PARA COMENTAR EN LUNES David C. Róbinson O.

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PARA COMENTAR EN LUNES

David C. Róbinson O.

Primera edición (digital):

Managua, Nicaragua, 2022

© David C. Róbinson O.

© Ediciones Pensar, 2022

Diseño, diagramación:

Walter J. Petrie.

Diseño de portada y contraportada:

Jeaneth Milena Reyes C.

Ilustración de portada:

Peggy A. Robinson O.

Foto del autor:

Peggy A. Robinson O.

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De la riqueza y la discriminación

«Vinieron. Ellos tení an la Biblia y nosotros tení amos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tení an la tierra y nosotros tení amos la Biblia».

Desmond Tute

Me imagino que Newton al decir que «toda accio n tiene una reaccio n» jama s penso en economí a, pero dicho enunciado se fundamenta en un modelo matema tico, así que extrapolemos.

De repente, la aplicacio n podrí a resumirse así :

«todo enriquecimiento implica un empobrecimiento». Y a mayor enriquecimiento mayor empobrecimiento.

De acuerdo a dicho principio, Bill Gates no serí a trillonario sin pobres en el tercer mundo.

Es que las riquezas no son infinitas y si alguien tiene todo es porque muchos no tienen nada.

Pero nosotros, los supuestos civilizados, no somos piedras movie ndonos sin saber porque e insistimos en justificarnos, y los procesos de enriquecimiento y empobrecimiento se justifican a trave s de ideologí as tan simples y sencillas como el machismo, el racismo y la discriminacio n social. Su fin, delimitar la riqueza.

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Hablemos del machismo. Sin a nimo de sentar ca tedra creo que el machismo se puede resumir con la siguiente frase: «Los hombres se respetan». Dicha oracio n podemos adornarla de muchas formas y el machismo adquirira diferentes tonalidades. Por ejemplo, an adie ndole un toque de pedanterí a queda así : «Los hombres se respetan… je je je». Con un poco de fundamentalismo (estamos obligados a usar las palabras de moda) sonarí a a algo como «Los hombres se respetan… y punto». Y mezclada con ira, el peor de todo los agregados, el machismo se resume así : «Los hombres se respetan… y no te resbales».

Podemos seguir adornando: «Los hombres se respetan… y no te resbales, sino te parto la cara». Crudo argumento. ¿Co mo entonces pueden enfrentarlo las mujeres? Pueden llenar las ca rceles con los agresores o aplicar masivamente los correctivos de la Bobbit. ¡Ups!

Eso duele. En lo personal, opino que eso del respeto y los hombres es un problema de los hombres, y que somos los hombres los que estamos obligados a resolverlo. Pero, a esta altura del partido, ya estoy totalmente convencido de que los hombres no lo vamos a poder resolver sin la ayuda de las mujeres.

¿Acaso De Las Casas, Bolivar, Lincoln, Luther King y Mandela redujeron el racismo a una ideologí a primitiva y olvidada? La respuesta

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debe ser afirmativa. Los estudios del genoma humano no indican para nada que el color de la piel puede determinar el papel social que se ha de interpretar en la vida. Por eso, a veces, pienso que el racismo es algo irracional. El resto del tiempo se que es algo racional.

El racismo, cuidado, es el producto mejor vendido de nuestros dí as y eso so lo se puede hacer despue s de mucho razonamiento. Las ventas de cualquier producto que promete el e xito esta n vinculadas a una fisonomí a especí fica. Ba stenos ver la televisio n. La belleza difundida es la occidental, la de los rubios y de ojos azules. Ocasionalmente presentan otras tonalidades, pero como cosa exo tica, como si los afroamericanos y amerindios acabasen de llegar de otro planeta.

Las chatas narices, los labios gruesos y los po mulos pronunciados, ¿Son apreciados en su hermosura o so lo tolerados con resignacio n por no poder pagar el cirujano pla stico? ¿Cua les son las probabilidades de que una chola de cuerpo cuadrado sea empleada como recepcionista?

¿Acaso votarí amos para presidente de la repu blica por un «bembo n»?

Pero el desprecio no esta escrito en piedra.

Los estrictos para metros este ticos del ballet cla sico del siglo XIX, afirmaban que el eje del cuerpo de las bailarinas era una suave lí nea recta que iba desde el cuello hasta el final de su

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espalda. Ello dejo de ser así con el nacimiento y desarrollo de la escuela de ballet cubana y la irrupcio n de enormes nalgas africanas.

¿Conclusio n? Hay que regular el comercio racista de los medios y gritarles que las n atas y las bembas tambie n son bellas.

¿Que tan fa cil obtiene trabajo alguien que vive en un barrio marginal como Curundu ? O lo peor, ¿Que tan difí cil es sacarse a Curundu de la cabeza? Dos grandes lecciones sobre el comportamiento social de nosotros los llamados humanos, me las dieron hace muchos an os. Era muy joven y, si no bello, por lo menos todaví a tení a cintura. La primera fue camino a mi Colegio, el Jose Antonio Remo n Cantera. El bus donde viajaba recogio a un grupo de estudiantes del Alberto Einstein. Recuerdo que, al arribar a mi parada, una de las muchachas del Einstein, asegura ndose de ser escuchada y sen alando el edificio de mi escuela, lanzo la siguiente expresio n: «No se cua ndo van a clausurar esa fa brica de basura».

La siguiente leccio n la recibí jugando baloncesto en el barrio de El Chorrillo. Por supuesto perdí a y pronto mi bocaza estallo en una erupcio n de improperios y malas palabras.

Me es imposible olvidar la tranquilidad con que uno de mis adversarios me pregunto por que gritaba tanta vulgaridad. Como siempre, conteste con un disparate. Le dije que yo era

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chorrillero. E l ma s tranquilo au n me contesto :

«Mira juandien o, ¿Quie n te dijo que por ser de El Chorrillo hay que ser tan boquisucio?».

Hoy dí a, 40,000 an os ma s tarde y con algo menos de cintura, se que hay gente que considera abierta o solapadamente que los pobres tienen la suerte que se merecen y que lo mejor es mantenerlos lejos. Y no es so lo cosa de reales. Pese a su declaracio n la chiquilla del Einstein viajaba en un bus y no en una limosina.

Tambie n se que mi disparate en el juego es ma s comu n de lo que me agrada aceptar.

La discriminacio n no es un viento o una onda de calor que inevitablemente nos envuelve y condiciona nuestro pensar y actuar. La discriminacio n es una vejacio n de lesa humanidad, en la cual todos tenemos algu n grado de complicidad. Somos co mplices cada vez que decimos «la vida es así ». A veces pienso, que es preferible ser descarado y afirmar: «La verdad es que quiero ser rico y poderoso a costa tuya».

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Somos y punto

«Nosotros nos caracterizamos por transar y no por guerrear».

Ricardo Segura

Hay una perorata muy popular en nuestro territorio, es algo así como un fantasma que deambula por en medio de nuestras confusiones aterroriza ndonos al susurrarnos al oí do: «Los panamen os no tenemos identidad nacional.

Vivimos sin visio n ni misio n patrio tica».

De repente, voy a pecar de iluso y simplista con la siguiente afirmacio n: es imposible no tener identidad. Todo objeto o sujeto tiene propiedades distintivas, por lo tanto, tiene identidad. La ma s simple de las piedras tiene peso, color, textura, volumen, masa y caracterí sticas quí micas que, en suma, la distinguen del resto de las rocas del planeta.

Quien estudia tal piedra puede no poseer las herramientas tecnolo gicas para medir tales propiedades, o bien, puede que la misma le parezca insignificante para invertir en tal investigacio n. Pero, eso no significa que la piedra en cuestio n no sea u nica, sino que el investigador tiene graves problemas en concretar sus estudios.

