstas o como creación humana, aunque inmaterial. Evidentemente, no puede ha­ ber prueba empírica de ninguna de estas varieda­ des del idealismo, ya que sólo tenemos experien­ cia de cosas materiales. El idealismo lingüístico no sólo es infundado, sino que Favorece el cortar los lazos de la lingüística pura con las demás ra­ mas de la lingüística.

Una üntología naturalista (o materialista) como la nuestra (Bunge 1977, 1979, 1981) niega la exis­ tencia independiente de objetos inmateriales e in­ tenta unirse a la ciencia. En semejante ontología, el lenguaje no existe de la manera como existen las estrellas y los animales. En semejante ontolo­ gía, lo real no es el lenguaje, sino los seres huma­ nos (u otros seres racionales) ocupados en produ­ cir, transmitir o entender frases. Preguntar si existe el lenguaje es como preguntar si existen la vida o la mente. La respuesta es un «no» incon­ dicional. No hay lenguajes autónomos, del mismo modo que no hay vida o mente por sí mismas. Hay, en cambio, animales pensantes y, en par­ ticular, animales capaces de hablar y compren­ der el habla. Supondré que este hecho, la produc­ ción y comprensión del habla, es el hecho lin­ güístico primario. Todo lo demás relativo al len­

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guaje es construcción conceptual, empezando por el lenguaje mismo. Brevemente: el había es real, el lenguaje no.

Sin embargo, nada nos impide fingir que hay mentes, ciencias o lenguajes independientes de procesos cerebrales, como nos hacemos la cuenta de que hay números y melodías en sí mismos. Creamos la ficción de qué hay lenguajes en sí mismos cada vez que hacemos abstracción de las i dtosi acracias de los hablantes y sus interlo­ cutores, de los escritores y sus lectores, limitán­ donos a considerar aquello que comparten. Cuan­ do estas gentes comparten una gramática —o sea, cierta manera de combinar y comprender ciertos sonidos o símbolos—, decimos que hablan o escri­ ben la misma lengua.

Análogamente, por diferentes que sean las ma­ neras como distintos individuos piensen determi­ nado objeto matemático, podemos fingir que éste pertenece a un sistema conceptual impersonal y extrasocial llamado «matemática». Semejante fic­ ción es necesaria para hacer matemática e in­ cluso para estudiar la psicología y la sociología de la investigación matemática. La ficción se con­ vierte en falsedad sólo cuando se la reifica, o sea, cuando se postula que el mundo está habitado por objetos inmateriales tales como teorías ma­ temáticas, sinfonías y lenguajes en sí, o sea, des­ ligados de los matemáticos, los músicos y los ha­ blantes respectivamente, (Para el status ontológi- co de tales objetos culturales, véase Bunge 1981.)

El lingüista puro, al igual que el matemático, tiene derecho a simular que existe tal cosa como un lenguaje desligado de procesos biológicos y

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sociales concretos. Recurre a tal ficción cuando centra su atención en las similitudes lingüísticas entre los miembros de una comunidad de habla. Lo hace cuando concibe un fonema como una clase de equivalencia de sonidos, o una oración como una dase de equivalencia de cadenas signi­ ficativas de sonidos. En tal caso, se ocupa de lo que Saussure llamaba langue (lengua) a dife­ rencia de parole (habla), y de lo que Chomsky denomina competencia a diferencia de perfor­ mance (desempeño). El hecho lingüístico prima­ rio es un hecho de parole o de performance, no de langue o de competencia. «Lengua» (langue) y «competencia lingüística» son constructos: son modelos conceptuales de procesos que ocurren en o entre cerebros.

Postularemos que la lingüística pura (o cien­ cia de la gramática) se ocupa solamente de tal objeto modelo, en tanto que los demás lados del hexágono lingüístico (figura 1) estudian ciertos as­ pectos deí hecho lingüístico primario, o sea, la producción, comprensión y utilización de expre­ siones lingüísticas. En otras palabras, estas otras ramas de la lingüística estudian la parole o la per­ formance. ( Desde nuestro punto de vista, Chomsky no yerra al distinguir la competencia del desem­ peño, caso particular de la útil distinción aristo­ télica enlre potencia y acto. Su error consiste en afirmar que la primera es el estado inicial del hablante, en lugar de ser un refinado constructo. Volveremos a este punto en el cap. 6.)

Además de construir objetos modelo tales como oraciones, gramáticas y lenguajes, los lin­ güistas se ocupan (o deberían ocuparse) de cons­

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truir teorías que describan tales objetos modelo. (Por «teoría» entendemos un sistema hípotético- deductivo.) Tales teorías deberían dar cuenta, in­ directamente, de algunos aspectos del hecho lin­ güístico primario. En particular, tales teorías lin­ güísticas podrán describir procesos psicolingüís- ticos, gramáticas de lenguas particulares o lo que fuere. Más aún, cualquier objeto modelo, por ejemplo una gramática, podrá ser descripto por teorías diferentes o, incluso, rivales. En este sen­ tido, la jingüística no se distingue de las demás ciencias de hechos. (Por ejemplo, tanto la mecáni­ ca relativista como la clásica describen cuerpos idealizados, sea como puntos materiales, sea como medios continuos.) El cuadro 2 resume lo ante­ rior y permite comparar la situación en lingüís­ tica con la que se da en otras dos ciencias.