Humildemente pienso que ese es el caso de

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Panama . Y la intelectualidad istmen a tiene su responsabilidad en ello, ya que, por dogmas o pereza, insiste en el discurso de la ausencia de identidad nacional. Muchos quieren mostrarnos como un conglomerado extremadamente complejo y se excusan sentenciando: «Somos un sancocho», como si dicho plato no fuese una sopa con so lo seis ingredientes: Agua, sal, n ame, gallina, ore gano y culantro. ¿Estaremos avergonzados de nuestra sencillez? ¿Sera que un proceso de 178 an os de «soberanizacio n» no basta para tener identidad nacional? ¿Acaso no ocurrio nada entre 1821 y 1999?

Aparentemente hay quienes necesitan derramar sangre para justificar el nacimiento de una nacio n. Absurdo, ¿verdad?

Hace unos meses asistí a un debate sobre el dilema de la identidad nacional. Se caracterizo , como siempre, por la llantarrea de las leyendas negra y dorada y por la ausencia de un proyecto patrio tico. Ingenuamente pregunte si identidad nacional era lo mismo que proyecto polí tico.

Nadie me contesto .

Algu n candidato presidencial, afirmo en algu n torneo electoral que la situacio n cao tica del paí s debí a ser achacada a la ausencia de un proyecto. Al parecer esa idea provoca consenso entre las llamadas huestes nacionalistas.

Supongo que nuevamente voy a pecar de ingenuo: Siempre hubo un proyecto polí tico para

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el istmo. El que no representase, quiza s, beneficios para todos, no significa que no existiese. Hasta nombre tiene: PROMUNDI Y BENEFICIO.

En 1821, motivados por Bolí var y la co moda irresponsabilidad de no asumir la defensa de la soberaní a del estado, ese proyecto unio el istmo a la Gran Colombia. Al final de la Guerra de los Mil Dí as, a pesar de tener la victoria en las manos, los liberales sumados a ese proyecto, aceptaron la paz y traicionaron a Victoriano. En estos tiempos privatizados, el mejor ejemplo es la venta del Hipo dromo Presidente Remo n. Pudiendo ser los duen os absolutos de dicha propiedad, los beneficiados de PROMUNDI prefirieron ser socios minoritarios y obtener ganancias sin mucho esfuerzo.

Así es. Hemos tenido un proyecto polí tico vuelto hacia fuera. ¿No les llama la atencio n que cualquier evento siempre se compara con el carnaval de Calle 8 y no con el de Las Tablas?

Pero al lado de PROMUNDI siempre ha convivido otro proyecto, ese que Blades resume en el verso: Son los mártires que gritan: bandera, bandera...

La identidad nacional es el conjunto de rasgos propios de una colectividad que la caracteriza frente a los dema s. ¿Sera fa cil definir lo panamen o o sera que los panamen os no

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queremos caracterizarnos claramente frente a los dema s? El 16 de mayo de 2005, la corporacio n La Prensa publico en el suplemento Pulso de la Nacio n, el resultado de una encuesta que giro en torno al problema de la identidad.

Los datos ma s llamativos me parecen son los siguientes: el 90.9% de los encuestados rechazan el juega vivo (¿quie n entonces lo practica?); el 83.6% afirma que la familia panamen a se debilita (¿podra alguien hacerse responsable de una familia si en su vida se hizo responsable de la tarea escolar que siempre hicieron papa y mama ?); el 42.7% se siente seguro en el hogar (¿y por que tanta verjas y barrotes en los hogares?); 55.4% considera que la impresio n que se llevan los turistas de nosotros es buena (¿a pesar de los diablos rojos?); el 92.2% no cree que la justicia es igual para todos (¿puede haber justicia en un paí s manchado por el juega vivo que pocos confiesan defender?); 74.2% tiene la percepcio n de que el paí s no tiene rumbo (¿o la corrupcio n y el nepotismo y la injusticia son nuestro rumbo?).

El 50.8% de los entrevistados cree que la calidad de vida empeora con cada generacio n de panamen os y el 47.0% cree que su situacio n econo mica dentro de un an o estara peor. Pero, el 29.9% se gastan todos sus ingresos mensuales y el 29.5% ma s de sus ingresos mensuales (¿se puede no empeorar con esos ha bitos suicidas?);

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el 59.4% cree que el costo de la vida se ha incrementado y el 56.5% no tiene una cuenta de ahorros activa. (Permí tanme una ane cdota: voy a la tienda y una amiga me pide un balboa para poner la olla al mediodí a, se lo doy y lo primero que hace es comprarse una soda para beberla, mientras pensaba en que gastar los 75 centavos restantes. ¿Eso no es suicidio?).

El 61.3% creen que el aborto es una decisio n personal, sin embargo, el 89.4% esta en desacuerdo con el aborto (pero y entonces, ¿por fin?); el 60.4% considera que la iglesia cato lica debe cambiar de postura frente al uso de anticonceptivos, pero el 58.5% afirma que la eleccio n a papa del cardenal Ratzinger, es lo mejor que le ha podido pasar a la iglesia cato lica (¿habra n escuchado hablar sobre el tema a Benedicto XVI?) ¿Sera que lo panamen o es lo ambiguo? Puede ser, quiza s como ya cumplimos la consigna de la soberaní a, hoy somos muchos ma s ambiguos. ¿Y la democracia?

La democracia, ¿un proyecto? Durante el final del siglo XX, la polarizacio n social imperante dificulto distinguir que soberaní a y democracia eran las dos caras de esa moneda llamada Panama . No es hasta 1999, cuando el ce lebre dirigente comunista Rube n Darí o Souza, afirmo que la consigna de la soberaní a nacional habí a sido cumplida y que ahora nos veí amos abocados a democratizar el paí s. Pero, ¿que

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significa eso?

No podemos contentarnos con el mero ejercicio del voto en las elecciones. Reducir la democracia a ese evento es perpetuar la

«partidocracia». Ma s bien tenemos que orientarnos hacia la participacio n activa. El ciudadano de a pie, o bien dice adio s a la polí tica en manos de profesionales, o se resigna a seguir con los lamentos.

Hoy es tiempo de exigirnos una e tica democra tica. Y practicarla. Esa e tica consiste ba sicamente en conocer nuestros derechos y respetar los ajenos. Tambie n en pensar y actuar democra ticamente, tanto en lo privado como en lo pu blico.

La autonomí a de pensamiento, el dia logo y la capacidad de calzarse con los zapatos del otro y la institucionalidad de las relaciones con el estado, son algunas de las concepciones esenciales para vivir en democracia. No podemos olvidar las bu squedas de la igualdad, la justicia, la fraternidad, la paz, la legalidad, la verdad y la libertad para todos. Por supuesto, las discusiones y debates de altura siempre sera n un buen to nico para la salud de la democracia.

Podrí amos decir que la identidad es la apropiacio n, designacio n o imposicio n de una definicio n o significado a un objeto o sujeto.

Dicha accio n, definitivamente, es un ejercicio de

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poder y ma s cuando posteriormente, se hace lo necesario para conservar la tipificacio n alcanzada o impuesta. Pareciera que el poder es esencial para la identificacio n propia o ajena.

Gran parte de la actividad humana consiste en construir y deconstruir identidades, es decir, ejercer poder o resistirlo. Por ejemplo, generaciones de panamen os crecimos llamando chocoes a los indí genas habitantes del Darie n y el Bayano; dicha nominacio n deriva del nombre de la regio n colindante a la frontera colombiana.

Pero resulta que chocoes es un conjunto de pueblos, donde el ma s representativo es el embera . Chocoes fue una imposicio n, embera una resistencia.

La identidad es ba sica en las relaciones entre los humanos. Es imposible no tener identidad. A lo sumo se puede no tener conciencia de ella. El e xito de los imperios, como el persa por ejemplo (jaja), consiste en que sus subyugados no la alcancen de forma auto noma sino, de aquella manera que mejor responda a sus intereses. Así los vasallos no poseen el mo vil fundamental para la disputa del poder.

Así ocurre en nuestro paí s con la supuesta disputa entre la Leyenda Negra: ¡Panama es un invento de Teddy Roosvelt! Y la Leyenda Dorada:

«Los pro ceres procedieron so lo por motivos patrio ticos». Al final, ambas desconocen el papel histo rico de los patriotas istmen os del arrabal.