El contraste entre la lingüística pura y las de­ más ramas de la lingüística (recuérdese fig. i) puede resumirse como sigue. Mientras los lin­ güistas puros se ocupan de conjuntos (infinitos) de constructos, tales como oraciones gramatica­ les, los demás lingüistas estudian sucesos y pro­ cesos en cosas concretas tales como hablantes y comunidades lingüísticas. Pero, desde luego, los referentes mediatos de la lingüística pura son (o deberían ser) hechos lingüísticos que involu­ cran hablantes y comunidades lingüísticas. Y no es posible estudiar tales hechos sin usar algunas de las herramientas conceptuales forjadas por los lingüistas puros. De aquí que la relación entre la lingüística pura y las demás ramas de la lin­ güística sea de complementación antes que de exclusión mutua o dominación, (Sin embargo,

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se-C u a d ro 2 H e c h o s y c o n c e p to s en tr e s c ie n c ia s B io lo g ía T e or ía g en er al d e la ev o lu ci ó n p o r m u ta * ci ó n , « el ec ci ó n n a tu ra l, etcé te ra T eorías de la ev o lu ci ó n hu m a n a { o eq ui n a, e tc .} F ís ic a M ec án ic a re la tiv is ta d e m ed io s continuos M ec án ic a cl ás ica de m e­ d io s con ti nu os Te orías re la tiv is ta s d e la m ecá ni ca d e m a te ria ­ le s de cl as es es p ec ia le s Te orías clá si cas de la m ecá ni ca d e materiales de clase s es p ec ia le s L in g ü ís ti ca C o n el ti em po , teorías gen er al es { u n iv ers al es ) de la prod ucc ió n d el ha bí a, d e gramáticas, etcéte ra Te orías de la sin ta x is (o semántica, o fo n o lo ­ g ía ) d el castella no (o mandarín, n á hu a tl, et ­ cétera) Teo ría s so cí o li n g ü is ti - ca s, p si co li n g ii ís ti ca s y neu roi ingüisticas de fe ­ n ó m en o s lin gü ís ti co s p ar tic u la res It e m T eo a s g en er a le s Teo ría s es p ec íf ic a s (m o d el o s) de objetos m o d el o

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P o bl ac io ne s q ue c o ev o ­ lucionan en u n m ed io v ari abl e (o con sta nte ) P o b la ci ó n únic a en un m ed io v ari abl e (o c o n s­ ta nte) G e n o m o si m p li fi ca d o en u n med io variab le (o con sta nte ) E sp ec ia ci ó n . ex ti n ci ó n , mu tac ió n, se le cc ió n n a­ tur al , et c. , de p o b la ci o ­ n es rea le s en in te ra c­ ci ó n la s u n a s co n la s otras y co n u n m ed io v ari ab le C u erp o fl u id o Co nt in u o def ormabie Si st em a deformable de partículas Sistema rig íd o de p a r­ tículas Par tíc ula pu ntu al C u erp o s en m o v im ie n ­ to q ue ab sor be n o e m i­ ten cal o r, on das el ec ­ tro magnéticas, et c. Le ng ua je en ge n er al L en g u as ha bla da s por hab lantes id ea le s Gr amáticas R eg la s grama ticale s Tr ansformaciones d e e str u c tu ra s de fr ases E st ru c tu ra s d e fr ase s C at eg or ía s le x ic al es D is cu rs o s O ra ci o n es F ra se s M o rf em as F o n em as P ro d u cc ió n y co mpren­ si ó n d e frase s p ron un ­ ci ad as O b je ta s m o d el o (r ep re se nt aci o ne s co n ­ ce pt u ale s de co sas o p ro ces os reales) H ec h o s en eí n u tr id o re al

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ría interesante poder deducir las gramáticas con ayuda de principios psicolingüísticos y sociolin- gütsticos.)

Otra manera de expresar io mismo me ha sido sugerida por Mikc Dillinger y gira en tomo al con­ cepto de sistema. Un sistema puede representar­ se por una tema campos ic i ó n-m edio-estructura m- terna tnás externa (Bunge 1979). En tanto que los lingüistas puros construyen sistemas concep­ tuales, sus colegas en las demás ramas de la lin­ güística estudian sistemas reales tales como per­ sonas en desarrollo y comunidades en evolución. (Sin embargo, está claro que aquéllos se refieren presumiblemente a sistemas reales o concretos, los cuales a su vez se estudian a la luz de siste­ mas conceptuales.)

El concepto de sistema conceptual se aplica a un lenguaje /. haciendo las identificaciones si- guien les:

Composición de I, — Vocabulario (conjunto de morfemas) de L.

Medio de L = Referentes extralingüísticos de elementos del vocabulario de L.

Estructura de L :

Interna = Reglas de formación, transfor­ mación y pronunciación de L,

Externa = Reglas semánticas y pragmáti­ cas de

Puesto que en esta concepción los componen­ tes de L se toman como si fuesen atemporales, el sistema en cuestión es él mismo atemporal y, por lo tanto, imaginario antes que concreto. (Esto vale, con mayor razón, para el lenguaje en general.) En cambio, un hablante real es un sistema concreto

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que vive y actúa en una sociedad, de modo que cambia en e] transcurso del tiempo, Y una comu­ nidad lingüística es otro sistema concreto y cam­ biante: un sistema compuesto por los hablantes de cierto idioma metidos en algún medio natu­ ral y social y relacionados entre sí, así como con miembros de otras comunidades lingüísticas, me­ diante vínculos (entre ellos, lingüísticos) compren­ didos en la estructura social de la comunidad. (Para la concepción de la sociedad como sistema, véase Bunge 1980 b.)

Se puede, pues, concebir las distintas ramas de la lingüística como estudios de sistemas de otras tantas clases, algunos conceptuales, otros materiales. Sin embargo, todos ellos deben dar cuenta, en última instancia, de los mismos hechos lingüísticos básicos. (Desgraciadamente, a menu­ do se pierden de vísta estos hechos cuando se busca regularidad y generalidad, búsqueda que implica altos grados de abstracción. Esto sucede a menudo en lingüistica matemática.)

Semejante variedad de enfoques no dará como \ resultado la rivalidad si ninguno de ellos pretende excluir o subordinar a los demás. Pero esto es pre­ cisamente lo que está ocurriendo en lingüística en estos momentos: el estudio puro (internalista o abstracto) del lenguaje, que se centra en la sin­ taxis, pretende que su campo de estudio es el más importante de todos. De ahí la lucha. Pero esta lucha merece un capitulo aparte.

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CAPÍTULO 2

EL LEVANTAMIENTO DE CHOMSKY

La lingüística y su filosofía fueron alteradas profundamente por los manifiestos de Chomsky de 1957 y de 1965. El primero culminó en la etapa temprana, predominantemente sintáctica, de la GGT, mientras que el segundo expuso la llamada «teoría estándar» que pretendía cubrir la lingüís­ tica general, la psicolingüística y bastante más.

La transformación causada por la obra de Chomsky y su escuela ha sido saludada a menudo como una revolución científica (véanse Harman compil, 1981 y Smith & Wilson 1979). Otros han desafiado esta evaluación de la contribución de Chomsky sosteniendo que no fue sino una con­ tinuación de ia lingüística estructural posterior a Bloomfield (Derwing 1979, Koerner 1982). No hay duda de que esto último es cierto, pero tam­ bién es verdad que toda revolución tiene sus pre­ cursores. Lo que importa es averiguar si Choms­ ky y sus colaboradores introdujeron una nueva estructura conceptual —en particular nuevos pro­ blemas, métodos, teorías y metas— en la inves­ tigación lingüística. (Véase Bunge (1983 a, para una dilucidación del concepto de estructura con­ ceptual de una disciplina.)

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la GGT, está claro que ésta fue revolucionaria en algunos respectos, particularmente en sintaxis, la cual había sido descuidada por los estructura- listas. (Sin embargo, sostendremos más abajo que la GGT fue contrarrevolucionaria en otros respectos.) En primer lugar, Chomsky mostró que las gramáticas de estructura de frase son inadecuadas pór carecer de reglas de transforma­ ción, de modo que no dan cuenta del mapeo de declarativos en interrogativos, de Formas activas en pasivas, etc. (Una transformación sin Láctica es un mapeado o función de un conjunto en otro.) Esta deficiencia llevó a Chomsky a concebir una gramática de una manera nueva y más amplia: según él, una gramática contiene no solamente reglas de formación (que especifican estructuras de frases), sino también reglas de transformación (que especifican transformaciones de estructuras dé Frases). Más aún, una gramática, entendida en éste sentido amplio, debería contener también ciertas reglas morfofonémicas (o de «representa­ ción» fonética) y, a partir de 1965, también re­ glas semánticas o de significación. También era novedosa la insistencia de Chomsky en la nece­ sidad de construir teorías lingüísticas exactas (matemáticas), en una época en que la mayoría . de los lingüistas dedicaban la mayor parte de sus esfuerzos a trabajo de campo, como ocurre todavía en antropología (cuna de la lingüística moderna). En una palabra, la GGT fue revolucio­ naria en algunos respectos.

Pero la GGT fue también contrarrevolucionaria en la medida en que sus cultivadores rompieron la traducción de investigación empírica y propi­

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ciaron un retorno a la especulación a la manera de Wíihelm von Humboídt. En efecto, la GGT pue­ de considerarse como una suerte de lingüistica /iMMiítmsí<a paralela a la psicología y la sociología humanistas (en oposición a las correspondientes disciplinas científicas o empíricas), que empezaron a ganar algún terreno académico poco después del primer manifiesto de la GGT. (Chomsky 1972, p. 165, afirma claramente que la GGT debe poco u nada a la ciencia y está en cambio firmemente enraizada en las humanidades, en particular en la tradición filosófica racionalista.) Este aspecto del levantamiento de Chomsky ayuda a explicar su popularidad no sólo entre ios filósofos, sino también entre los estudiantes de la generación de la guerra de Vietnam, quienes cuestionaban el valor de la ciencia. Ello explica igualmente la emigración masiva de lingüistas norteamericanos, de los departamentos de antropología a los de humanidades.

También está claro que las teorías de Choms­ ky no han sido aceptadas universalmente por la profesión lingüística, de modo que su estilo de investigación no puede considerarse como un pa­ radigma dominante al estilo de los dechados cons­ truidos por Newlon o Darwin (véanse Partee 1971, en Harman eompil. 1981, y Perdval 1976). Esto fue evidente en el Congreso Internacional de Lin­ güistas de 1982, en el cual la GGT desempeñó un papel modesto. Más aún, la escuela de Chomsky, tan homogénea y poderosa en la década de 1960, se ha dividido en varios grupos no sólo en cuanto al problema del significado, sino también respec­ to de varios otros problemas. (Se cuentan más

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de catorce enfoques distintos de la sintaxis: véase Moravcsik & Wirth compil. 1980.) Lo que es más, el propio Chomsky es ei principa! heresiarca. cla­ ra prueba de su honestidad intelectual, así como del estado incierto de la GGT.

Con todo, la GGT es un campo de investigación establecido, y las ideas de Chomsky acerca de multitud de cuestiones siguen inspirando a inves­ tigadores en todo el mundo, Al mismo tiempo, la fascinante personalidad de Chomsky, asi como sus francas opiniones sobre una multitud de asuntos, junto con sus valientes actos, le han granjeado una admiración universal y han contribuido po­ derosamente a popularizar la lingüística. Otro fac­ tor que contribuye a la popularidad de Chomsky es que razona y escribe mucho mejor que el lin­ güista medio.

Cualesquiera que sean el tamaño y la perdura­ bilidad de la innovación de Chomsky, vivimos a su sombra. Los filósofos, contra su costumbre, no han sido tardos en comprender este hecho; más aún, muchos de ellos se han incorporado a la corte de Chomsky. Ahora bien, un filósofo no debería comprar a ciegas el paquete íntegro que ofrece Chomsky, porque contiene no sólo novedades téc­ nicas en lingüística —novedades que el filósofo puede no ser capaz de evaluar correctamente—, sino también un sinnúmero de tesis filosóficas sobre la lingüística y la psicología, así como di­ versas máximas metodológicas concernientes a la manera de investigar en lingüística. Puesto que todas ellas son debatibles, el filósofo deberla cum­ plir con su deber profesional, que es examinarlas críticamente. También debería establecer si estas

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tesis son esenciales o accidentales a la GGT. Sí encontrase que algunas de estas tesis son acciden­ tales, o sea, separables de la GGT, ayudaría a los lingüistas a evaluar la GGT por sus méritos intrín­ secos. (Analogía: Al evaluar lá mecánica cuántica, es preciso empezar por separar el grano matemá­ tico y empírico de la paja filosófica. No sería justo juzgar e! uno por la otra.) Esto es, precisamente, lo que nos proponemos hacer en lo que sigue.