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Ya van muchos an os en eterno vaive n entre esas dos leyendas. ¿Tenemos identidad? ¿No la tenemos? ¿Nos la impusieron? ¿La encontramos?

¿Au n no la entendemos? Creo que la posible solucio n a tal discusio n puede ser la siguiente:

Despertarnos una de estas man anas, mirarnos al espejo y simplemente decirnos: «Somos panamen os y punto».

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Del lado de la gente o del poder

«Duele decirlo, pero la verdad de las cosas es que lamentablemente, la mayor parte de los intelectuales permanece en silencio ante los desplantes del poder, dedicado cada quien, a sus propios asuntos, metido en su torre de marfil, temeroso o indiferente. Es cuando el reino de la impunidad se instala, se consolida y, lentamente o de golpe, termina por regir imperturbable el destino de los pueblos».

Enrique Jaramillo Levy

No es necesario vivir en la e poca de las Guerras Bolivarianas para atreverse a desnudar la realidad, revelarse contra los opresores y construir el futuro. Aquí y ahora podemos tomar posiciones y ver el mundo con los ojos del poder o los ojos de los sometidos, incluyendo a los que ni saben de su subyugacio n y a los ilusos que se creen miembros del club de los subyugantes.

No hay que pertenecer a una clase social para interpretar la vida desde dicho estrato. No hay que ser multimillonario para pretender ver el mundo con los ojos de Bill Gates. Ayer casualmente, escuche en el bus parte de una conversacio n entre dos empleados bancarios que termino así : lo que pasa es que fulanito creyo que trabajaba con el banco y olvido que

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trabajaba para el banco. Imagino que fulanito fue despedido del banco.

Cada vez ma s parece que los intelectuales y los ciudadanos de a pie se inclinan a desechar, por razones este ticas y no e ticas, las opiniones que se puedan generar a partir de la vivencia de los dominados. Los pobres por feos no tienen derecho a opinar. ¿Co mo iba la cancio n de Ismael Rivera? ¿A quie n fue que mataron? ¿Lo recuerdas? ¡Al negro bembo n!

Resulta que el 20% de la humanidad no so lo es duen a de la riqueza, sino de la razo n y la belleza, y el 80% restante no so lo es pobre, sino que es irracional y horrible. Por lo tanto, es de mal gusto manifestar cualquier clase de preocupacio n por esos Cinco mil ochocientos millones (5,800,000,000) de seres humanos.

¿Por que puede estar ocurriendo este terrible descuido? Por respeto a las madres tuve que obligarme a usar terrible y no el calificativo que borre catorce veces de la pantalla y que au n pienso, que describe mejor esta corriente de pensamiento. Pero volvamos al meollo del asunto. ¿Por que negar y hasta tratar de ocultar que 35,000 seres humanos mueren diariamente de hambre y enfermedades no letales? ¿Por que es un tema desagradable? ¿En vez de ocultarlo no es mejor remediarlo? Como que a la intelectualidad mundial le interesan ma s los congresos donde se habla de la pobreza que

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dirigir los recursos a resolverla.

Claro que las expectativas personales son determinantes. ¿Quie n no quiere tener el mejor de los autos? ¿La mansio n ma s grande? ¿Pero a costa de sumergir en la oscuridad a quienes no tienen ninguna posibilidad de comprarlo? Es lo gico que quien aspire a gozar de las comodidades que ofrece el dinero, se identifique con aquellos que lo poseen. Sin embargo, ocurre que la mayorí a de los intelectuales y ciudadanos de a pie, nunca tienen un encuentro cercano del tercer tipo con los aduen ados del poder y acaban sus discursos convertidos en letaní as discriminatorias y gratuitas contra sus iguales.

¿Sera que son falsos profetas en espera de ser redimidos o recogidos por algu n millonario o polí tico prominente?

Ya hay mucha gente viendo el mundo con los ojos del poder, sin pensamientos ni sentimientos propios; mucho menos con identificacio n de clase. Y esa mirada nos tiene hundidos en el desastre. Ya es tiempo de ver el mundo con los ojos de la gente. Pero, hay un maldito… Pero.

Hay que recordar que la pobreza es deformadora, que saca lo peor de los individuos y de los pueblos, que el hambre es un cruel aliciente para el bestialismo. No nos llamemos a engan os, ver el mundo con los ojos de la gente no esta libre de dolores, pero es la u nica forma de acabar con el dolor.

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Reflexiones sueltas en un día de descanso

«El mercado no es invisible (ni su mano ni el resto de su cuerpo): esta muy bien enmascarado, que no es lo mismo...»

Oscar Isaac Mun oz

¿Por que toda palabra puesta en labios del mercado parece escrita sobre la minas del ma s inoxidable y so lido titanio? ¿Por que , aparentemente, ya no ocurre lo mismo al evocar e invocar te rminos y conceptos tales como democracia y revolucio n? ¡Aterrador! ¿Verdad?

Es posible que la respuesta sea algo muy simple. Y en tal simpleza puede residir lo aterrador. Sí . Así es. Por ejemplo, la democracia.

No podemos pensar en una democracia si no existen los demo cratas. Nada ma s imaginemos nuestra sociedad como un conglomerado de ego latras sedientos de poder y hambrientos de riqueza. ¡Ay Dios! ¿No es eso precisamente lo que esta ocurriendo?

¿Y entonces? ¿Quie n podra defendernos?

¿La revolucio n? Quiza s aquí nos topamos con otra ardua simpleza. El marxismo piensa que al cambiar las estructuras sociales e stas modificara n inexorablemente a los humanos,

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convirtie ndolos en el nuevo hombre y la nueva mujer. Pero, ¿cua ntas veces hemos sido testigos de militantes con discursos de fuego llegar a puestos pu blicos y salir de allí con los bolsillos llenos. O lo peor, si el susodicho personaje abandona sus funciones sin haber asaltado el erario pu blico, ¿cua ntas veces hemos dicho a todo pulmo n «ese fulano sí es un soberano idiota»?

Entre las egolatrí as hambrientas y nuestras complicidades hemos tejido la telaran a del desaliento. Entonces, repito, ¿quie n podra defendernos? Creo que para empezar debemos suspender la espera. Nadie vendra a salvarnos.

Si cada uno de nosotros no asume su papel, sea de ciudadano demo crata o ciudadano revolucionario, nos vamos a seguir hundiendo en el pantano. Lo ma s probable es que tal tarea, tenga como premio muchas contrariedades entre la o el ciudadano y la gente que lo rodea.

Mofas. Despidos. Incomprensiones. Es un lí o.

Pero, ¿valdra la pena? Ya llegaron los dí as en que estamos obligados a contestar que sí . De lo contrario, con el cuento del mercado nos van a mercadear.

A ver O scar, dime, ¿Que hacemos para desempantanar a la ciudadaní a panamen a?

David, se dice que para participar socialmente se deben reunir al menos tres condiciones: Se debe querer participar (a mbito

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de la voluntad individual y grupal), se debe poder participar (a mbito de los espacios y oportunidades que el entorno te brinda) y se debe saber participar (a mbito de las capacidades individuales y grupales para que la participacio n sea eficaz).

Iniciativa, organizacio n, educacio n. ¿Las deficiencias de siempre?

Quiza s la deficiencia reside en otro aspecto.

Decí a el siempre recordado Erich Fromm, que la libertad de pensamiento so lo tiene sentido si somos capaces de tener pensamientos propios.

La cosa es que a veces no queremos pensar, o nos convencen de que no es necesario pensar (mucho menos actuar). Son muchas las ilusiones que nos hacen creer que, quienes no participan es porque no quieren. O esta n conformes o son unos vagos. O la peor, creer que no es necesario pensar y actuar.

Familias dificultosas y en dificultades.

Escuelas olvidadas y propagadoras de olvidos.

Medios de comunicacio n sensacionalistas y nada sensacionales...