Comenzaremos por hacer una lista de las tesis filosóficas y metodológicas más características sos­ tenidas en algún momento por Chomsky. Helas aquí:

Te sis lin g ü ist ic a s

LI. Tesis general: Un lenguaje es un conjun­ to infinito de oraciones en sí mismas, o sea, sepa­ radas de cualesquiera contextos o circunstancias biológicas, psicológicas o sociales.

L2. Tesis sintáctica: Toda oración tiene no sólo una estructura sintáctica superficial que pue­ de descubrirse con ayuda de la gramática ordina­ ria (de constituyentes o de estructura de frase)* sino también una estructura sintáctica profunda que no puede descubrirse del mismo modo, (Esta solía ser «la idea central de la gramática transfor- macional»: Chomsky 1965, p. 16. La distinción no es clara, y el propio Chomsky no hace gran uso de ella en sus escritos recientes, p. ej., 1980.)

L2. Tesis semántica i o de Katz-Postal): La estructura profunda determina la interpretación semántica, de donde la sintaxis domina a la

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se-mántjca, (Ésta era «Ja idea básica que motivó la teoría de la gramática transformacional desde el comienzo*: Chomsky 1965, p. 136. Aunque Chomsky sigue sosteniendo la primacía y autono­ mía de la sintaxis, ha abandonado la tesis de Katz- Postal. Hoy día afirma que la significación es de­ terminada juntamente por la estructura superficial y la profunda: véase 1980, cap, 4, y 1981. Desgra­ ciadamente, no ha propuesto una teoría dei signi­ ficado, de modo que el contenido de la nueva tesis es tan impreciso como el de la anterior.)

Te s is psico lógicas

P1. Mentalismo: El lenguaje está en la men­ te, no en el cerebro, y menos aún en la sociedad. Por consiguiente, todo fenómeno lingüístico debe explicarse en términos mentalístas. (Sin embar­ go, de cuando en cuando Chomsky rinde tributo retórico a la neufociencia del futuro.)

P2, Facultad lingüística: El hombre es único por haber nacido con una factdté de langage dis­ tinta de las demás capacidades mentales e inde­ pendiente de éstas; tampoco está relacionada con las capacidades sensorio-motrices.

P3, lunatism o: Heredamos no sólo la faculté de langage, sino también lo esencial de toda len­ gua, a saber, la gramática universal. Adquirir una lengua no es aprenderla desde el comienzo, sino élégir la gramática que mejor concuerda con los ínsumos lingüísticos fragmentarios y ruidosos que recibimos desde que nacemos. En otras palabras,

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todo ser bumami nace con cierta «competencia» lingüística que va mucho más allá de la mera posibilidad de aprender a hablar. Ei ejercicio de esta competencia no hace sino perfeccionar el desempeño (performance).

P4. El desarrollo (ontogenia) y la evolución (filogenia} son irrelevatttes a la competencia lin­ güística, la cual es innata, universal e invariable.

P5. Ijx comunicación, un modo de compor­

tamiento social, es igualmente irrelevante a la competencia lingüística.

Te sis métodológicas

MJ. La meta última de la investigación lin­ güística es construir teorías amplias y exactas de la competencia y del desempeño lingüísticos.

M2. Postúlese inobservables (estructuras y sucesos mentales) para explicar tos fenómenos (las oraciones). ÍP, ej., es preciso suponer que hay «estructuras» de segundo orden que «subya­ cen» a «capacidades de segundo orden», las cua­ les a su vez «construyen» «estructuras» mentales de primer orden que «subyacen» a capacidades o facultades mentales, las cuales finalmente, se ejercen al hablar: Chomsky 1980. Desgraciada­ mente, las nociones clave de estructura mental, construcción y subyacencia quedan sin dilucidar.)

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MÍ. Describase y expliqúese toda dato lin­ güístico en términos puramente mentalislas, «sin intentar, por ahora, relacionar las estructuras y procesos mentales con cualesquiera mecanismos fisiológicos, o interpretar la función mental en términos de "causas físicas"» (Chomsky 1972, pá­ gina 14),

M4. Ignórese la función social o finalidad del lenguaje como medio de comunicación: Chomsky 1980. (Ésta es una consecuencia práctica de P5.)

M5. No se intente construir teorías del apren­ dizaje. (Consecuencia práctica de P3.)

Af6. Valórese la comprensión (insight) y la explicación, más que la confirmación empírica y el ámbito (coverage): Chomsky 1980, p, 11,

En los capítulos siguientes examinaremos con algún detalle estas tesis. Anticipemos ahora algu­ nas conclusiones de nuestro estudio, a fin de poder completar nuestra evaluación del levantamiento de Chomsky.

Ad Ll. Sin duda, el lenguaje puede estudiarse (en lingüística pura y general) como un conjunto de oraciones en sí mismas, esto es, independiente­ mente de la manera como son producidas, enten­ didas y utilizadas. Sin embargo, la producción y comprensión de oraciones deben estudiarse tam­ bién como procesos fisiológicos; y la comunica­ ción por vía del habla debe estudiarse como pro­ ceso social. Estos diversos estudios son

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comple-mentarlos antes que mutuamente excluyen tes (re­ cuérdese cap. 1).

Ad L2. La distinción entre estructura super­ ficial y estructura profunda está lejos de ser clara. Por consiguiente, no puede sostenerse seriamente que haya reglas precisas para transformar (ma- pear) la una en la otra. Sin embargo, la distinción se tom a clara y útil a la semántica si la estruc­ tura profunda se entiende como estructura lógica (conceptual o pro po si dona 1) (véase cap. 4).

Ad 13. No podemos derir qué determina la interpretación semántica a menos que se dilucide adecuadamente este último concepto, es decir, a menos que se suplemente la teoría sintáctica por una teoría semántica. Hasta ahora, la GGT carece de una semántica apropiada. Acaso valga la pena investigar si la semántica del autor (Bun- ge 1972, 1973, 1974a, 1974b), que asigna un sentido y una referencia a todo concepto y a toda propo­ sición, puede emplearse para dilucidar el concep­ to de significación lingüística. (Volveremos a este tema en el cap. 4.)

Ad Pt. No hay duda de que la producción y comprensión de expresiones lingüísticas son fenó­ menos mentales. Pero no se pierde nada y, en cambio, hay mucho por ganar si se explican los fenómenos mentales como procesos cerebrales. Más aún, no hay explicación propiamente dicha (a diferencia de la mera subsuncion) sin meca­ nismo, ni hay mecanismo sin materia. (Más sobre este asunto en el cap. 6.) De modo que la

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lingíiís-tica no puede explicar nada a menos que se alíe con la psicología fisiológica y la ciencia social. Sin éstas, la lingüistica es como la astronomía sin física, o sea, como la astronomía anterior a New- ton.

Ad P2. Hay numerosas pruebas de que la fa­ culté de langage está íntimamente relacionada con otras funciones cognoscitivas, así como con las sensorio-motrices. Algunas de estas pruebas son psicológicas; otras, neurofisiológicas. Por esto es inapropiado estudiar la habilidad lingüística se­ paradamente de otras habilidades del sistema ner­ vioso.

Ad P3. No hay la menor prueba empírica del innatismo y, en cambio, hay numerosas pruebas empíricas contra él. Esto no implica que nos vea­ mos forzados a adoptar el empirismo. La solución correcta es la que propone la psicología fisiológi­ ca: heredamos un cerebro a medio organizar, e! cual terminamos de organizar en el curso de nues­ tras vidas a medida que percibimos, pensamos, sentimos, actuamos, etc. El conocimiento no es he­ redable. En particular, no nacemos con un cono­ cimiento de la gramática universal; si la conocié­ ramos desde el nacimiento, no seguiríamos inten tando descubrirla.

Ad P4 & P5. Sí estamos seriamente interesa­ dos en comprender la adquisición y el uso de una lengua, debemos estudiar el desarrollo, la evolu­ ción y la interacción social.

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Ad Mi. Puesto que no hay tal cosa como una «competencia» lingüística innata, universal y cons­ tante, no es posible reunir pruebas empíricas en favor de una teoría acerca de ella. En cambio, es posible distinguir teorías en lingüística pura (o sea, teorías acerca de constructos lingüísticos tales como «lenguaje» y «orden de las palabras») de teorías en otras ramas de la lingüística (o sea, teorías acerca de procesos reales tales como la lectura),

<4d M2. Postular inobservables para explicar los fenómenos es, en efecto, necesario y caracte­ rístico de la ciencia moderna. Sin embargo, esto puede hacerse científicamente (como en física) o no (como en psicoanálisis). No podemos usar inobservabas arbitrarios para explicar los fenó­ menos lingüísticos, sino solamente inobservables eserutables, o sea, inobservables representados por conceptos que se presentan en teorías empírica­ mente contrastables. Las «estructuras» mentales postuladas por Chomsky no son de este tipo. Él mismo reconoce que podemos conocerlas tácita­ mente y especular acerca de ellas, pero no apre­ henderías por medios objetivos (p. ej., neurofisio- lógicos).

Ad M3. No hay nada malo en postular estados y procesos mentales, con tal que la mente no se conciba como un ente que existe por sí mismo. La prohibición de «neurologizar» es un obstáculo filosófico arbitrario ai avance científico.

Ad M4. La prohibición de hacer investigación sociolingiiística es igualmente anticientífica,

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por-que el lenguaje es, entre otras cosas, un fenóme­ no social.

Ad M5. Necesitamos teorías del aprendizaje, aunque no las teorías superficiales propuestas por los psicólogos conductistas. Necesitamos teorías contrastabas capaces de describir el aprendizaje y, más aún, de explicarlo en términos neurofisio- lógicos (p. ej., teorías que incluyan la hipótesis, de Hebb, dd uso y desuso).

Ad M6. La comprensión y explicación no son valiosas en sí mismas, porque pueden ser provis­ tas a bajo coste por teorías pseudocientíficas. Lo que necesitamos es la comprensión que suminis­ tra la explicación científica, la cual es más que la mera subsunción bajo leyes o reglas.

En síntesis; a) no hay duda de que la obra de Cbomsky y su escuela han producido un levan­ tamiento en la lingüística; b) este levantamiento tiene aspectos positivos (progresistas) y otros que son negativos (regresivos); c) acaso sea po­ sible desligar todos los aspectos negativos d d pa­ quete de Chomsky de sus contribuciones positi­ vas, librando así a la GGT de una filosofía que la estorba. Exploremos esta posibilidad.

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CAPÍTULO 3 SINTAXIS

Según tos lingüistas clásicos, la gramática coincide con la sintaxis. Chomsky (1957) amplió el concepto de gramática incluyendo en ésta las reglas morfofonémicas y, más adelante (1965), las reglas semánticas o de significado. (También ha definido la gramática como una función que apa­ rea cadenas de sonidos o signos con significados.) En este capítulo nos ocuparemos de este concepto ampliado de gramática y, en particular, de su com­ ponente sintáctica. En definitiva, lo que distingue a la GGT de sus predecesoras es principalmente la prioridad que asigna a la sintaxis. Más aún, sos­ pecho que, una vez que se hayan disipado el polvo y el humo causados por la batalla en curso, la GGT se verá como una importante contribución a la teoría de la sintaxis.