Así es. Como te decí a. La ciudadaní a es mucha gente. Pensemos en un solo ciudadano.

En una ciudadana. Sus opciones podrí an ser las siguientes: Quiere participar cí vicamente y dar su aporte, no lo dejan, no sabe co mo. Quiere participar, no lo dejan, sabe co mo. Quiere, lo

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dejan, no sabe co mo. Quiere, lo dejan, sabe co mo. No quiere: Todo lo dema s carece de importancia.

¿En do nde se encontrara el grueso de los panamen os?

Esa es la pregunta, ¿no?

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El mito detrás de la delgada línea roja

«Unos aprenden a fingir que son felices, otros que son profundos».

Fabio Mora bito

Hay una delgada lí nea roja entre la coherencia y su hermana gemela, la incoherencia. ¡Y es tan fa cil cruzar esa raya!

Basta mentir, mentirse e inventarse un mito. Un mito que predique lo noble de nuestros motivos, mientras sepulta bajo muchas libras de palabrerí a nuestras sin razones. Mejor me explico con un ejemplo.

Marcela esta enamorada de Antonio. E ste no le presta ninguna atencio n y cuando lo hace es so lo para ser grosero. Es ma s, en ocasiones se muestra hasta abiertamente hostil. Antonio no le tiene ningu n carin o a Marcela. Sin embargo, sí le atrae Berta. Al inicio, Berta tambie n parecí a inclinarse hacia Antonio. Pero, siempre hay un pero, Marcela ha procurado dejarle muy claro a Berta lo cruel y canalla que puede ser Antonio.

Lo que se ha callado son sus sentimientos por Antonio. E l, por su parte, no ha sido capaz de expresar civilizadamente que como hombre no se siente obligado a conquistar a toda mujer que se le acerca. Y la pobre Berta tomo como propios los absurdos ajenos.

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Los mitos no se quedaron atra s con los griegos. Au n esta n entre nosotros. Y son de uso diario. Con ellos justificamos nuestras debilidades y las disfrazamos de fortalezas.

Nuestros egoí smos los barnizamos con bondades. ¿Acaso no hemos sido testigos de una pelea entre vecinos? ¿De co mo adquiere dimensiones genocidas lo que antes del altercado era un simple desliz?

Los mitos no son parte de nuestra historia antigua. Son capí tulos recientes que sostienen nuestros prejuicios. ¡Y miren sí estamos llenos de ellos! Un mito convertido en justificacio n de una accio n deleznable no tarda en convertirse en dogma. Y una mente llena de mitos transformados en dogmas, me parece que esta bastante lejos de la verdad y debe tener serios problemas diploma ticos con la realidad.

El mito no se quedo en la historia antigua.

Por el contrario, nuestro diario vivir tiene muchos ejemplos de ellos. Tambie n, alguna vez hemos mencionado que el mito lo usamos como justificacio n de nuestras bajezas.

Pero, el mito tiene otra faceta. La de ser meta fora de la alegrí a de vivir. Una manera figurada de hablar de aquellas cosas que, de otra forma, no se pueden explicar en todas sus dimensiones. ¿Que serí a de las declaraciones de amor sin el mito? «Sin ti, el agua tiene sabor a muerte», «Romeo no amo tanto a Julieta como yo

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te amo. Yo no so lo morirí a por ti, tambie n resucitarí a».

¿Co mo valorar un simple plato de arroz con porotos sin un mito? «Hijo come esta comida y sera s tan grande y fuerte como los toros», «Cada frí jol de este plato esta ban ado con el amor que te voy a tener por los pro ximos mil an os».

Todos hemos escuchado esos mitos que llegan hasta un borde de nuestra maltratada alma y nos la rezurcen. Historias, piropos, exageraciones maravillosas con un toque ma gico. Pero, ¿por que no las escuchamos tan a menudo?

Creo que es ma s fa cil inventarse una mentira para dan ar a alguien, que crear un mito que haga florecer la vida de un pro jimo. La creacio n de la magia necesita hadas y magos ingeniosos, esponta neos, imaginativos y dispuestos a ser amigos hasta de los desconocidos. La invencio n de una mentira dan ina so lo requiere unas gotas de mediocridad y un par de verrugas en la nariz.

Ahora bien. Recordar: El mito, aunque positivo, sigue siendo mito. So lo es una razo n para cruzar el horizonte y alcanzar la olla llena de oro, que esta al final del arco iris.

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Del afecto y otras mentiras,

¿mentiras?

«En definitiva, lo que nos ocurre es que no queremos ver lo que es evidente, que el afecto y el cuidado son una misma cosa y no dos hechos separados (uno espiritual y otro material). El afecto, sin el cuidado, la proteccio n y la ensen anza no sirve para nada, es un simple espejismo, un engan o».

M. P. Gonza lez

Hoy dí a podemos, sin ningu n resquemor de errar me dicamente, calificar a la violencia intrafamiliar de epidemia. El nu mero de casos publicitados va en aumento y nada indica que va a ocurrir lo contrario. ¿Que estara pasando?

¡Nada nuevo! Excepto la intervencio n de los medios masivos de comunicacio n social, la violencia a lo interno de la familia siempre ha existido. Antes habí a mayor represio n y el adagio: «los trapos sucios se lavan en casa», imperaba. Entonces, ¿por que , quienes esta n llamados a tenerse afecto, terminan agredie ndose? Esta pregunta esta mejor.

Me parece que todo parte de unas definiciones equivocadas del afecto, el carin o y el amor. Hay muchos mitos alrededor de estos famosos conceptos. Enamorarse, ser simpa tico y

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habilidoso con las palabras, los gestos y en el sexo, tienen tan poco que ver con el afecto; por suerte, si se cumplen previamente otras condiciones, las destrezas mencionadas son el complemento perfecto para el amor. Entie ndase bien, complemento, no nu cleo.

¿Y cua les sera n esas otras condiciones? Son tan simples que es fa cil suponer que son universalmente conocidas, aceptadas y acatadas.

Sin embargo, los hechos parecen apuntar a lo contrario. Nadie que arremete a golpes, fí sicos o sicolo gicos, a otro ser, ama a ese ser. Nadie que descuida a un ser y lo expone a situaciones de riesgo, le tiene carin o a ese ser. Nadie que calla lo que un ser necesita oí r, le tiene afecto a ese ser. Ama quien cuida del ser amado, no aquel a quien le combina la camisa con el color de sus zapatos. En cuidar y proteger esta n el afecto, el carin o y el amor.

En tiempos de la imagen televisada, en tiempos donde ninguno de los personajes de las pelí culas ma s cotizadas puede recibir un tibio abrazo nuestro, en estos tiempos pareciera que así mismo de imposible son las relaciones afectivas que nos tocan vivir. Como que han perdido efectividad.

¿Sera verdadera tal aseveracio n? Desde tiempos inmemorables ha existido una confusio n, a veces leve, a veces grave, entre lo emotivo y lo afectivo. Y como las emociones son

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respuestas temporales a estí mulos que no son eternos, el afecto sufre igual destino:

desaparecer al poco tiempo.

Entonces, ¿el amor no existe? No me atrevo a afirmar tal cosa. He sido testigo de tantos actos de amor, mantenidos a lo largo del tiempo y hasta de la ingratitud, que tiendo a concluir que el amor sí existe. Lo que pasa es que el afecto no es cosa de flojos. Tampoco es una labor de titanes. So lo es de gente comu n y corriente que decidio amar y trabaja para mantener tal decisio n.

Me gustarí a darles un ejemplo. No les voy a hablar de san Francisco de Así s ni de Teresa de Calcuta, tampoco de Gandhi o Luther King. Les voy a hablar de un padrastro, ahora que esta n tan desprestigiados, un hombre que serví a de acudiente a sus dos hijastros. Durante dos an os los acompan o a la escuela, converso con ellos mientras esperaban en el colegio, y estuvo pendiente de su evolucio n acade mica. Por los mismos muchachos comprobe que así mismo era en otros a mbitos; no era tierno, pero podí an contar con e l. El hombre al que me refiero no era psico logo y apenas habí a terminado la educacio n secundaria. Poco antes de la graduacio n de los dos muchachos, me atreví a preguntarle del por que de su dedicacio n. Me contesto : «Eso era parte del paquete de casarme con la mujer que quiero».