Según Chomsky (1965, p. 4), «una gramática dé una lengua se propone describir la competen­ cia intrínseca del hablante-oyente ideal». Pero, dado que tal hablante-oyente ideal forma sola­ mente oraciones gramaticales (bien formadas), las gramáticas son prescriptivas o normativas, contrariamente a la afirmación de Chomsky pero conforme a la lingüística clásica. (Volveremos a este punto dentro de un rato.) Más aún, según

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Chomsky (1965), fas gramáticas son teorías que permiten generar o derivar oraciones de ia ma­ nera corno las teorías matemáticas le permiten a uno deducir teoremas. En particular, la gramá­ tica universal, que sería innata, seria también una teoría. Se sigue que «asignamos a la menre, como propiedad innata, la teoría general del lengua­ je que hemos llamado “gramática universal”» (Chomsky 1972, p. 88), Sofrenemos los caballos y sigamos escuchando al maestro.

La función de una gramática de una lengua es generar todas las infinitas oraciones gramatica­ les (bien formadas) de la lengua, y solamente ellas. Esta generación es efectuada por las reglas gra­ maticales, en particular las sintácticas. Chomsky concihe estas reglas por analogía con las reglas de la lógica matemática. Hay dos ciases de reglas sintácticas: las de estructura de frase (o super­ ficial) y las de transformación. Las primeras corresponderían a las reglas de formación de fórmulas bien formadas, de la lógica matemática. Ejemplo: «oración —*■ frase nominal 4- frase ver­ bal». Las segundas corresponderían a las reglas de deducción de la lógica. Ejemplo: las reglas que gobiernan el mapeo (mapping) de oraciones (o, mejor dicho, de sus estructuras de frase) en sus negaciones (véase el Apéndice 1).

Además, la gramática, en el sentido de Choms­ ky, asigna a toda oración una estructura profunda, objeto un tanto misterioso. En la teoría estándar de 1965, la estructura profunda determina el sig­ nificado, en tanto que la superficial es apareada tíon signos escritos o con sonidos. En este último caso, las reglas de apareamiento son las reglas

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fonológicas, que también forman parte de la gra­ mática en eí sentido de Chomsky.

Esta concepción de la gramática suscita, entre otros, los siguientes problemas de interés filosófi­ co: a) ¿qué es una gramática? (en particular, ¿es una teoría, como sostiene Chomsky?); b) ¿qué es una regla gramatical; prescripción, convención, ley o tendencia?; e) ¿en qué sentido puede de­ cirse que una gramática «genera» las oraciones de una lengua?; d) ¿cómo están «representadas» las gramáticas en la mente (o en el cerebro)?, y e) ¿qué son las estructuras profundas y cuál es su relación con las superficiales? Procedamos a in­ vestigar estas y otras cuestiones relacionadas con ellas.

Es bien sabido que la palabra «gramática* es ambigua: designa tanto ia estructura interna de una lengua como un modelo conceptual de dicha estructura. Así, lingüistas diferentes pueden pro­ poner diversas gramáticas (modelos conceptuales) de una misma gramática (estructura interna) de una lengua dada. Chomsky toma nota de esta am­ bigüedad pero confunde sistemáticamente ambos conceptos, al punto de afirmar que la «competen­ cia» lingüistica incluye un conocimiento tácito de la gramática universal, o estructura común a todas las lenguas.

Según la GGT, una gramática de una lengua debe «generar» todas las oraciones de esta lengua y solamente ellas. El término «generación» se toma de la matemática, donde una fórmula que define un conjunto dado de objetos (p. ej., una familia de funciones) se dice que los genera. Pero ei mismo Chomsky ha aclarado ocasionalmente

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que el término «generación» no debería interpre­ tarse literalmente, o sea, en sentida ontológico. (Sólo el cerebro humano, o algún substituto arti­ ficial del mismo, puede generar oraciones en el sentido literal del término.) Hablando con propie­ dad, una regla gramatical sólo puede caracterizar, especificar o analizar las oraciones bien formadas.

Una novedad de la GGT, además de que inclu­ ye reglas de transformación, es que el último paso en la «generación» o «derivación» de una oración consiste en ejecutar la operación que Chomsky llama lexical insertion (inserción lexicográfica). Esta operación consiste en llenar los blancos in­ dicados por las diversas categorías con palabras específicas. Por ejemplo, las «reglas» Art —» la y S~*mña, aplicadas a la cadena categorial A rt# S , «generan» la cadena terminal la#niña. Pero éstas no son reglas propiamente dichas, en ninguna de las acepciones reconocidas de la palabra «regla». Son ejemplos de categorías lexicográficas y, por ser ejemplos, no pueden formar parte de un mo­ delo conceptual general como es una gramática. Ésta no es una observación trivial, porque, si tales «reglas» de ejemplificación no son reglas propia­ mente dichas, entonces no puede sostenerse que una gramática genere oraciones particulares: sólo puede decirse que «genera» (describe, especifica, analiza) tipos de oraciones.

Hay más: entre la «generación» de oraciones y la deducción lógica de proposiciones no hay sino una similitud o analogía. En efecto, fas oraciones se «derivan» con ayuda —o, mejor dicho, permi­ so— de reglas gramaticales más ejemplificaciones («inserciones lexicográficas»). Pero no se deducen

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al modo de teoremas. (Por este motivo, llamar axioma a la oración inicial no pasa de ser una broma.)