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Diálogo con Adriano

«He ahí el u nico compromiso del creador: comunicar este ticamente el dolor, la tragedia, su crisis existencial, pero tambie n la esperanza y la alegrí a de vivir, a los otros, desde su trabajo cotidiano con las formas artí sticas».

Adriano Corrales Arias

Cada campan a electoral que he sufrido, ha consistido en la explotacio n de mi esperanza a beneficio de los candidatos a puestos pu blicos.

Sí , me han prometido cosas que me quede esperando. Esa experiencia, junto a otras que me han ocurrido, me hacen concluir que soy un ser posiblemente ingenuo por necesitar el aliento de las esperanzas. Los seres humanos que conozco, tambie n. Menos mal, porque a pesar de la estafa, eso significa que no soy un marciano.

La esperanza es casi parte de nuestro co digo gene tico. De no ser así , el miedo nos paralizarí a. Pensemos en el simple acto de dormir al final de cada jornada, sin la esperanza de que despertaremos nos serí a imposible conciliar el suen o, o algo peor, cerrarí amos los ojos a la espera de no volver abrirlos nunca ma s.

Vivimos el presente, pero nos anima a vivirlo el saber que hay un man ana.

Pienso entonces que sí todos (hasta los que

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reniegan de ella) tenemos esperanza en algo mejor por venir, todos de alguna manera podemos predicarla y defender la alegrí a de vivir. No hay que ganarse el Premio Nobel de Literatura para levantarse y escribir versos en la propia vida y en la del pro jimo. Versos que al final nos van a justificar la existencia.

Tanto ma s los escritores, intelectuales y promotores de la cultura deberí an comprometerse con no dejar morir a la esperanza. No vaya a ser que ocurra masivamente lo aparecido en una escena de la pelí cula La taberna del infierno (una de las pocas buenas pelí culas que ha hecho Stallone). Allí un personaje habí a pasado tan buena noche, tan alegre y sobre todo tan feliz, que prefirio suicidarse, pues no vio en su futuro otra noche así .

He tenido la suerte de leer y escuchar muchos discursos humanistas. Algunos afirman que nuestra especie es la cu spide de la evolucio n, otros plantean que ya se es persona humana y heredera de Erasmo de Ro tterdam, desde que se unen el espermatozoide y el o vulo.

Hay quienes hablan del hombre como uno ma s entre todos los seres del universo; de un ser con capacidades; de un ser que se construye. No todos estos enfoques son expuestos por humanistas, algunos lo son por engan osos caní bales.

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Estos personajes a los que me refiero, son caní bales simple y llanamente, porque buscan acumular poder para sí mismos; ubicarse en tronos revestidos de redencio n, para desde allí aplastar cra neos y voluntades. Nuestro amigo Adriano nos da algunas pistas para reconocerlos.

Los caní bales no son capaces de reivindicar

«la posibilidad del dia logo personal con el otro, con los dema s». ¿Para que , si ellos poseen la verdad u nica? Tampoco ven con buenos ojos

«promover el desarrollo de una subjetividad crí tica y creadora». ¿Y atentar contra su propio poder? ¡Nunca! Menos van a «enarbolar la humanizacio n del trabajo». Para ellos hay diferencias fundamentales: el trabajo intelectual tiene un alto valor, el trabajo manual so lo es necesario.

«Recuperar nuestros cuerpos como entes soberanos», «destacar nuestra riqueza pluricultural, multie tnica y multilingu e», y

«oponer a la globalizacio n homogeneizante el amor, la amistad, los suen os y la poesí a desde nuestras propias posibilidades creadoras y comunales», son ideas de antemano descartadas por los caní bales. Su quehacer diario así lo confirma. Ahora, si llegamos a identificar a una persona que practique los consejos que nos ha dado nuestro amigo Adriano, estemos atentos a e l, puede que sea un verdadero humanista.

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Mi ropa tiene olor a cariño

«Cada dí a me doy cuenta de hasta que punto me molesta viajar a donde no se me ha perdido nada, a donde no hay nadie que me espere».

Alfredo Bryce Echenique

Despue s de lidiar durante an os con mi vagancia, la inercia, las excusas, el ve rtigo, la misantropí a y el ostracismo auto impuesto.

Despue s de decidirme a salir del zoolo gico y de mudarme al ecosistema.

Despue s de tragarme la ruta del maí z, es decir, la distancia que habita entre la ciudad de Panama y San Salvador (ma s o menos 1,983 kilo metros con 45 milí metros de ida y tambie n de vuelta).

Despue s de convivir con el tiempo sembrado entre las 9:10 a.m. del lunes 10 de enero (de este an o, por supuesto) y las 5:16 p.m.

con 14 segundos del 15 de febrero (tambie n de este an o). O sea, 1 mes con 5 dí as, 9 horas, 6 minutos y 14 segundos. O sea 3,143,174 segundos y unas cuantas fracciones.

Despue s de descubrir mu sculos para mí desconocidos al final de mi espalda.

Despue s de ser esquinado por el primer

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casado, mimado por el segundo gallo pinto, noqueado por la tercera pupusa (la de queso con frijoles), escoltado por un tibio cafecito y un par de copas de vino tinto al tiempo y un trí o de frí as cervezas.

Despue s de ser arrastrado por un clima sico tico arropado por un frente frí o (me mintieron, a mí me dijeron que Centro Ame rica estaba ubicada en el tro pico).

Despue s de ser asaltado y vencido por muchos dedos amistosos (mi mano derecha, de tanto estrechar otras manos derechas, esta llena de huellas dactilares y ahora pesa ma s que mi mano izquierda).

Despue s de recordar los abrazos y verificar que mi ropa tiene olor a carin o.

Despue s de tener presente que fui deslumbrado por muchas sonrisas, tantas que, por la exposicio n a la alegrí a, tuve que ponerme gotas en los ojos.

Despue s de visitar tanto rinco n nunca antes visitado y au n así , ser recibido y esperado (¿o es esperado y recibido?).

Despue s de haber vivido muchos an os desconfiando de la humanidad, los nuevos amigos me derriban el discurso brinda ndome diez toneladas de confianza y, luego de jugar al electricista, quede conectado con nuevos parientes.

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Despue s de emborracharme con la mirada de las amigas (las de los amigos so lo sirven a la hora de pagar las cuentas) y comer, durante 52,386 minutos, tortilla asada y de maí z blanco, regreso a la tierra de la tortilla frita y de maí z amarillo (o sea, a seguir comiendo maí z).

Al fin y al cabo, la deuda externa con pisto o chenche n sigue siendo eterna. Despue s de ver a los zipotes caminar de la mano con sus madres y a los chavalos vender chicles para darle una mano a sus madres, veo ahora a los pelaos lustrar zapatos y extender sus manos manchadas. Tambie n a sus madres.

Despue s de 873 horas de viaje donde morí y resucite con los versos puestos, me pregunto:

¿Maí z blanco versus maí z amarillo o maí z blanco y maí z amarillo? ¿Chavalos contra pelaos o nin os jugando fu tbol a la hora del recreo escolar?

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Palabras en la presentación de mi libro Heurísticas

«Hay una fuerza motriz ma s poderosa que el vapor, la electricidad y la energí a ato mica: la voluntad».

Albert Einstein,

Una vez me leyeron la mano, fue una traviesa monja cato lica, aposto lica y romana;

aunque aquello fue un juego, sus palabras las tome de excusa para vivir como vivo. La religiosa me explico el significado de dos cruces que poseo a ambos lados de una larga lí nea de una de mis manos, la verdad es que no recuerdo cual de las dos; dijo que una representaba mi buena suerte y la otra mi mala suerte, y dado que así se anulaban la una a la otra, el resultado final de mis actos, siempre dependerí a de mi esfuerzo personal. Así que entendí , mejor dicho, comprendí , mucho mejor dicho, supe que soy un hombre desafortunado y tambie n supe que soy un tipo afortunado.

Me explico. Muy temprano en la vida entendí que nada nuevo hay bajo el sol y eso, siendo escritor, me hace muy desafortunado;

tambie n se que soy afortunado, pues he comprendido que para que algo se renueve basta arrojarle miradas nuevas.

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Soy un hombre desafortunado, porque contemplo esta vida de afanes como la inu til persecucio n de los espejismos, la crema y nata de la vanidad de vanidades; sin embargo, soy afortunado, pues se que hay espejismos que se han convertido en so lidas pira mides que desafí an el viento y el tiempo.

Soy desafortunado, no soy millonario y nada indica que lo voy a ser; soy afortunado, eso no me roba la calma.

Soy desafortunado, vivo en un mundo de prohibiciones; soy afortunado, la u nica prohibicio n que acepto es aquella que dice esta prohibido rendirse.

Soy desafortunado, no estoy en el listado del reconocimiento oficial, la ortodoxia no me aplaude ni como escritor ni como docente; soy afortunado, se muy bien que la trascendencia consiste en trascenderse uno mismo. ¡Y a eso me dedico!

Soy desafortunado, trabajo en dos a mbitos (docencia y literatura) donde asumimos como conveniente la extran a costumbre de acartonarnos; soy afortunado, a pesar de mi mismo, sigo siendo de carne y hueso, y me rí o, y me rí o muy fuerte, placer del cual se privan voluntariamente los cartones.

Soy desafortunado, me ha costado dos mundos lidiar con el rechazo de mis pro jimos;

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unas veces lo he provocado, otras so lo he sido castigado por pensar con mi propio cerebro y sentir con mi propio corazo n; soy afortunado pues, a pesar de todo, tengo maravillosos amigos. ¡Y sin dejar de usar mis vitales o rganos!

Soy desafortunado, siento que es muy difí cil ser feliz, tanto que a veces pienso que la felicidad no existe; soy afortunado, se que, si la felicidad no existe, tampoco existe la infelicidad; so lo basta decidir cada man ana entre la felicidad y la infelicidad.

De eso trata este libro, el ma s autobiogra fico de todos, de todas esas leyendas que nos han tejido alrededor de las palabras felicidad e infelicidad. Una vez, mi amiga Katia me dijo, que para casarse so lo habí a que decidirse, ¿no sera que toda la vida simplemente consiste en eso, en decidirse?

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Palabras en Managua

«Co mo coser las heridas sin tocar la carne».

Eugenia Toledo-Keyser

Mi nombre no es Pedro Arias De A vila, no soy el conquistador iracundo, no tengo mis manos manchadas con la sangre de ningu n decapitado. En mi conciencia no pesa el honor vilipendiado de ninguna doncella amancebada.

No defiendo la corona de algu n tirano y tampoco mis labios derraman el espumarajo avaricioso de la intriga.

Mi nombre no es William Walker, no soy el pirata del Vesta intruso y despiadado, mis manos no huelen a la po lvora del paredo n y sus fusilados. Jama s he pretendido marcar con hierro la carne de mi hermano y así convertirlo en mi esclavo. El saqueo no me es un negocio atractivo y bajo ninguna circunstancia sigo los pasos de Henri Morgan.

Mi nombre no es Philippe-Jean Bunau- Varilla, no soy el especulador que oculto sus agiotajes con el olor del champan a, mis manos no jugaron a los naipes con la tragedia de los volcanes. No vendí a la nin a de los peces y las mariposas ni traicione a la hija de Nicarao. No convertí el agua bautismal del San Juan y el

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Chagres en el plasma azuzado de las divisiones.

Mi nombre es David, hijo de Aurora y compadre de Sandra. El que cruza las fronteras inventadas para cobrarnos el peaje de no ser duen os de la tierra. El amigo de Marta, Juan y Henry, los que mudan suen os por hojas de libros. El que admira a los cirujanos literarios Arnulfo, Ezequiel y Marí a Estela. El que comprende que pinol y chicheme, al fin y al cabo, son dos bebidas que se hacen con maí z.

Hoy me encuentro aquí con los pulmones repletos del oxí geno de la amistad, el esto mago colmado de gratitud y el hí gado procesando tanta emocio n. Hoy les traigo mis invenciones, aquellas que me han salvado de la herrumbre de la pereza mental y la desidia del alma. Hoy les traigo mi caminar desde el andar a tientas y por instinto, hasta la pisada firme y oficiosa. Aquí mi mano extendida, mi corazo n abierto y mi libro Heurísticas. Y una pregunta:

¿Sera verdad que en Panama no se lee? ¿O a las ventas del libro le pasa lo mismo que a la venta de zapatos: que somos muy pocos panamen os? Por ejemplo, en Nicaragua, gracias a su poblacio n, hay cinco veces ma s probabilidades de que un libro encuentre lector.

Las alternativas son reducir el nu mero de libros impresos o aumentar la cantidad de lectores. El grupo literario Letras de Fuego (un

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grupo de escritores y escritoras panamen os) ha optado por aumentar la poblacio n de leyentes a trave s del proyecto Siembra de lectores. E ste consiste en formar cí rculos de lectura, que son espacios donde lector y autor interactu an y se benefician mutuamente.

Los literatos de Letras de Fuego tienen la esperanza de que, en dichos cí rculos de lectura, sus participantes sera n grandes lectores y, por ende, promotores de la literatura panamen a.

Dichos cí rculos son organizados en comunidades populares. Especí ficamente, en las bibliotecas pu blicas pertenecientes a la red de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero.

Tambie n es corresponsable la Universidad Interamericana.

El objetivo general de esta iniciativa es el establecimiento de cí rculos de lectura en distintos puntos del paí s, para estimular la organizacio n comunitaria; exaltar valores como la responsabilidad, solidaridad, respeto, compromiso, autoestima y tolerancia; crear conciencia de la responsabilidad, de la formacio n autodidacta; y lograr en los participantes una conciencia ecolo gica a trave s de la lectura.

En su primera etapa, los cí rculos de lectura son subsidiados por los escritores de Letras de Fuego, pero luego han de ser asesorados para que cada centro sea autosostenible y pueda

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generar los recursos que les permitan la futura compra de los libros. Adema s, los miembros de los cí rculos sera n capacitados como promotores y formen otros cí rculos de lectura.

La literatura sera una institucio n nacional en la medida que la conceptualicemos como una esfera donde se integra la sociedad y no una aventura unilateral de los escritores por un lado y los lectores por otro.

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Una conversa con la terquedad

«No se le vaya a ocurrir que me van a vencer, que voy a retroceder, que ya no puedo seguir».

Ignacio Ortega Santizo

No vaya usted a pensar que yo me voy a rendir, porque dejar de luchar es comenzar a morir. Así es mi amigo, he visto a muchos que disimulan su muerte autodenomina ndose pragma ticos. Hay que ser pra ctico compan ero, eso es lo que me dicen, y los escucho, y los veo, y los huelo, y so lo puedo pensar: que muerto esta este discursante.

En esta vida enfrenté la práctica y la teoría.

Es que hay tanto muerto hablando, tanto cada ver que es puro discurso y nada de sonrisas, es que para sonreí r hay que tener razones. Hay que tener acciones.

En esta lucha arriesgué todo lo que yo tenía.

Y hoy muy pocos se arriesgan, y el mundo ya esta harto de tanto discurso de cafeterí a, de tanto impotente que protesta, todo para que nadie cambie; pues so lo es palabrerí a, sin accio n tomada, sin compromiso alguno.

Lo que me queda, daré y aunque me cueste la vida, no me podrán acusar de no hacer lo que debía. Los cada veres no quieren hacer nada,

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tendrí an que resucitar y eso los incomoda.