Por ío tanto, contrariamente a lo que sostienen Chomsky y sus discípulos, aunque las gramáticas se parecen a teorías, no son teorías. Sólo descri­ ben y codifican ciertos aspectos del lenguaje: no explican (Foley 1977, p. 4). Por cierto, una gramá­ tica, si es adecuada, «cubre» o subsume toda ora­ ción posible de la lengua respectiva. Pero la sub- sunción no es una explicación propiamente dicha (véase Bunge 1983 b). Sólo la neurolingüística, la ps ico Ungios tica y la sociolingüística podrán even­ tualmente explicar cómo producimos y entende­ mos oraciones, al exhibir los mecanismos de la producción y comprensión de oraciones. Análo­ gamente, la bioquímica puede explicar la elabo­ ración de alimentos prescripta por los libros de cocina, y la ciencia social podrá explicar la con­ ducta social prescripta por los códigos jurídicos. Para comprender que la relación lógica de consecuencia o deductibilidad no figura en ningu­ na regla gramatical, considérese las reglas que describen la transformación de una oración en su negación o en la pregunta correspondiente. Evi­ dentemente, no puede decirse que una oración implica su negación, y menos aún la correspon­ diente interrogación. 0, para ser más específicos, consideramos las siguientes reglas de estructura de frase y ejemplideaciones:

O FN + FV

FN Art -f- 5

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A rt—*■ un, una

S —> muchacho, niña, libro V —* leyó, vio

donde los símbolos que figuran a la izquierda de­ signan categorías lexicográficas: O, oración; FN, frase nominal; FV, frase verbal; S, sustantivo; V, verbo, y Art, artículo. Estas reglas y ejemplifi- caciones «generan» oraciones tales como im mu­ chacho vio una niña, una ttiña leyó un libro, un muchacho leyó una niña y un libra vio una niña. Pero ninguna de estas oraciones se sigue lógica­ mente de tales reglas y ejemp!ideaciones, Por con­ siguiente, las gramáticas no son teorías, Y las teorías acerca de gramáticas no son meta teorías.

Chomsky ha afirmado repetidamente que las reglas gramaticales no son normas que sirven para canonizar o excomulgar expresiones pro­ nunciadas o escritas por habíanles reales; según él, tales reglas describen la competencia (no el comportamiento real o desempeño) de un hablan­ te-oyente ideal. También ha propuesto una carac­ terización formal, aunque sibilina, de una regla, a saber, como un par ordenado <X, Y> tai que X- +Y , que a su vez ha de leerse: «reescríbase X como Y* (Chomsky & Miller 1963, p. 292). Aho­ ra bien, si <X, Y> es una regla de formación (o de estructura de frase), entonces sólo afirma que X está compuesta de (y, por lo tanto, puede ana­ lizarse como) Y. Y si <X, Y> es una regla de transformación, sólo afirma que X se transforma (obligatoria u optativamente) en Y. Concebidas de esta manera, las reglas gramaticales no son ins­ trucciones o prescripciones para hacer algo, sino

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que están en un pie de igualdad con las leyes algebraicas de ia asociatividad y la distributividad. (Acaso no fue por descuido que Chomsky 1957, página 49, identificó reglas con leyes.) Por su­ puesto, tales oraciones pueden interpretarse prag­ máticamente, esto es, como instrucciones, por ejemplo, para analizar una fórmula. Pero esto vale para toda fórmula y, en particular, para todo enunciado de ley. (Más precisamente, todo enunciado de ley sirve de base para dos reglas o prescripciones: una para hacer algo y otra para evitar que algo suceda; véase Bunge 1969, 1983 a.) En definitiva, una regla gramatical de la forma «X-^- Y» sólo afirma que una expresión de tipo X puede analizarse como una sucesión de expresio­ nes de tipo Y (Chomsky 1962, p. 539),

Esta concepción de tas reglas gramaticales es muy diferente de Ja concepción como entes con poder generativo, que es como las concibe Chomsky cuando hace psicolingüística. Así, por ejemplo, nos dice que conocer una lengua «es poseer cierta estructura mental consistente en un sistema de reglas y principios que generan y relacionan representaciones mentales de varios tipos» (Chomsky 1980, p. 48). Aquí las reglas ya no son descripciones o análisis, sino entes activos, si bien inmateriales, que empujan o guían la for­ mación de procesos mentales de la manera como los míticos ego, superego, id y libido del psicoaná­ lisis nos hacen sentir, pensar y hacer ciertas co­ sas. Está claro que es preciso elegir: o bien las reglas gramaticales son constructos que describen o prescriben, o bien son componentes de una *es­

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tructura mental* que tiene el poder de generar estados mentales.

La elección entre estas dos interpretaciones ri­ vales es sencilla. En primer lugar, la noción de una «estructura mental* activa y separada de un cerebro activo es grotesca, aunque sólo sea por­ que las estructuras (conjuntos de relaciones) no pueden obrar sobre las cosas de las que son estruc­ turas. (No hay estructuras en sí: toda estructura es la estructura de alguna cosa; véase Bunge 1979.) En segundo lugar, la hipótesis mentalista de que la mente es algo distinto de un conjunto de funciones cerebrales carece de soporte empíri­ co. (Volveremos sobre este asunto en los capítulos siguientes.) En tercer lugar, también carece de apoyo empírico la hipótesis de Chomsky de que la mente tiene componentes activos y pasivos. En resolución, podemos hacer a un lado la idea de que las reglas gramaticales son entes qué poseen un poder generativo. Examinemos las demás po­ sibilidades.

Quedan las siguientes posibilidades mutuamen­ te excluyentes: tas regias gramaticales son, bien convenciones, bien regularidades objetivas; y, si lo último, son ya leyes sin excepción, ya tenden­ cias. A primera vista, la opinión de que las gramá­ ticas son convencionales es abiológica y ahistórica. Pero no todas las convenciones son adoptadas li­ bremente o impuestas por la fuerza. Por ejemplo, llamar, a una silla, silla, chaise o Stuhl constituye otras tantas convenciones, ninguna de las cuales fue adoptada por una asamblea o impuesta por un déspota. «Convencional» no es sino el dual de ■natural» o «legal» (en conformidad con la ley

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natural). A diferencia de las leyes (naturales), las convenciones pueden ser obedecidas o violadas, y ello de diversas maneras y más o menos conscien­ temente, De modo que, en principio, es posible que las gramáticas sean convencionales. Sin embargo, la investigación de universales lingüísticos, la his­ toria del lenguaje y la interacción entre lenguaje y sociedad hacen concebir dudas acerca de la ver­ dad de la hipótesis de que las lenguas sean pura­ mente convencionales.