No vaya usted a pensar que estamos domesticados; que todo esto acabó, que ya estamos derrotados. El mundo espera, au n, a los despeinados que se atreven a correr riesgos, a los que no buscan llenar sus cofres piratas, sino llenar de joyas de marfil las caritas infantiles.

Seguimos con terquedad y se los voy a aclarar: no hay tiempo para temer, no hay tiempo para perder, lucho por mi dignidad, mi patria, mi libertad, no dejaré de pelear. No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no. El mundo tiembla de miedo,

¿do nde esta n los he roes? ¿Bajo que piedra ocultan sus sombras? Olvidan que la muerte sin sigilo se acerca y que cuando llegue no habra excusas.

Los que seguimos la lucha, esta lucha noche y día; estamos contra el Imperio, seguimos en rebeldía. El mundo esta harto de los derechistas y ma s asqueado de los izquierdistas co mplices del imperio. Del imperio que dice que no todos somos iguales, que no tenemos derecho a la oportunidad de vivir como verdaderos seres humanos.

Yo seguiré caminando, no quedaré de rodillas. Los cementerios parlamentarios esta n llenos de rodillas callosas, de lenguas con escamas, de manos ofensivas. So lo los caminantes nos traen la redencio n, so lo los

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caminantes, so lo los que caminan, so lo ellos.

Les juro, sigo luchando por nuestra soberanía: Soberanía total. Y tenemos que ser tercos, y tenemos que ser rebeldes, y que no podemos conformarnos con algo menos que ser duen os de nuestras vidas. La personal, la familiar, la nacional. Soberanos plenos de la vida, de nuestras vidas.

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¿Dónde estás querida esperanza?

«No hay que morirse para conocer el infierno, so lo basta esperar de brazos cruzados…»

Ví ctor Paz

Hoy vengo a hablarte de un nombre de mujer. No, no es Margarita ese nombre. Es esperanza. En 1978, cuando Karol Jo zef Wojtyla asumio el papado grito al mundo: No teman. Y en continentes diferentes y alentados por ideales mucho ma s diferentes, el sindicato SOLIDARIDAD en Polonia y el FRENTE SANDINISTA en Nicaragua, demostraron cua nto se puede cabalgar cuando se esta libre del desasosiego. Hoy, treinta an os ma s tarde, el mundo esta cubierto por la muy perniciosa maleza de la desconfianza. Y en praderas temerosas no crece la esperanza. Ese tema, por razones de mi profesio n docente, me es muy especial. ¿Sin esperanza tiene sentido dedicarse a educar muchachos y muchachas que no esperan nada? La respuesta a la que siempre arribo es un rotundo no. Lo que me conduce a la siguiente pregunta: ¿que hacer? Y la respuesta persistente y permanente es: buscarse problemas. Porque en una sociedad ido latra como la nuestra hablar de esperanza es inco modo e incomodador.

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La esperanza no se encuentra en la euforia que despiertan los í conos iluminados por el tí tulo de PANAMEN O CON E XITO EN EL EXTRANJERO, mucho menos en las promesas hechas al fragor de una campan a polí tica. Vivir con la esperanza de que la clase polí tica va a cambiar de ha bitos y que pronto pondra punto final al despotismo y a la corrupcio n, no so lo es ilusorio, tambie n doloroso. Igual ocurre con todas las dema s fuentes de supuesta esperanza que hay en esta patria; desde el gordo de la loterí a, hasta las ventas multinivel de pastillas para adelgazar. ¿Habra que ponerle apellido a la esperanza? Sí . ¿Cua l? Realista.

La esperanza realista, la que es fruto de la responsabilidad, nace del convencimiento de que los padrinos ma gicos no existen y que eso nos obliga, a ti y a mí , a trabajar, a exigir y a buscarnos problemas con todos aquellos que nos siembran en nuestras almas la semilla del pa nico. Ya te lo dije, eso implica incomodar e incomodarse, y eso vale la pena.

Vale la pena incomodarse por la nin ez y la juventud de este paí s. Si la mitad de la mala fama que le han dado los medios de comunicacio n a los jo venes fuese cierta, ya habrí an dado un golpe de estado, porque permí teme recordarte que la seguridad de este paí s no es muy buena que digamos.

Vale la pena buscarse problemas por las

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mujeres. Haz la prueba, convoca a una reunio n en tu barrio para remediar cualquier problema y la mayorí a de las asistentes sera n ellas. ¿Acaso les sobra el tiempo? No. Si son amas de casa, los platos nunca dejan de ensuciarse y si son trabajadoras tienen que cumplir las mismas horas de trabajo del hombre que no va a la reunio n a la que se le convoca.

Vale la pena buscarse problemas por los padrastros. La disfuncionalidad de las parejas alcanza cifras espantosas y un alto porcentaje de nuestra poblacio n termina siendo criada por padrastros y madrastras. Si no cumpliesen con su papel de atender nin os y nin as que no son de su sangre, la familia panamen a ya hubiese desaparecido. O por lo menos los manicomios estuviesen ma s llenos.

Y lo ma s importante, vale la pena buscarse problemas por ti. Tu corazo n se merece algo ma s que el miedo, tu alma merece rebozar de esperanza. Tu rostro merece despertar cada man ana con ganas de sonreí r y tus pies con ganas de bailar. Así lo creo.

Y porque lo creo te pido disculpas por la pereza de la poetada panamen a. Perdo nanos a nosotros los poetas panamen os por estar, a veces, ma s interesados en vernos el ombligo que en prestar atencio n a tu cara ajada por una mueca de dolor.

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Por eso, termino invita ndote a que te atrevas a dejar atra s los dí as de la stima. ¡No pidas ma s limosnas! ¡Deja de creer ilusamente que sera un cacique o una hechicera quien remediara tus problemas! Ya es tiempo que siembres en tu vida personal, en tu familia y en cada vereda que recorras de esta patria, semillas de esperanza realista; recuerda, esperanza realista es aquella que nace de tu responsabilidad.

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Porque te quiero…

«Si te quiero es porque sos mi amor, mi co mplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho ma s que dos».

Mario Benedetti

Entre nosotros, los seres humanos, hay un afa n que raya en enfermizo por el poseer la razo n; no por encontrarla, sino por tenerla. Así las cosas, las conclusiones pra cticas son bastantes simples: un desprecio campante por las evidencias y, por tanto, una concepcio n ma gica y no realista del universo. ¡Enajenacio n total!

Tambie n, y esto es lo grave, nace una disposicio n permanente al uso de algu n grado de la violencia. Por lo menos, se esta muy dispuesto a justificar los ataques y agresiones que sufran aquellos que nos disputen la posesio n de la razo n.

De allí el racismo, la xenofobia, la intolerancia ideolo gica y religiosa. De allí la peor de todas las violencias: la violencia intrafamiliar, especí ficamente, la violencia contra la mujer, mucho ma s especí ficamente, la violencia contra las esposas, las novias, las compan eras.

¿Y cua l es la razo n que, a punta de trompadas y patadas, defiende el agresor? ¿Y

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cua l es la razo n que la mujer le disputa a su compan ero? Pues una tan simple que asusta:

¡Los hombres se respetan! Y que argumento tan idiota. ¿Por que ? Porque no se fundamenta en la valí a del hombre, sino en la depreciacio n de la mujer.

Tradicionalmente, en el ma s comu n concepto sobre los ge neros de nuestra sociedad, se es hombre porque al lado se tiene a una mujer, y en la ma s enferma de las nociones sociales, un hombre tiene ma s valor en la medida que tiene sometida a una mujer que no vale nada.

¡Y encima se disfraza esa aberracio n con el traje del carin o y del amor! Pienso que en realidad so lo es mera cobardí a el suicidarse despue s de asesinar a la compan era. ¡Miedo! Sí , temor a tener que enfrentar a otros hombres en la ca rcel, hombres que van a estar ma s que dispuestos a infringirle dolor. Hasta ahora no conozco a nadie que le pegue a una mujer que aguante la mano de otro hombre.

Cuando nin o, en mis primeras visitas al me dico y luego de sacarme sangre de las venas, siempre regrese a casa convencido de ser miembro de la realeza. Como la sangre de las venas de todos nosotros es azul, por lo menos oscura, me creí a un hijo de reyes. A propo sito, la sangre de las arterias es roja.

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Con el tiempo comprendí que no soy un prí ncipe, y no tengo ningu n problema de autoestima; simplemente entendí que mis privilegios deben ser fruto de mi trabajo y no del color de mi sangre. Pero, en pleno siglo 21, mucha gente vive creyendo en las castas reales.

Especialmente, muchas mujeres au n creen en los prí ncipes azules. Pienso que esa es la raí z de su complicidad en la violencia familiar. Y es que algu n grado de responsabilidad debe tener una mujer maltratada que es una profesional y tiene autonomí a econo mica.

Los prí ncipes azules no existen. Existen hombres de carne y hueso que pueden ser agresores o protectores de sus compan eras. Es posible que se disfracen, pero puede ser que estos personajes muestran lo que son desde el inicio. El novio que le propine un bofeto n a su novia, de casados le va a dar tres. El novio que se preocupa porque su novia llegue a salvo a casa de sus padres, lo hara tres veces mejor.

Lamentablemente, pocos agresores dejan de serlo y muchos protectores se quitan, en cualquier momento, las pieles de oveja con las cuales escondí an sus cueros de fieros lobos.

Moraleja: nunca cerrar los ojos; el estar enamorada no es a rnica que alivia un dolor en las costillas rotas.

El quererse es de seres vivos. El amarse es de seres que tienen mente. Las rocas no pueden

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suspirar. Los descerebrados no se percatan de sus sentimientos. La vida y la mente son los fundamentos de los amorosos. Alguien que oscile entre el aburrimiento y el estado de coma total, alguien que esta ma s inmo vil que un vegetal no puede amar. El que ama esta vivo y usa su mente.

Aquel que ama y esta vivo desea que su ser amado este vivo. Aquel que ama y tiene mente, desea que su amado tambie n use su mente. Los amantes esta n vivos. Los amantes usan la mente.

Quienes se aman procuran construir juntos una vida. Suen an con ella. Piensan en ella. La buscan y si tienen e xito, la realizan.

Por eso, es totalmente absurdo vivir sumergidos en la violencia fí sica o sicolo gica y, a ese estado aberrante, llamarlo amor. Ese tipo de situaciones so lo se les puede llamar de una forma: enfermedad. Lamentablemente, hay mucho enfermo entre nosotros. Gente descompensada que anhela compensarse con el sufrimiento de quien bien lo quiere.

Cada dí a viene con una o varias oportunidades de usar la mente y construir el amor. Para poder verlas hay que abrir los ojos, escuchar con atencio n, despertarse y despertar al ser amado. Es necesario vivir y vivir es estar despierto cada dí a. Dejar pasar una oportunidad de amar, es anotar pe rdidas en el libro de contabilidad de la vida. Al aprovecharla no hay

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garantí a de triunfo, pero lo intentamos y en los intentos tambie n hay ganancia.

Hoy es el tiempo de amor y lo primero por hacer es no maltratar ni dejar que nos maltraten

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Tiempos para la paz

«Que extraordinario es el tiempo que vivimos. Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crí tica, la ironí a y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructí fero, pren ado».

Rosa Luxemburgo

Hace un par de an os estuve en Guatemala y visite al poeta Otoniel Martí nez. En su casa, inmersos en el frí o tropical chapí n, e l me hablo de las caracterí sticas del sistema maya de resolucio n de conflictos. Por lo general, nuestro racismo conge nito nos inclina a pensar que so lo de Europa vienen las ideas buenas y los me todos convenientes, y despreciamos todo aquello que huela a Abia-Yala, a la Ame rica indí gena. ¡Ni hablar de nuestro componente africano!

Leer el documento confeccionado por Otoniel fue una experiencia con altos niveles de enriquecimiento. Saber y comprender que la solucio n a la violencia que tanto nos aqueja, esta tan cerca, a la distancia de un apreto n de manos, simplemente fue esperanzador. Tome unas breví simas notas que ahora comparto:

El proceso maya para resolver conflictos es reparador. No es un enfrentamiento donde al final, las partes siguen igual de lastimadas. No es

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lucrativo, por lo tanto, quien que sirve de mediador no tiene intere s en favorecer a aquel que pueda ofrecerle la paga ma s alta. Busca el consenso. Acordar en consentimiento de todos los involucrados. Todos tienen un punto de vista y sus razones que deben ser escuchadas y tomadas en cuenta. Sus formas correctivas buscan, ma s que castigar, corregir la situacio n.

Por ende, es flexible. No busca el aplicar a fuerza tal o cual norma, sino el de resolver el problema y que, en la medida de lo posible, no se repita.

No es corrupto. Tiene claro que hay que salvar a la comunidad y no los intereses particulares de un individuo o de un grupo. Respeta a la persona y a la comunidad anhela educarlas y formarlas.

El proceso es histo rico. Siempre tiene presente la identidad comunitaria. Y, sobre todo, es conciliatorio. No hay justicia si el conflicto continu a. ¿Se puede o no resolver conflictos iluminados por estos principios? ¿O so lo son para los incivilizados indios?

Seguimos, ahora toca a los pasos especí ficos de la metodologí a maya.

Presentar el caso. Nombrar a uno o ma s mediadores. Investigar exhaustivamente.

Realizar una asamblea de ventilacio n. Aceptar la culpa o la exculpacio n. Reparar el dan o o la conciliacio n. Y el que me parece el ma s importante de todos: reinsertar a la persona en la comunidad.

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A veces me da por pensar que las novelas de caballerí a esta n muy insertas en nuestra cultura cotidiana, ma s de lo que estamos dispuestos a admitir. La justicia la vemos y la practicamos como una ordalí a, donde el favorecido por la justicia es aquel que pasa una prueba de fuerza. Para eso eran las justas de los caballeros que se lanzaban uno contra el otro, montados en caballos forrados con toda clase de blindajes, armados con una lanza que estallarí a en astillas en el pecho del contrincante o lo derribarí a. Un cuello roto era muy deseado. Si no era así , finalizarí a todo con el filo de las espadas.

Pero, ¿y la razo n del conflicto? Mientras no se logre regresar al infractor a la comunidad, sus motivos para agredir estara n vivitos y coleando.

Hace un par de semanas me tope con un vecino que tení a an os que no veí a. Estuvo ocho an os en la ca rcel. Asesino a otro muchacho que asalto a su madre. Mi vecino era ebanista, así que lo mato con un golpe de grueso madero en el cra neo.

Dije que era ebanista, porque ya no le es. Ese dí a que lo vi se puso a mi disposicio n, ¿para hacer muebles? ¡No! Para asesinar a quien yo desease.

Todo por un mo dico precio. Las razones que lo llevaron a la ca rcel au n estaban allí : la inseguridad de nuestras calles. En la ca rcel La Joya de la Repu blica de Panama recibio el tí tulo de homicida a sueldo. Reinsercio n significa justicia social. ¡Que no se nos olvide!

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Conversando con Lil

«Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposicio n de la mente y no una condicio n de las circunstancias».

John Locke

Buen dí a David. Estos textos tuyos anti consumismo me han herido como certera bala entre mis ojos...

De ninguna forma, mi estimada Lil, mi intencio n fue hacer papel de pistolero...

Se que no es tu intencio n victimizar a nadie y tambie n se que soy una ví ctima de lo que mi papa llamaba «compritis» ...

¡Je je! Muy gracioso te rmino el inventado por tu padre. ¿Que significado podrí amos darle?

¿Inflamacio n en el bolsillo por abuso de visitas a los centros comerciales?

Ahora el gracioso eres tu . Como te iba diciendo, lucho entre mi conciencia socialista y la parte de mi cerebelo que ha sido colonizado por el imperialismo cultural/comercial yanqui globalizado...

¡Guao! Suenas a consigna de manifestacio n...

Pero bien sabes que así son las cosas. Y se

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