La posibilidad restante es considerar las re­ glas gramaticales como proposiciones que repre­ sentan regularidades lingüísticas: si no leyes, al menos tendencias. En este caso debemos enfrentar el problema de las excepciones a las reglas gra­ maticales: debemos saber cómo reconocer expre­ siones gramaticalmente incorrectas y qué hacer con ellas. (Como se verá en un momento, éstos no son sino dos aspectos de un mismo problema.) El empirista consecuente se resistirá a admitir la existencia misma de expresiones gramaticalmente incorrectas: sólo accederá a comprobar si la sos­ pechosa figura en el corpus que le es accesible; si no figura, la declarará poco frecuente. En teoría, el empirista debería predicar la doctrina anarquis­ ta de que todo está permitido. En cambio, el ra­ cionalista consecuente desechará como incorrecta toda expresión que no se ajuste a su gramática. De esta manera se evitará el disgusto de contem­ plar cómo su modelo favorito es arruinado por algún miserable contra ejemplo. Y, para salvar la tesis innatista con la misma piedra, imputará in­ corrección a «accidentes de desempeño», jamás

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a la «competencia», a la que considera perfecta, invariable y universal.

Es probable que los gramáticos de la vida real, los que se ocupan de escribir gramáticas o ana­ lizarlas, no sean empirístas estrictos ni racionalis­ tas estrictos, sino más bien racioempiristas que admitirían tanto regularidades gramaticales como excepciones a éstas. (Véase Bunge 1983 b para una síntesis de empirismo y racionalismo.) Es proba­ ble que admitan que, tanto los cor por a como las gramáticas que intentan dar cuenta de ellos, son imperfectos. Y es probable que empleen algunas excepciones para reformular algunas reglas, y al­ gunas reglas para regularizar a los irregulares o incluso rechazarlos. No hay en esto círculo vi­ cioso, sino un dar y tomar entre datos empíricos y modelos conceptuales, como en cualquier otra ciencia. La diferencia es que el lingüista —al igual que el tecnólogo, pero en contraste con el cientí­ fico natural— puede alterar el lenguaje, si bien sólo en muy pequeña medida en la mayoría de los casos. En efecto, los porteros lingüísticos, como los críticos literarios y los miembros de fas aca­ demias de lenguas, así como los reformadores y planeadores lingüísticos, hacen precisamente eso. Piénsese en reformadores de la lengua tales como Andrés Bello y George Bernard Shaw, quienes reformaron reglas fonéticas y regularizaron verbos irregulares.

Quien adopte esta tercera postura admitirá tácitamente que las reglas gramaticales rio son convenciones puras ni leyes estrictas, sino más bien tendencias que, como tales, son corregibles en aras de la generalidad, la sencillez o la eufonía.

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En otras palabras, el lenguaje no es completa­ mente convencional ni completamente natural. Es, en cambio, resultado de la invención limitada por leyes y circunstancias. A este respecto, el len­ guaje no difiere de la ciencia, el arte o la política: los cuatro, y otros con ellos, son creaciones huma­ nas en las que se unen la necesidad, el azar y el artificio. (Dicho sea de paso, Chorasky se contra­ dice cuando niega que las lenguas sean creaciones humanas al mismo tiempo que insiste en la crea­ tividad lingüística de cada uno de nosotros.)

El próximo punto de nuestro orden del día es éste: ¿dónde residen las gramáticas? Chomsky (1972, 1975, 19S0) afirma que las gramáticas están «representadas» en la mente, y la gramática uni­ versal desde el momento de nacer. (Más aún, Chomsky imagina que el infante es capaz de deci­ dir qué gramática se ajusta mejor a las muestras lingüísticas que le dan. Volveremos a este punto en el cap. ó.) Sin embargo, Chomsky no dilucida lo que entiende por «representación» ni explica la manera como las gramáticas estarían «represen­ tadas» en la mente: ¿se trata de un mapa fiel, de una proyección o de qué? La tesis es tan impre­ cisa, que se reduce al lugar común de que las gra­ máticas son construcciones conceptuales.

Sólo los conductistas rechazarían la tesis de que las gramáticas son constructos; pero el pro­ pio Chomsky los ha criticado eficazmente {Choms­ ky 1959, 1972, 1975, 1980). El problema interesante es el de si las gramáticas residen en un espíritu inmaterial, en el cerebro o en ninguno de ellos. La primera posibilidad es descartada por la psi­ cología fisiológica, que concibe la mente como una

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colección de funciones (procesos) cerebrales; tam­ bién es imptausible a la luz de la neurología, que muestra que el agramatismo (o habla telegráfica) es una disfunción cerebral. Con todo, el fracaso del mentalismo —o, por lo menos, su incompati­ bilidad con la neurociencia contemporánea— no nos obliga a adoptar la hipótesis de que la gramá­ tica está en el cerebro, por ejemplo, como circui­ to neuronal, o asamblea de neuronas, o engrama, o siquiera como mera disposición o propensión a que se efectúen ciertas conexiones neuronales. La razón de ello es que la gramática de una len­ gua, en el sentido de estructura de ésta, no es separable de la lengua misma. La pregunta co­ rrecta, en cambio, parecería ser; «¿Dónde reside la lengua?» Sin embargo, también esta nueva pre­ gunta está mal concebida, porque presupone que el lenguaje, como el sol o el rey, debe estar loca­ lizado en alguna parte. Si el lenguaje se concibe como un constructo (recuérdese cuadro 1, del ca­ pítulo 1), entonces no puede estar en ninguna par­ te, porque sólo los entes materiales están locali­ zados. Lo que si tiene localización espaciotemporal es el proceso de hablar o, mejor dicho, el sistema del habla: las «áreas» de Wernícke y Broca junto con el órgano vocal. En otras palabras, el habla —o, más bien, la producción y comprensión de expresiones lingüísticas—■ es localizable e identifi- cable con procesos fisiológicos. Lo que vale para la gramática como estructura del lenguaje vale también, mutatis mu tañáis, para la gramática como modelo de tal estructura. Así, por ejem­ plo, la GGT del castellano no está en ninguna par­ te; no está «representada* en la mente ni en el

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